sábado, mayo 02, 2009

Miedo Irracional #479: Mi vida es un reality

*Listening: Placebo - Taste in Men*
*Mood: High as a kite*

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Vayamos directo al grano, lo terrible de que tu vida sea un reality à la Truman Show, no está en que todas tus interacciones con el mundo hayan sido manufacturadas por un productor desquiciado –o genial, todo depende de cómo queramos verlo-, ni en que el amor de tu vida hay sido en realidad –en la otra realidad- un actor mal pagado, tratando de encontrar su lugar en el mundo de la actuación (obviamente con un magíster en el arte de la improvisación), no, definitivamente no es eso lo peor que puede suceder.

Pero ¿de qué hablas Narkito, es que acaso perdiste todos los tornillos? ¿Por qué dices que esto no es lo peor?

Porque a pesar de que tu vida fue la actuación/interacción de alguien más contigo sin que tú supieras que las cosas estaban más o menos planeadas, a pesar de que esas vacaciones que la pasaste pésimo en el sur fueron maquinadas y puestas en marcha por alguien más y todo lo que te ha sucedido ha sido un plan para ganar audiencia y subir un par de puntos en el raiting, tú no sabes eso, tú no sabes que tu vida es un reality show, tú no sabes que todo esto fue planeado por alguien más y para ti, el amor de tu vida, fue efectivamente el amor de tu vida, en términos prácticos, la ignorancia es felicidad.

Lo terrible, lo verdaderamente espeluznante, lo que a mi me da miedo -pavor incluso- de que mi vida sea un reality à la Truman Show, es que me vayan a cancelar el programa. Ya sea por caída de raiting, en un intento de renovar la imagen, porque se están saliendo de presupuesto, por la razón que sea, incluso que en un intento por ganar audiencia, me empiecen a matar el cast, eso sí que da miedo.
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martes, marzo 24, 2009

Kiwi 4000-1*

Listening: Spiders scratching the walls, seriously, they want me to tap dance, dude!
Mood: effin' weirdo
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* Kiwi 4000-1 ó cómo funciona mi memoria a corto plazo.


Un martes por la noche a eso de las 22:00 hrs. llego a la cocina con tres palabras en mente: “encontrar el encendedor”. Como era de esperarse, me lanzo inmediatamente a la búsqueda y doy vuelta cielo, mar y tierra tratando de encontrar lo que ando buscando, pero regresemos en el tiempo, desdoblemos el recodo que da a la cocina, desandemos las escaleras y volvamos a la pieza del computador dónde toda esta travesía comienza.

En la pieza del computador, antes de estar en la cocina, antes de siquiera pensar en estar en la cocina, tengo dos ideas en mente: “apagar la luz de afuera” e “ir a buscar confort para mi baño”, ahora, a modo de breve explicación para aquellos que nos visitan desde el extranjero, les cuento que acá en Chile al papel higiénico le decimos confort. Entonces la pregunta es, cómo pasé de “buscar confort” y “apagar luz” a “encontrar el encendedor” en menos de 30 segundos, ¿mmm?.

Excelente pregunta; los ilustro.

Como dije antes, estoy en la pieza del computador, terminando de arreglar mis cosas para la U, en eso, me doy cuenta de que he bajado al primer piso dos veces y las dos veces he olvidado algo, pero qué he olvidado exactamente, la respuesta me elude. No le doy mayor importancia y voy al baño a buscar papel y al llegar allí me acuerdo de dos cosas, la primera es que tengo que ir a buscar confort para mi baño y la segunda es que tengo que tengo que dejar en la cocina la cantidad obscena de tazas sucias que he ido acumulando en mi pieza. Entonces, de vuelta en la pieza del computador, tomo las tazas sucias, me las arreglo para apagar la luz con el pie y me acuerdo de una tercera cosa, la luz de afuera está prendida y debería estar apagada. Entonces, ordeno mis ideas en dos oraciones, la primera, apagar la luz de afuera y la segunda, ir a buscar confort para mi baño. No hay tercera, total, ésta ya está semi-cumplida, pues las tazas ya las tengo en la mano y, aún cuando es posible, es muy poco probable que teniendo las tazas en la mano se me olvide que algo tengo que hacer con ellas.

