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domingo, junio 01, 2014

Querido Diario #1

Querido Diario:

Hoy fui al supermercado, hacía frío y tal como sucede con otros apéndices externos del cuerpo cuando hace frío cuando se les golpea o sobreestimula, me dolía más que de costumbre escuchar sonidos, ni siquiera ruido, si no que sonidos hechos y derechos. Un niño gritaba en el último pasillo y se arrastraba por el piso con un juguete en la mano. Compré lo que tenía que comprar, lo llevé a la caja y al mismo tiempo que era mi turno para que me atendieran, el niño de los chillidos se puso a gritar detrás de mí, alcancé a escuchar a su padre que algo le decía sobre estar callado en espacios públicos, sin efecto alguno, por supuesto, cuando de pronto siento un empujón a la altura del codo y el chiquillo pasa por mi lado, todavía gritando. Le hice una zancadilla. Fue una buena zancadilla, fue sutil, cuidadosa y secreta. El chico alcanzó a dar otro paso, aunque con menos equilibrio, trastabilló y cayó estrepitosamente. No me arrepiento de nada. Ni siquiera me arrepentiré cuando me alcance el karma el día de mañana.

//Fin entrada ficticia de un diario muy real

miércoles, mayo 14, 2014

Desafío de los 15 - Día 2

Cuéntanos sobre algún personaje que haya perdido algo importante para él/ella.
Está llegando a los treinta, pero aún no piensa que eso sea posible, se ve menor, mucho menor, no por fuera, pero por dentro, por donde importa... o por lo menos por donde cree que importa. Tiene una peca en la nariz, la única. Y una sonrisa que te hace sentir como que la realidad destella a tu alrededor. Su pelo es oscuro, café, común.

Usa un morral que se cae a pedazos, que ha sido cosido y remendado tantas veces que dudo algo de éste sea parte del original. A veces tartamudea cuando habla, cuando le entran los nervios. Tiene manerismos varios, desagradables, la mayoría, otros no tanto. La mala costumbre de fumar, a pesar de que ya pasó de moda, la gente de su edad ya no fuma, pertenece a la última generación en la que era cool hacerse añicos los pulmones; más si tienes la voz ronca y gastada para demostrarlo.

No tuvo excelentes notas, pero sí excepcional obediencia, al menos en la superficie. Obediencia al sistema, a los que están en mando, a los que te moldean. Esta predisposición consciente a la maleabilidad fue su muestra más clara de la rígida disciplina que aplicó a su vida. Le dio estabilidad, credibilidad, una red de apoyo sobre la cual sostenerse.

Últimamente no le interesa la subordinación dócil, le interesa más las posibilidades que pueda llegar a tener su vida. Le interesan los caminos no seguidos, las alternativas, los que-serán, los que-hubieran-sido.

domingo, abril 20, 2014

Un desfío de 15 días

Me entró la locura del que no hace nada, o en realidad del que no hace mucho durante el día, así que me propuse un desafío escritor. Anduve vitrineando por la red, buscando alguno que ya estuviese definido, probado, testeado, que haya arrojado irrisorios resultados... pero ninguno me convenció, así que voy a compilar una lista día a día de 15 retos de escritura que voy a ir cumpliendo, cuando pueda, cuando me acuerde, así que olvídese de que van a ser 15 días consecutivos, pero quédese con la idea de que serán 2 semanas y un día, como una sentencia penitenciaria bien corta, que sólo cubre el papeleo.

Les dejo los 5 primeros retos que rescaté de otros retos por la web:
  1. Elige un libro al azar dentro de la habitación en la que te encuentras leyendo esto, copia la última oración que aparezca al final del escrito y utilízala como la primera oración de una nueva historia escrita por ti. 
  2. Cuéntanos sobre algún personaje que haya perdido algo importante para él/ella. 
  3. Escribe sobre un sueño o pesadilla que hayas tenido en un cuento corto.
  4. Escribe una historia o un pequeño fragmento que incluya la siguiente línea: "Lo sentimos, pero no l@ podemos asegurar para un viaje de este tipo". 
  5. Tema: Agua (Escribe lo que sea que te venga a la mente que involucre agua).
Y con esto, nos vemos mañana con el primer desafío. 

viernes, julio 22, 2011

Presunta Desgracia

*Listening: The Strokes - Razorblade*
*Mood: Sleepy*


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Buscando un cuento corto que dejé a medio terminar el verano pasado, me encontré con otro cuento que dejé botado casi un año atrás; Presunta Desgracia. Por pura nostalgia lo voy a dejar colgado acá con TODOS los derechos reservados, por si acaso algún día me dan ganas de retomarlo.

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PRESUNTA DESGRACIA

  Día Uno

Salimos temprano, como siempre. Dijimos todo los que nos teníamos que decir y partimos cada uno a nuestros respectivos destinos. Clases para mí, dios sabe qué para él, será mi hermano, pero eso no significa que necesariamente me cuenta todo lo que sucede en su vida, no que su vida sea tan emocionante en todo caso.

Me mandó un mensaje a las 16:40 (eso aparece en mi celular) en el cual me decía que trabajar en McDonald's era lo más aburrido del mundo, y que se había quemado con la freidora, otra vez.

Le dije todo esto a la policía al final del día, cuando mi hermano "olvidó" pasar a buscarme, "olvidó" llamar para avisar que llegaba tarde,"olvidó" llegar a casa.

Vinieron en patrulla dos oficiales a tomar mi declaración. Entraron con los zapatos sucios y hablaron primero con mi tía. Ella está cuidando de nosotros hasta que llegue la mamá y el papá del extranjero, que por el momento están inubicables hasta que el crucero toque tierra firme o el satélite pase por encima de ellos, lo que pase primero.


  Día Dos

Pasé al menos cuatro horas en la comisaría hoy, muchas personas hablaron conmigo y describí al menos 30 veces cómo es mi hermano, Elías, qué ropa tenía puesta y para dónde iba cuando lo vi por última vez. Cuando lo vi por última vez, he aquí una oración que no quiero volver a repetir jamás en mi vida.

Todos me trataron como si fuera tonta; eso fue extremadamente frustrante, pero mi tía dice que a veces es necesario aguantar por un bien mayor, en este caso Elías.


  Día Dos, 15:12 hrs.

Llegó el Detective que está a cargo de la investigación e instaló a todo su escuadrón en el comedor, así que estamos usando la cocina para todas nuestras comidas. Me cuesta comer ahí, no hay suficiente amarillo en las paredes para poder comer ahí. Me gustaría que Elías estuviese aquí, él haría algo al respecto.

Por otra parte, el Detective Álvarez dijo que había hablado con todos los amigos de Elías y que ya había algunas pistas. Mi tía dice que Carabineros no se está moviendo mucho porque Elías es mayor de edad, y todo es distinto cuando se es mayor de edad. Yo no lo creo mucho, tengo 17 y seré mayor de edad en exactamente un mes. Teniendo en cuenta cuánto he cambiado en los últimos 30 días, creo que es imposible que todo sea distinto para cuando sea mayor de edad.

Todavía no sabemos nada de mamá y papá. Según el itinerario, el crucero debería pasar por Ciudad del Cabo pasado mañana, tal vez allí podamos comunicarnos con ellos, por el momento nada es seguro.


  Día tres

Voy a empezar a hacer una lista de todas las cosas que han sucedido hasta hoy, quiero contarle todo a Elías cuando vuelva, no quiero que se me olvide nada, especialmente las situaciones que pseudo-irreales que se han dado.

1.- La policía cree que alguien de la familia secuestró a Elías para (elegir uno):
     a.- Chantajear al papá
     b.- Chantajear a la mamá
     c.- Pedir recompensa (esta es la menos probable, porque nadie ha llamado todavía)

2.- La policía cree que alguien secuestró a Elías porque (elegir uno):
    a.- Le debía plata a alguien por asuntos de drogas
    b.- Se vio envuelto en un lío de drogas
    c.- Necesitan dinero y quieren pedir recompensa (sigue siendo la menos probable por la misma razón de arriba)
3.- Los detectives han hecho llorar más de cinco veces a mi tía haciéndole preguntas sobre Elías, sobre los amigos y posibles comportamientos y pensamientos suicidas. La señora que viene a limpiar los Jueves (o sea hoy) dice que eso se llama "ser un desatinado", lo que yo creo que quiere decir es que le falta tacto, pero, honestamente, ¿no nos falta un poco de tacto a todos en algún momento?.

4.- Me interrogaron con mi tía presente y me preguntaron de nuevo las mismas cosas una y otra vez, hasta que me agoté tanto que me tuve que parar y salir de la habitación.

5.- Le pregunté a mi tía si ya podía volver a clases y ella dijo que si quería podía ir mañana y ver qué tal me resultaba eso. Yo le dije que sí, que quería, lo que pasa es que me aburro mucho en casa, especialmente si no está Elías. No tengo con quién conversar si no está él.


  Día Cuatro

El Detective Álvarez, anunció hoy a las 7:25 hrs. que había una nueva pista, aparentemente habrían encontrado la mochila de mi hermano, con billetera adentro, identificaciones, dinero y todo; entre los matorrales, cerca de un estero. No alcancé a escuchar si es que lo iban a dar por ahogado y dragar el estero o no, porque me tuve que ir a clases.

En el colegio algunos ya sabían lo que pasó con mi hermano y luego todos se enteraron y me acribillaron a preguntas. Traté de responder lo mejor que pude. Pero el problema es que no tengo todas las respuestas, cuando me preguntan "Camila, ¿dónde está tu hermano?", lo único que puedo responder es "no sé".



  Día Cuatro, 16:47 hrs.

La mamá y el papá vienen en camino de regreso. El papá trató de hablar conmigo por teléfono, pero la conexión se echó a perder justo cuando tomé el teléfono yo y él no me escuchaba casi nada. Dijo que me iba a llamar apenas llegara al próximo aeropuerto civilizado, no sé qué quiso decir con eso, si es un aeropuerto con líneas telefónicas ya es lo suficientemente moderno como para ser llamado civilizado, al menos eso creo yo, pero lo que papá cree y lo que creo yo, son cosas muy distintas.