Sin embargo –porque yo soy yo, no todo podía salir bien a la primera. Aquí viene la parte interesante-, apenas pongo un pie afuera de la pieza del computador tengo dos ideas en mente: (1) apagar luz y (2) buscar confort. Para cuando llego a las escaleras mis ideas están un poco mezcladas: (1) buscar luz y (2) apagar confort. En la segunda mitad de las escaleras mis ideas se convierten en (1) reconfortar la luz y (2) buscar el apagador y entonces, un chispazo de agudeza; “cómo puedo tratar de buscar un apagador”, me digo “no existe tal cosa como un apagador, claramente debo de estar equivocada, lo que tengo que buscar es un encendedor”, entonces tengo dos cosas en mente, (1) encontrar la luz y (2) buscar el encendedor. Ya en el último escalón, justo antes del recodo, me felicito a mí misma y me doy una par de palmaditas en la espalda por ser tan clever; al ocupar dos ideas que apuntan a la misma cosa, lo que estoy haciendo es hacer uso de una redundancia de ideas para que no se me olvide lo que tengo que hacer, porque es obvio que las ideas 1 y 2 son iguales en cuanto a contenido; lo que me obliga a llegar a la única y evidente conclusión, lo que estoy buscando es un encendedor –elemental mi querido Watson-, entonces, cuento corto, entro a la cocina con una sola idea en mente “encontrar el encendedor”, acto seguido, dejo las tazas sucias en el lavaplatos y prendo el hervidor, 5 minutos más tarde salgo de la cocina con una humeante taza de té, total y completamente maravillada conmigo misma porque he hecho exactamente lo que venía a hacer; dejar las tazas sucias y hacerme un té.

PD: Una hora más tarde y dos tazas de té después, bajo al primer piso para hacer mi última ronda antes de acostarme y me doy cuenta de que la luz de afuera está encendida, así que voy hasta el living, apago la luz y en el camino de vuelta paso por el baño de invitados y saco un poco de papel confort para sonarme, que después de todo es lo que he estado tratando de hacer desde las 9 de la noche.


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lunes, marzo 02, 2009

No sé decir adiós (aunque a veces digo hasta luego)

*Listening: Vangelis - La petite fille de la mer*
*Mood: Obsessed*

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No sé si a ustedes les pasa, no sé que tan parecidos o desiguales podamos ser, no sé si sienten la misma debilidad por las letras y una buena intriga como yo, tal vez sí, tal vez no, en todo caso sólo lo mencionaba porque me quiero sentir conectada con alguien que no sea yo misma, después de dos largos meses de vacaciones ya me estoy aburriendo de mi propia voz; no la que reverbera en el aire, si no más bien la que se tira contra las paredes de mi cabeza. En todo caso, eso no es lo que quería decir, no es mi intención hablar de voces dentro o fuera de mi cabeza, aunque las hayan (y muchas), no, yo quiero preguntar si es que a alguien más le pasa lo que me pasa a mí, como dije antes, quiero conectar, quiero saber.

En estos últimos siete días leí cuatro libros pertenecientes a la misma saga, la saga en cuestión no es de importancia, ni tampoco si es que los libros me gustaron o no, lo que importa es si a alguien más le pasa lo mismo que a mí, si alguien más siente una punzada de melancolía cuando llega al final del libro y se da cuenta de que todo ese mundo al que perteneció -al que pertenecí- por una docena de páginas, o por quinientas o por mil, va a desaparecer en el momento exacto que llegamos a la línea final. A mí me pasa que cuando leo me salgo de este mundo, me desconecto; comer, beber, abrigarse, ir al baño, moverse, estirar las piernas; todo eso me parece irrelevante cuando leo, puedo empezar un libro, leer, leer, leer, terminar el libro y recién levantar la cabeza para darme cuenta de que se me pasó la mañana, la tarde y gran parte de la noche, que el día ya está bien entrado en la madrugada y yo todavía sin salir de la cama. Es como mirar por la ventana ver que está de día, agacharse a recoger algo y volver a mirar para encontrarse con la desconcertante sorpresa de que ya es de noche. Cuando vuelvo a este mundo, después de que he pasado por el túnel, por el agujero de gusano en mi camino de vuelta, siempre, siempre, siempre, termino con una puntada de angustia, de melancolía, de tristeza, de duelo en el cuerpo y esa es la parte que me preocupa.

Recuerdo haber leído “La historia interminable” cuando estaba en cuarto básico, me demoré 12 días. ¡12 días!, me parece imposible demorarme hoy 12 días en eso, pero en fin, en ese tiempo mis sesiones de lectura estaban esparcidas en saludables porciones de 2 a 3 horas por día, para así evitar cansar tanto la vista y obligarme a hacer deporte y otras nimiedades; lo que de alguna manera, yo supuse, me prevenía de sumergirme tanto en el mundo del libro que a su vez haría de la separación una experiencia considerablemente menos dolorosa, sin embargo 12 días después, aún cuando la inmersión no fue completa ni tan absorbente como otras veces, recuerdo haber levantado la vista al terminar la última línea y haber pensado “no sé qué hacer con mi vida ahora”. Así nada más, sin adornos, sin quitar ni poner, no sabía qué hacer con mi vida, no sabía a dónde ir después de todo lo que había sucedido.

Recuerdo haber sentido cómo las fibras que me conectaban con Fantasía se iban cortando, se estiraban entre dos mundos que naturalmente no pertenecían –ni pertenecen- juntos y al final con un suave “ploq” la conexión dejaba de existir. En su momento me sentí como un color pálido y sin vida; el amarillo desvanecido que todas las constructoras prefieren a la hora de empapelar, un color sin importancia, que no requiere mayores compromisos, uno más del montón con el que combinan todos, un color con el que sin dudas nadie tendría mayores problemas, un buen color que complementara el escenario de fondo. Y mientras mis ojos reaprendían las curvas y los olores de este mundo, mientras se enfocaban en mis compañeros de curso persiguiéndose por el patio, comprendí que mi relación con la lectura iba a ser una dolorosa y enfermiza, porque no me podía mantener lejos de los libros, ni, cuando irremediablemente tuviese que dejarlos de vuelta en la repisa, la separación me iba a dejar de doler, pues desde la última línea en adelante, todos mis amigos iban a estar del otro lado, en otro mundo, en otra dimensión y eso era una idea que no podía soportar, una idea espeluznante y macabra, algo que me debía esforzar en remediar. Pero todos mis esfuerzos fueron en vano, leer, no leer, leer sólo un poco, leer mucho, olvidarse, recordar, distraerse y concentrarse, todo me parecía dar igual, porque al final, sin importar cuánto lo intentara, podía escuchar como todos los vínculos se iban debilitando hasta romperse con un suave “ploq” como último vestigio de su existencia.

Así que, después de un par de años, comprendí que iba a volver una y otra vez al único lugar dónde sabía que la iba a pasar muy bien, la lectura era… no, es mi droga, es la actividad que me transporta a un mundo en donde mis sentidos van a golpear el tope del éxtasis y atravesar hacia lo más alto sin mayores dificultades, un lugar de emociones intensas y de excesos, un sol que sólo sabe brillar y nunca da un paso atrás. Supe unos 47 libros después de mi pequeña epifanía con “La historia interminable” que no habría forma de escapar y, al mismo tiempo, supe que estaba bien con eso, que estaba de acuerdo, que aceptaba mi destino, aún cuando al terminar el viaje, al llegar a esa infame última línea, iba a haber una caída libre sin red de seguridad hasta aterrizar de vuelta en este mundo sin vida al que pertenecía. La experiencia en sí es como estar medio ciego, ver todo fuera de foco y alegrarse, porque, hasta dónde llega nuestro conocimiento, somos portadores de un par de ojos excelentes, somos los privilegiados de la manada, 20/20 y hasta los astronautas te tienen envidia, pero en cuanto ponemos un pie en el otro extremo del espectro, en cuanto nos despegamos de este mundo que creemos está lleno de vida y color nos damos cuenta de que en realidad vivíamos en un mundo gris y alicaído, y entonces vemos de verdad, recién entonces tenemos los ojos positivamente abiertos, en su plena capacidad de percibir la información de la que dispone, es como mirar a través de un prisma y notar por primera vez en la vida que existe un octavo color al final del arco iris y después, al final de esta apasionante aventura, tener que volver al otro mundo de golpe y porrazo, no importa cuanto nos concentremos aquí, los colores del otro mundo siempre van a ser más brillantes, y aún cuando podamos ver versiones un poco desteñidas del otro mundo, siempre habrá un color que aquí no existe en absoluto.