En la tarde vino mi abuela y mi tío Fernando a ver a mi tía y a mí. Mi tío siempre me trae dulces cuando viene, hoy lo olvidó. Me preguntó si lo perdonaba, pero no supe qué responder, no estoy segura si no traer un regalo es algo que se deba perdonar. Como me quedé callada me dijo que después de once podíamos ir a comparar al supermercado si quería y luego me abrazó.

Me pasé el resto de la tarde buscando mi lápiz verde de tinta, el 0.7, no el 0.9. Necesito el 0.7 para hacer mi tarea. Ojalá que Elías no me lo haya sacado, no creo que vaya a recuperar ese lápiz muy pronto.


  Día Cinco

Desperté temprano hoy, así que seguí buscando mi lápiz, pero sólo hasta las 8:30, porque a las 8:30 tomo desayuno.

Ahora que la noticia salió en TV el teléfono suena a cada rato y es más que nada gente que no conozco, por suerte a las 10:22 el papá se logró comunicar. Me preguntó cómo estaba y yo le dije que bien, pero que me había perdido 2 días completos de clases. Él me dijo que no importaba, que después me podía conseguir los apuntes y que podíamos repasar juntos si era necesario. Le pregunté sobre el viaje y me dijo que por el momento todo bien, que mamá me mandaba cariños, pero que no podía hablar ahora pues estaba arreglando un problema con los pasajes, además se disculpó por no haber podido llamar cuando habíamos quedado de acuerdo, que por el momento podía esperar a su regreso el Domingo a las 6 AM, aproximadamente. Me preguntó quién más había estado en la casa y yo le dije. Después se despidió y colgó, estaban llamando a abordar el avión.


  Día Cinco, 13:30 hrs.

Estábamos por comenzar a almorzar cuando sonó el teléfono y el equipo del Detective Álvarez contestó, eso es parte de su trabajo desde el día dos.

Aparentemente sí es un secuestro, pero parece que algo salió mal -por lo que entendí-, el problema es que no sé qué salió mal, porque el Detective y mi tía llevaron su conversación a otra habitación. Cuando mi tía regresó, se sentó a la mesa y me preguntó si había encontrado mi lápiz verde. La verdad es que se me había olvidado que lo estaba buscando, así que le respondí que no, pero que lo buscaría más tarde, después de que terminara de leer el libro para Lenguaje.

Estamos leyendo Retrato en Sepia de Isabel Allende. No me gusta mucho y no entiendo casi nada de lo que leo, pero no importa, porque a pesar de que la prueba es de comprensión de lectura, sólo nos preguntan detalles de lo que leímos, para eso no hay que entender, basta con conocer los detalles y eso me sienta bien, tengo buena memoria para los detalles.


  Día Seis, 6:00 hrs.

Fiel a su predicción, mamá y papá han llegado a las 6 AM en punto a casa.




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sábado, enero 09, 2010

.3

*Listening: Jace Everett - Bad Things*
*Mood: So effing tired*

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Levantaron altares para demostrar su devoción al Gran Escarabajo de la Vida. Sacrificaron vírgenes en lo alto de la montaña. En su honor bailaron días y noches bajo la divina sombra de su presencia. Ante el éxtasis de su esplendor se reprodujeron. Y bailaron un poco más.

Links: Uno | Dos | Tres

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miércoles, enero 14, 2009

Dos

*Listening:Luna Sea - Shine*
*Mood: Wired*

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Las primeras palabras coherentes que salieron de su boca cuando nos conocimos fueron: "Si no puedes ser un buen ejemplo, entonces tienes la obligación de ser una terrible advertencia para el resto", y desde ese día que he vivido mi vida al pie de la letra de sus enseñanzas. Lamentablemente nunca he logrado ser un buen ejemplo.

Links: Uno | Dos | Tres

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martes, noviembre 18, 2008

Uno

*Listening: Low - Cue the strings*
*Mood: Allergik o.O!*


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Siempre tuvimos una buena relación con mi hermano, especialmente los domingos, cuando las arañas se le subían a la cama y yo les daba de escobazos para bajarlas. A veces íbamos al río a mojarnos los pies o a pescar, o ambas. Y los martes íbamos a buscar el correo al centro, esa era nuestra rutina y nos gustaba.

Todo iba bien, hasta que un día las arañas se le subieron a la cabeza y lo único que pude encontrar para ahuyentarlas fue el revólver de mi papá. Hasta el día de hoy me recrimina por la oreja que le falta, pero eso sí, de las arañas nunca más volvimos a saber.

Links: Uno | Dos | Tres

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sábado, junio 28, 2008

Testigo Omnisciente

*Listening: Some random white noise*
*Mood: Stoned*


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El teclado alineado con las vetas de la madera. La pantalla inclinada apenas cinco grados. El Mouse conectado y siempre a la derecha. Un lápiz por si acaso, un cuaderno cerca, innumerables CDs repartidos en los casilleros del escritorio y un vaso de agua mineral a temperatura ambiente.

"Me gustaría decir que no siempre fui así, que alguna vez fui mejor, que alguna vez fui feliz".

Un mechón de pelo se desliza frente a su ojo izquierdo. Se lo arregla. Se sube los lentes. Tipea.

"Me gustaría decir que es un mal sueño, que en realidad no me siento tan vacío, que en realidad no estoy vacío, que hay algo más grande que mi persona, que no estoy solo".

Se detiene, piensa, se rasca el hombro, parece incómodo. Se estira el cuello de la camisa y vuelve a poner su cabello a salvo detrás de la oreja.

"Honestamente, no sé como hacerlo y aunque supiera, no sé si sería capaz, nunca me ha gustado el trabajo duro…. Nunca me ha gustado el trabajo, punto".

Se toca los labios, vuelve a considerar lo que está escribiendo. Mueve los labios mientras relee. Levanta la mano derecha y deja sus dedos por sobre la tecla “backspace”, planea borrarlo todo, hacer como que nunca sucedió. Borra un par de líneas, se detiene, busca el mouse, duda. Levanta la vista, mira hacia los lados, toma el vaso de agua, pero no bebe de él. Finalmente se decide: Ctrl + Z, Ctrl + Z, Ctrl + Z.

"Me gustaría poder creer y decir muchas cosas, pero, lamentablemente, querer no es poder; las ecuaciones de la vida son tan fáciles".

Se muerde la uñas. ¿Realmente quiere hacer esto?. No lo sabe, nadie lo sabe, la única persona que puede llegar a saberlo es él, pero se niega a saberlo, se niega a aprender.

"¿Las ecuaciones de la vida son difíciles o soy yo el que se quiere hacer la vida complicada?".

Sus palabras le parecen una pobre fachada, un par de estrofas bien aprendidas que pretenden librarlo de la responsabilidad, de la detestable tarea de tomar conciencia.

"La verdad es que eso tampoco lo sé, me siento perdido dentro de un mapa, que para mi, es peor que estar perdido en un laberinto".

Bebe un sorbo de agua y limpia los cristales de sus lentes. Con una pálida sonrisa en sus labios recuerda un artículo de Wodehouse en el que se hablaba sobre la necesidad de introducir más personajes con gafas en las novelas. Y dice una voz en su cabeza: "Bueno, si estuviesen escribiendo sobre mi, al menos estaría haciendo a alguien feliz". Mientras que otra voz responde: "Eso es asumiendo que alguien quisiese escribir sobre ti". Su sonrisa se vuelve sombría y la mirada se desvía levemente hacia la izquierda, trata de morderse las uñas, pero abruptamente recuerda que está tratando de dejar ese hábito.

"Estar perdido y desorientado en un laberinto me parece tremendamente lógico y racional, un respuesta adecuada a la situación. Perderse dentro de un mapa me parece estúpido e ineficiente; me siento estúpido".

Vuelve a leer las últimas líneas y titubea. Le parece que sus metáforas y analogías no tienen sentido. Se siente doblemente estúpido. Hace el ademán de golpear el escritorio, pero recuerda que su madre está en la otra habitación y le duele la cabeza; no quiere molestar, no quiere ser una carga para los demás. Se detiene. Su puño a unos escasos cinco centímetros del teclado.

"Tal vez ese sea mi mayor problema; sentirme constantemente estúpido. Sentir que sobro en todos lados, sentir, si es que no saber, que soy inútil".

No, no puede seguir haciendo esto. La idea de poner por escrito sus ideas lo asusta, por mucho que duela prefiere este estado de estupor letárgico en el que se mantiene, prefiere bajar a tomar el té con el resto de su familia y simular que no ha pasado nada. Ponerse la máscara de felicidad que le han urgido a moldear y mantenerla firmemente en su lugar. Responder amablemente a las repetitivas preguntas de sus tíos que siempre quieren saber cómo va la escuela y qué tan difíciles son las clases; prefiere darle al menos una razón a sus padres para estar orgullosos: que sepan que su hijo, aún cuando es una malograda imitación de lo que ellos dicen que es, aún es capaz de contestar los más incisivos interrogatorios con un mínimo de cortesía.

Pincha la "equis" en la esquina superior derecha y dice que "No" cuando el programa le pregunta si desea guardar el Documento 1. Se pone de pie, bebe lo que le queda de agua y se sacude la sensación de angustia de encima. "Mañana será otro día y hay que vivirlo con alegría", piensa y siente un pinchazo de nostalgia al pensar de donde viene esa melodía. "Mañana, sí, mañana. Mañana será el día".


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jueves, abril 03, 2008

Concurso "Escritos en servilletas de papel"

*Listening: Jamie Cullum - Twentysomething*
*Mood: Sleeeeeepy*


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Lothar Daisuke, este amigo mío que vive de fantasías policiales y terroristas, me la ganó con el post, pero se los voy a contar de todas maneras, ¡cómo no!. Resulta que ayer en la tarde me enteré de un concurso simpático y geográficamente cercano. En la página CRITICA.CL, en la sección de concursos, dice: Considerando la extendida costumbre de escribir espontáneamente en servilletas de papel , se convoca al Primer Concurso Literario “Escritos en Servilletas de Papel”- 2008.