Había tomado mi decisión y me había resignado a vivir con las consecuencias, y de eso no me arrepiento, no me arrepiento de acompañar a Papelucho en sus aventuras ni de haberme reído en el funeral de Tom Sawyer que al final terminó siendo falso, no me arrepiento de los osos polares adictos al Champagne del Diario Íntimo del Correcaminos, ni de los detalles que bordeaban en lo morboso de las novelas de Val McDermid, Wodehouse se convirtió en un ejemplo a seguir a la hora de buscar risas y Hugh Laurie me sorprendió con su primera y única novela sobre un traficante de armas. No me puedo arrepentir de haber leído lo que he leído, de lo bueno, de lo malo y todo lo que está entre medio, pero sí necesito saber si a alguien más le pasa, si alguien más siente los efectos de la abstinencia, la necesidad física y mental de estar acurrucado en algún lugar con un libro entre los dedos, la familiaridad con la que tratamos a los personajes, las segundas y terceras voces preguntando “¿en qué estaba pensando el autor cuando escribió esto? ¿o es realmente al autor a quién debo culpar? ¿esto es sobre el autor o sobre el personaje?”, y es que, ¿han intentado hacerse las mismas preguntas en una conversación real, cara a cara con el jefe o el profesor de turno o el director de la escuela?.

¿Me entienden? ¿Comprenden lo que quiero decir? ¿Alguna vez se han sentido así? ¿Alguna vez han sentido esas punzadas de angustia o de melancolía o de algo después de terminar un libro? ¿Echan de menos las aventuras, los amigos, los caminos, el sonido de las vestimentas cuando se rozan al caminar por la plaza atestada de personas, todas congregadas para ver el paso de los gitanos y sus inventos?
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viernes, febrero 20, 2009

Todos tenemos habilidades especiales

*Listening: Eddie Vedder - Into the Wild OST*
*Mood: Pissed off*

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Todos tenemos habilidades especiales, unos más otros menos. Algunos tenemos habilidades que compartimos con muchos otros tenemos habilidades que compartimos con pocos, sin embargo, sólo conozco a una persona capaz de obliterar un disco duro en menos de tres intentos y esa persona soy yo.

Aunque ustedes no lo crean, mis queridos lectores, hoy lo hice de nuevo, por enésima vez, he obliterado mi disco duro con la mejor de las intenciones, no tengo ni idea de cómo, pero estoy bien segura del porqué. Como muchas otras mañanas, me levanté, me serví un poco de café con leche y subí a la pieza del computador a empezar mi día; con esto quiero decir: prender el computador, abrir Firefox y revisar mi mail. Acto seguido abrir Google Reader que está siempre atento a los ciento y algo feeds a los que estoy suscrita, revisar mi cuenta de deviantArt y entre medio haber abierto Winamp, cargar la playlist que combine con mis ánimos, abrir μTorrent y empezar a descargar las series que pasaron por USA el día anterior. Suena como mucho que hacer, pero en realidad estamos hablando de un período variable de mínimo 15 minutos y máximo 30, eso es lo que me toma hacer todo lo anterior, sin tener en cuenta, eso sí, cuánto se demoran las descargas en llegar sanas y salvas a mis discos.

Pues bien, hoy el computador se prende, carga la primera pantalla de WinXP, carga la pantalla azul que viene antes de “Bienvenido” y ahí se queda, eternamente congelado en el azul. Es cierto que el azul es mi color favorito, pero esto me pareció simplemente una exageración.

Porque me dio lata pararme y conectar el laptop a Internet, reinicié a mi bicho enfermo con un CD Live de Ubuntu, entré a Internet y empecé el troubleshooting, al parecer todo apuntaba a archivos corruptos de booteo, o una mala configuración de inicio, en cualquier caso había que tratar de iniciar en modo a prueba de fallos antes de hacer cualquier otra cosa y ahí fue dónde el dilema empezó a tomar un mal cariz.

Modo a prueba de fallos trató de cargarse, pero finalmente se congeló para siempre en una pantalla negra con letras blancas. Todos los intentos de reemplazar los archivos de booteo fueron infructíferos, ya sea porque DOS se cargaba pero no respondía como debería, o bien porque los archivos no estaban en las carpetas de siempre y ya como guinda de la torta, porque el sistema insistía en que pusiera un disco en la unidad A, mientras yo le insistía de vuelta que no tengo unidad A. Probé con ambas disqueteras y desconectando los discos duros, para dejar sólo el C conectado y así evitarle confusiones al sistema, pero nada. Al final me aburrí así que metí el CD de Ubuntu, respaldé 8 gigas de información del disco C (que era lo único que me importaba), reinicié, metí un disco de instalación, formateé el disco y preparé para instalar WinXP desde cero, resultado: Narkito 0, PC 1.

Ahora el computador está atascado en un loop eterno de “No se encontró NTLDR” o bien “Presione ENTER para comenzar la instalación”. Como dice condorito, exijo una explicación.


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viernes, febrero 13, 2009

24°C a la sombra

*Listening: Burger Queen en français*
*Mood: Placebo*

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A menudo regreso a ese verano. Tiene que haber sido en el 97 o en el 98; aunque por la cantidad de detalles que tengo en mi mente bien podría haber sido hace siglos. Mi única guía con respecto a la fecha es un computador con ranura para disquetes de 3.5, con Microsoft Word instalado y cien por ciento funcional sobre el escritorio, su escritorio.

Me levantaba todos los días antes de las 8 de la mañana, tomaba desayuno, a veces me duchaba, a veces no, me servía un vaso de jugo y me sentaba frente a un monitor de 800x600 a escribir, a imaginar. Tenía una libreta con tapas de mica verde que me había comprado en el MIM hace un par de meses. Ésta hacía de libreta de apuntes, croquera, diario de vida y muy de vez en cuando posa-vaso.

Me demoré un mes en terminar mi historia, no recuerdo si fue un febrero o un enero, pero sí recuerdo que fue un mes completo trabajando de 8 AM a 6 PM, prácticamente un trabajo de oficina. El manuscrito tenía 80 hojas, la fuente era “Times New Roman” tamaño 12 y las líneas se ordenaban a espacio simple. Justificado. Mi gramática era para dejar perplejo a cualquiera, muy buena para mi edad, pero horrible si tenemos en cuenta a lo que debía apuntar; mi repertorio de signos por ese entonces se afirmaba fuertemente en el uso de comas cada vez que necesitaba respirar y puntos aparte cada vez que me daba la gana, olvídense de los puntos seguidos y otras exquisiteces. La tinta parecía que quemaba el papel y después de un día de arduo trabajo me gustaba pasar mis manos por sobre las páginas recién impresas, las letras levemente en relieve, un leve suspiro de emoción al tiempo que mi piel hacía contacto con el papel, con un mundo totalmente distinto, mejor.

Recuerdo que las piernas se me pegaban a la silla con el sudor y el calor me mantenía en un estado constante de sopor, de semi-inconciencia despierta; un poco como el insomnio de ahora, excepto por la irritabilidad. Era tanto el calor que ni el jugo ni el agua lograban hidratarme lo suficiente, es más, a veces me parecía que todo lo que bebía se evaporaba rápidamente en esa habitación.

Debo de haber estado bajo el cuidado de mi nana de ese entonces, porque no me lo imagino de otra manera, no sé si todos vivíamos en la casa o las relaciones ya se habían empezado a desmoronar, sólo recuerdo ese pantalla en blanco parpadeante y seductora que me llamaba por mi primer nombre y prácticamente me rogaba por que la llenara de letras y ensoñaciones.

Esa fue mi primera historia, la primera terminada, bien terminada. Recuerdo con lujo de detalles la obsesión por repasar una y otra vez los párrafos, la necesidad imperiosa de que las palabras calzaran, de que cada oración tuviese sentido por sí misma. También recuerdo las noches, la impaciencia por dormir, por levantarme, por acabar ponto con la rutina obligada para poder empezar con mi rutina especial. Una surte de angustia opresora como principal motor motivador.

No lo sabía en ese entonces, pero lo sé ahora. Era una manera de escapar, de cerrar el mundo, de acallar las voces, de salir del cuarto y no volver a mirar atrás, de ser la escritora de mi propio destino, de tener el control, al menos una vez; y por un mes, la única deidad de este universo y todos los otros, fui yo.

A menudo vuelvo a ese verano. Al calor sofocante de la pieza del computador. A las paredes verde agua que parecían contaminar con su color todos los rincones de la casa. A las persianas negras que me protegían del sol. A la suave brisa del atardecer que traía consigo el olor del pasto húmedo y de la calle. A los jugos naturales. A los vasos de agua. A mi cuidada perfección a la hora de crear. A la libertad.