La convocatoria cierra el sábado 5 de abril, los trabajos que recibiran estímulos estarán decididos para el 10 y el 23 de abril es la ceremonia de premiación en Algarrobo. Son 10 premios destacados y de esos 10 saldrán los tres finalistas que recibirán una estadía en Algarrobo por tres días y un set de libros.

Así que ni tonta ni perezosa le pasé el dato a mi colega y acá estamos. Mi trabajo ya está enviado y el de él está en el proceso de ser fichado, timbrado y maltratado por Correos de Chile.

Y, sin más preámbulos, imitando a mi colega, les dejo mi humilde escrito de apenas 223 palabras.

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Porque te quiero a ti



Te miro a través de las flores falsas y te ves hermosa. ¿Puedo besarte, debería besarte?.

No, no es un sentimiento correcto, es una idea inoportuna; simplemente no somos los amantes apropiados. Me arrepiento, me vuelvo a sentar y te pongo atención. Te vuelvo a mirar desde la fría distancia emocional que se me hace necesaria para conservar la compostura.

Mi sobrino, tu hijo, imita mi odiosa costumbre de jugar con lo que haya en la mesa y pronto termina todo en el suelo. Cenizas y colillas por doquier, ambos -tú y yo- nos agachamos a arreglar el desastre y te vuelvo a mirar. El guardia nos observa y nos hace una seña. El tiempo se acaba y tú ya te vas, me haces cariño en la cabeza y con lágrimas en los ojos agarras a tu hijito y desapareces por la puerta.

Espero al enfermero para volver a mi habitación y planeo lo que voy a escribir más tarde (aún cuando nunca lo hago).


"¿Todo bien?", me pregunta. Me limito a asentir con la cabeza y a reflexionar. Tal vez la próxima semana te bese, tal vez la próxima visita sea mejor.

"Tengo sed"

"Tú siempre tienes sed", me dice y pronto nos perdemos en el laberinto de pasillos que es este lugar. Sí, definitivamente te voy a besar la próxima vez.
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lunes, diciembre 10, 2007

Tiempos afiebrados

*Listening: Donovan - The Season of the Witch*
*Mood: Passive*


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Antes de abrir los ojos podía sentir como el sol me estaba quemando. El sol es mi peor enemigo -lo saben muchos y ahora ustedes también-, porque mi ADN y él no se llevan bien, es mi enemigo porque mi sistema inmunológico se niega a aceptar que el sol es la fuente principal de la energía vital y en vez de vivir en armonía danzan una melodía disonante y ensordecedora.

Me estiré un poco y traté de cerrar las cortinas, para evitar que los rayos UV continuaran su reino de terror en mi piel, no obstante las cortinas ya estaban cerradas, aparentemente no era el sol quien me estaba quemando, no, no señor, eran inmensas lenguas de fuego que con su calor conspicuo me trasladaban a otro mundo. Abrí los ojos y busqué mi reloj: 3:33 AM.

Salí de la cama como pude, estirándome en el proceso, tratando con todas mis fuerzas de empujar el sueño y el cansancio a alguna parte desierta de mi mente. Me acerqué a la ventana un poco más y lo vi: fuego; en la distancia y en la cercanía también. Fuego por todas partes; un hongo tremendo de extinción y muerte, con sus nubes de polvo y radiación que todo lo empalidecían. A lo lejos se escuchaban los llantos ahogados de entes que perdían la batalla y no sin dolor aceptaban su destino, daban un último respiro y desaparecían en un torbellino de cenizas y calor.

El fuego me impresiona y me seduce de tal manera que me es casi imposible mirar en otra dirección, me es imposible de ignorar. Es como esperar a que nadie te esté prestando atención y soplar ligeramente sobre la casa de cartas que alguien irguió con tremenda paciencia y dedicación, aquella fatídica tarde de Abril cuando tenías ocho. O tal vez es más complicado, tal vez es como dar el capirotazo fatal que comienza el efecto dominó en un circulo perfecto y, al mismo tiempo, es peor porque observas con fijación hipnótica como las piezas caen una tras otra, en un compás de ¾ y clave de sol que te resuena las tardes de ocio en casa de la tía Rocío, recuerdas las tardes –venidas e idas- estirado cuan largo eres en la hamaca del patio trasero, mientras tu primo mayor, aquél que no conociste hasta aquél verano, enrolla cigarros con manos expertas y te cuenta como se hace el tabaco de manzana. Mientras las piezas caen y se golpean llenando la habitación de un sonido denso y poco cotidiano descubres con horror que te la destrucción te fascina, te fascina el efecto dominó que acabas de provocar, aún cuando la última pieza en caer seas tú. El fuego me absorbe de tal manera que el tiempo parece arrugarse sobre sí mismo y el mundo se detiene, carbonizado y echando humo, sobre su eje para ponerse en movimiento una vez más, compensando por el tiempo perdido.

El agua sobre el velador hervía y rápidamente se evaporaba. La cama y la cómoda se prendieron en llamas de la nada, como por acto de piroquinesis, al tiempo que las cenizas invadían el lugar y el calor se hacía cada vez más insoportable. Lo primero que me atacó fue el pánico, seguido de cerca por el dolor; el cuerpo se me llenaba de llagas sangrantes e hirvientes y mi sangre caía al suelo en interminables coágulos de pura desesperación. Lo último que recuerdo es la ola de fuego que arrasó lo que quedaba. A 10000 °C, no sobreviven ni las ideas.


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domingo, noviembre 25, 2007

Cosas que pasan

*Listening: Israel Kamakawiwo'ole - Somewhere over the rainbow & What a wonderful world*
*Mood: Happy, yeap, you heard correctly, I said Happy*


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Salió de la nada, simplemente dobló la esquina con ese paso arrogante que siempre lo ha caracterizado y dijo “lamento informar que la escuela se está incendiando”. Todos los presentes nos miramos envueltos en la más profunda confusión, que pronto se convirtió en emoción y finalmente alegría. Aunque claro, la alegría nos duró hasta que nos dimos cuenta de que la escuela que se estaba incendiando no era la nuestra.

Cosas que pasan.


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lunes, septiembre 03, 2007

3

*Listening: Cesaria Evora - Bésame mucho*
*Mood: Tired, more than usual, but what is much anyway *


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La gracia está en que cada historia tiene exactamente 100 palabras, ni una más, ni una menos. Claro, sin contar el título.



Tintinear de vasos

Hay algo perverso en el tintineo de los vasos. Como un pulso que se acelera presa del pánico, del terror ¿a qué?, no lo sé, no es algo me concierna tampoco. A pesar de qué es un miedo sin cara, es contagioso; primero son los vasos los que se mueven involuntariamente dentro de la alacena, luego son las puertas de la despensa y al último, cómo despertando de un profundo estupor, son las ventanas las que se abren y cierran sin mano que las mueva ni viento que las obligue.

De pronto toda la casa parece suspirar una palabra: muerte.



Muertes temporales

“Querer morirse por un par de semanas es la opción más popular”, le respondió el agente, “para eso estoy aquí señora Svensen, para que juntos tomemos la mejor decisión; la que mejor se acomode a sus necesidades”. Sacó una gruesa libreta y un desgastado lápiz del bolsillo.

Ella se acomodó lo mejor que pudo en la silla de su living-comedor, sopesando las ramificaciones de tan “popular” decisión.

Sobre la mesita de centro una pila de folletos que con llamativas frases anunciaban los programas de muertes temporales. La señora Svensen tomó uno de ellos y casualmente preguntó: “¿Aceptan tarjetas de crédito?”.



Errare humanum est

Por la noche, cuando estaba seguro de que todos dormían, se desabotonaba un par de botones de su pijama y se destapaba el hombro izquierdo, la verdad es que no podía verse la cicatriz entre tanta oscuridad, pero se conformaba con tocarla, con acariciarla, con saber que estaba allí. Muchas veces, probablemente demasiadas, le habían dicho que vivir en el pasado era una pérdida de energía.

La verdad es que él ya no sabía cómo explicarlo, no era vivir en el pasado, si no más bien recordarlo. No por nada dicen que quienes olvidan su historia están condenados a repetirla.


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domingo, agosto 12, 2007

Pulso luviolunar

*Listening: Immortality - Vangelis (Alexander OST) *
*Mood: Tired as hell *


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Todos los días, a la misma hora, el mismo número telefónico y la misma voz. Pero yo nunca respondo el teléfono, siempre es ella quien levanta el auricular y se queda en blanco escuchando y asintiendo con la cabeza en una suerte de trance inducido por la mala televisión y esa voz.

Un día nublado y de post-lluvia, me aburro de escuchar el incesante bullicio perforador del teléfono. Me asomo a su pieza y la veo vacía, y quiero decir, realmente vacía, sin cama, sin cortinas, sin velador. Lo único que queda es el teléfono que suena y suena. Decido que no vale la pena y me devuelvo al comedor, a mis revistas y a mis libretas de apuntes.

Otro día, uno en que los árboles se doblan sumisos bajo el iracundo poderío del viento, el teléfono vuelve a interrumpir mi caótica rutina. Pongo el pegamento a un lado y trato de hacer caso omiso al eco. Asomo mi cabeza al comedor y está vacío, no hay sillones, ni alfombra, ni muebles, ni plantas. En la esquina más lejana de la puerta hay marcas de agua en el piso, el único recuerdo de que allí, algún día, hubo maceteros. Y el teléfono suena y suena, pero me rehúso a contestarlo, vuelvo a mi pieza y a mi complejo pasatiempo. Las "íes" y las "erres" están revueltas y el pegamento dado vuelta, me encojo de hombros y comienzo a recortar nuevas "erres".

Después de un mes, cuando el teléfono deja de sonar, me siento mal y me altero. Es en ese momento que mi atención se concentra en el molesto silencio y siento un escalofrío subcutáneo que toma posesión de mi cuerpo por partes; primero los pies, luego las rodillas, los muslos… y así sube y sube hasta despuntar en la nuca. Cuando llega el temido silencio y mi corazón no sabe a qué ceñirse para seguir latiendo, me asomo a la pieza de los cachureos y la encuentro vacía. La bicicleta ha dejado una marca negra en la pared y el contorno de los manubrios está hundido en la pintura. Los viejos libros de matemáticas y álgebra que solían ocupar más de la mitad de las repisas no están por ninguna parte. A simple vista, lo único que queda es el clóset y éste, también está vacío. Miro el piso y noto que está recién encerado. "Se han llevado hasta el polvo", pienso y luego me voy a la cocina a pretender que tengo hambre y quiero comer. Cuando el teléfono suena otra vez me relajo y vuelvo a mis excéntricos pasatiempos.