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sábado, febrero 07, 2009

STATUS QUO

*Listening: Placebo - Hare Krishna*
*Mood: effin' sleepy*

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Mis vacaciones hasta el momento han sido como haberse quedado atrapado en el tiempo. El tiempo no corre, los no días pasan. Cuando despierto siempre es Domingo y eso está empezando a molestarme. Mi único guía es el sol, pero apenas puede guiarme con respecto a la hora aproximada, nunca con respecto al día aproximado, no sin el equipo adecuado, y eso definitivamente me molesta. No sé cómo he de disfrutar de este perpetuo status quo, que bien podría ser cíclico, pues todo se me mezcla por culpa del insomnio-- que a ratos me hace pensar en la anosmia.

Cuando tienes insomnio nunca sabes si estás completamente dormido o completamente despierto; es de hecho una mezcla de ambos, 50% tradición, 50% innovación. Te echas un trago de Coca-Cola a la boca y terminas con los restos de una manzana en la mano. No todo lo que sube baja, pero si todo lo que baja alguna vez estuvo arriba. Pestañeas y el escenario cambia. Despiertas en lugares a los que juraste nunca regresar y luego despiertas en la incomodidad de tus sábanas haciendo un torniquete a tus extremidades inferiores. La continuidad del tiempo y el espacio no existe cuando no puedes dormir –ni cuando no puedes despertar-, lo que sólo termina exacerbando la situación a medida que los días y las noches se convierten en un solo borrón multicolor, como cuando te las arreglas para abrir los ojos justo en el momento que vas cayendo de tu cama; hay una coherencia escondida en esos patrones, pero los colores y el dolor son demasiado fuertes como para dejarte ver más allá de las fibras extra-durables de tu alfombra.

Así han sido mis vacaciones hasta ahora, un desfile incesante y extenuante de días y noches, de “sís” y “nos” que se tiran de cabeza a la vorágine producida por la detención del tiempo, pues verás, apenas sabes algo de física te enteras sobre la inercia y con un poco de imaginación aplicas el concepto a otras cosas que tal vez antes no sabías exactamente cómo denominar. Pues bien, el tiempo también tiene inercia y es la inercia de su movimiento pausado y constante detenido de golpe la que ha causado la vorágine consumidora y alucinante en la que me encuentro; un vórtex descabellado de incertidumbre que se niega a disminuir la velocidad lo suficiente como para dejarme ver en qué estación estoy. Y ni hablemos de bajar, de detener el tren, de despertar (o finalmente dejar tu cabeza en la almohada, pulsar “off” y dormir).


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miércoles, enero 14, 2009

Dos

*Listening:Luna Sea - Shine*
*Mood: Wired*

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Las primeras palabras coherentes que salieron de su boca cuando nos conocimos fueron: "Si no puedes ser un buen ejemplo, entonces tienes la obligación de ser una terrible advertencia para el resto", y desde ese día que he vivido mi vida al pie de la letra de sus enseñanzas. Lamentablemente nunca he logrado ser un buen ejemplo.

Links: Uno | Dos | Tres

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miércoles, diciembre 31, 2008

Felices Fiestas

*Listening: Caresse sur l'océan - Les Choristes OST*
*Mood: Wired!*


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Y bué, estaba aburrida, no quería estudiar y el dinero no crece en los árboles, resultado, una video-tarjeta para ustedes en estas fiestas.



Con mucho cariño y amor,
Narkito.

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sábado, noviembre 22, 2008

Estamos trabajando para usted

*Listening: Depeche Mode - John the Revelator*
*Mood: Sleepy, sleepy, sleepy... TIRED*

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Estoy haciendo cambios, mi manera de escribir ha cambiado, la periocicidad con que lo hago también y me dije, porqué no cambiar también un poco las apariencias, así que me dejé de complicar la vida con el HTML y me cambié al WYSIWYG, veamos cómo em va y cuánto tiempo duro antes de volverme loca con la inflexibilidad de las opciones.

Gracias por seguir en sintonía.

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martes, noviembre 18, 2008

Uno

*Listening: Low - Cue the strings*
*Mood: Allergik o.O!*


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Siempre tuvimos una buena relación con mi hermano, especialmente los domingos, cuando las arañas se le subían a la cama y yo les daba de escobazos para bajarlas. A veces íbamos al río a mojarnos los pies o a pescar, o ambas. Y los martes íbamos a buscar el correo al centro, esa era nuestra rutina y nos gustaba.

Todo iba bien, hasta que un día las arañas se le subieron a la cabeza y lo único que pude encontrar para ahuyentarlas fue el revólver de mi papá. Hasta el día de hoy me recrimina por la oreja que le falta, pero eso sí, de las arañas nunca más volvimos a saber.

Links: Uno | Dos | Tres

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