Para cuando llega el verano me he decidido a contestar el teléfono, pero no ha sonado en semanas, me siento de piernas cruzadas en el centro del comedor, imitando a un maestro de yoga que una vez vi por televisión. Mientras lucho por hacer la posición correcta pienso en las migajas de pan que se están acumulando en la cocina y en si debería o no, barrerlas. Entonces escucho un sonido que se me hace familiar, es intermitente, como un gorgoteo mecánico, me perfora los oídos y al mismo tiempo se acopla con la sístole y diástole de mi corazón. Me paro y me asomo a mi pieza, pero está vacía, no hay cama, no hay alfombra ni lamparita de luz, ni siquiera hay ruido, me asomo al baño y me recibe la cálida luz veraniega que se cuela por la ventana, dos tres o cuatro pasos más y el sonido vuelve. Es el teléfono, me digo, es el teléfono, es la llamada, ¡hay que contestar!.

Entro a su pieza, a la pieza que era de ella cuando existía, y vuelvo a imitar la posición de yoga, ya no me es tan incómoda. Me siento al lado del aparato y lo observo. Una luz roja me avisa que tengo una llamada entrante.

¿Respondo?

Respondo.

Entonces un sonido nuevo me llena de pies a cabeza, un sonido que de alguna manera me resulta familiar, pero sé que no conozco, es un sonido que viene de todos lados y de ninguno al mismo tiempo. Es una voz críptica, profunda, grave, recóndita e insondable.

Una luz dolorosa me enceguece al tiempo que me envuelve, me envuelve en dolor y claridad, en dolor y seguridad, en dolor y serenidad, pero hay otro dolor, uno más terrible y agudo que me obliga a mantener los ojos abiertos, que me obliga a tratar de ver más allá, que me obliga a adivinar formas a partir de colores, que me obliga a adivinar lo que esa difusa mancha verde asemeja en la realidad y de pronto, ya no hay dolor, sólo hay oscuridad.

"Es como si me hubiese ahogado en terciopelo", pienso. "La oscuridad me engulle y me lleva más lejos y más cerca de la nada de lo nunca volveré a estar".

Es una oscuridad acogedora que me soporta y me reconforta, haciendo que el dolor se sienta cada vez más lejano y difícil de recordar, por unos segundos tengo la sensación de que estoy de cabeza, pero en esta oscuridad es difícil saberlo a ciencia cierta.

"¿Ciencia cierta?" me digo, "¿Qué es la ciencia cierta? No es más que un grupo de personas que se han puesto de acuerdo en creer el mismo delirio. Ya no confío en la ciencia".

El terciopelo me acaricia con ahogados susurros, son palabras entrecortadas que no comprendo, que no sé que significan, pero las hago mías, las guardo en algún lugar de mi mente pues sé que esas palabras reflejan lo que soy, en lo que me he convertido y en lo llegaré a ser.

La oscuridad, antes fluida, se va solidificando por partes, un proceso que me hace pensar en coágulos de sangre, en grandes coágulos negros que se hacen más espesos y pesados con el tiempo. La oscuridad me parece más aterradora ahora que toma forma.

El proceso de solidificación se detiene a medio camino y ahora me pierdo en una sustancia pegajosa, no puedo dejar de pensar en coágulos, en grandes coágulos brillantes y ante esta imagen tengo el súbito impulso de nadar, de nadar lejos y con todas mis fuerzas, nadar lejos de esta oscuridad que me agobia.

Mientras nado, un molesto zumbido se instala en mis oídos y hace eco dentro de mi cráneo, rebota de un lado a otro y reverbera contra los lóbulos de mi cerebro, escucho con toda claridad mi pulso y el dub-dub de mi corazón. Del más allá se escapa un gorgoteo mecánico que he aprendido a tolerar. A medida que el zumbido se intensifica, mis párpados pulsan y se retuercen por una razón que sólo ellos conocen, hasta que ya no aguanto más y tengo que cerrar los ojos, tengo que juntar con fuerza mis párpados y dejar que descansen y, al hacerlo, me hago conciente, sin quererlo, de lo cansados que estaban y lo mucho que necesitaban el descanso.

Sin embargo, algo inesperado sucede, las imágenes estallan dentro de mí, se atropellan y fusionan como si se tratase del fondo de una cascada. Los libros, las tuercas, el olor de las antigüedades, el dolor del golpe, la anticipación antes del grito, el júbilo de la victoria, la lección aprendida de la derrota, las rodillas raspadas, el sabor de un dulce, la rojez del rojo, la calidez húmeda de aquel beso, la sorpresa, el llanto, la angustia. De pronto la oscuridad, aunque inmensa e intimidante, me parece un lugar ideal, preferible a las imágenes y los recuerdos. Mi vida se pasea en desorden frente a mis ojos y cada brillo, cada hoja de árbol aplastada contra el pavimento, gatilla otras doscientas decepciones y otras quinientas alegrías hasta que toda mi vida ha sido empaquetada en una sola semilla de maravilla que sostengo entre mis dedos.

De pie en este inmenso aislamiento, me siento apenas un cascarón vacío, un "algo" que carece de esencia, un "algo" que está obligado a contemplarse por el resto de la eternidad con la semilla de su vida entre los dedos y nadie para compartirlo. Nadie a quien entregarle esta semilla, esta pequeñez.

Quiero correr, quiero gritar, quiero llorar, quiero hundirme en mi miseria, pero no puedo, lo único que puedo hacer es observar la semilla y pensar, pensar en las oportunidades que gané y en las que desperdicié, en las personas que amé y aquellas que ni siquiera me importaron, pensar en lo efímero de nuestra existencia, en lo insignificantes que son nuestras victorias y nuestras derrotas, nuestras esperanzas, pasiones y ensoñaciones. De pie en este inmenso lugar, sé que soy un cascarón vacío, un "algo" que carece de esencia. Y en mi condición vacía, dejo caer mi semilla, observándola hasta que se pierde en la oscuridad. Y sigo observando hasta que la oscuridad vuelve a ser un fluido inexplicable, una manta de terciopelo que me engulle y, sin saber cuando ni cómo, estoy cayendo.

El tiempo no me toca, el tiempo me elude o simplemente el tiempo no existe. Después de que un eón ha pasado, dejo de caer y una oscuridad áspera me engulle. Me hundo en una presión sofocante y árida, y allí me quedo, entre paredes arenosas de fuego, hasta que puedo escuchar el primer amanecer, antes de que siquiera existiese una atmósfera. Puedo escuchar como los rayos de sol queman los elementos a su paso y sentir en mi propia piel como los átomos chocan los unos con los otros hasta formar moléculas. Puedo oler los gases confabulándose entre sí. Puedo ver el cielo. Puedo oler las estrellas. Puedo escuchar como la vida crece a todo mi alrededor, pues yo soy la vida y la muerte. Puedo ver todo lo que es, ha sido y será. Puedo ver como los mares suben y bajan hasta encontrar el punto magistral. Puedo sentir, con cada fibra de mi ser, como los millones de colores se van mezclando y fusionando hasta hacer de sí un todo coherente, la brisa entre las ramas, el intenso calor sobre las piedras, la sobrecogedora soledad entre los riscos, la profundidad del abismo, la inmensidad de la noche, la perfección de la creación. Todo en este mundo es perfecto, todo en este mundo está dotado de una infinita hermosura y ha sido creado con un compás complejo, enrevesado, críptico, profundo e insondable, pues la vida es así, compleja y caótica, críptica e insondable.

Me siento escurrir entre piedras y hierbas, siento que fluyo hacia otro lugar y hacia otro tiempo, me siento ir y venir varias veces hasta que mi persona se estabiliza en un constante goteo que termina conmigo sosteniendo mi semilla de maravilla, la cual me recuerda, con cierta calidez, como los girasoles se preparan para el amanecer y como su cuerpo danza al ritmo del pulso luviolunar, el pulso sublime de la vida. Me siento una persona de nuevo, me siento una persona renovada, fina, elegante y hermosa. Siento que mi vida por fin vale algo, siento que mi vida al fin tiene un sentido. Contemplo mi vida bajo una nueva luz.

Una vez más estoy cayendo, pero ahora es lento y certero, ahora sé a dónde voy, miro hacia abajo y aún cuando sólo hay oscuridad, sé que al final de ella se encuentra mi casa, con sus piezas vacías y el teléfono que no para de sonar. No obstante, algo me detiene, es aquel sonido otra vez, ese penetrante gorgoteo mecánico, mas es distinto, su naturaleza es diferente, ha cambiado, ahora es plana y monosilábica, ya no es un gorgoteo, ahora es apenas un pitido agudo que me interrumpe el pensamiento.

Me vuelvo conciente de que tengo los ojos cerrados y lo corrijo inmediatamente. Abro los ojos para encontrarme con que estoy en mi habitación con las luces apagadas. Me doy media vuelta y el pitido monosilábico se pierde en mis recuerdos, entonces, pienso en la semilla y sonrío.

Ella está ahí y me mira con ojos inquisitivos, nos miramos por un rato hasta que ella me hace la pregunta, entonces yo, sin rodeos, le respondo.

"Vi a Dios".

Y pongo mi semilla en sus manos.

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domingo, junio 10, 2007

La rebelión de los juguetes

*Listening: El ventilador del PC... "suave" ^__^' *
*Mood: Tired, sleepy, sick: Triple Pack *


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El otro día me estaba acordando de una nana que tuve hace mucho tiempo, se llamaba (o llama, ya que no sé si está muerta) Nancy. Ella era grande, regordeta y de dedos ásperos, dormía en la que ahora es la pieza del computador y me parece que roncaba, de eso no me acuerdo bien, a veces me parece que sí y otras que no, la memoria tiende a fallarme en estos asuntos.

Un día venía con ella en la micro, camino a casa, no sé de dónde veníamos, ni la hora, ni el año, ni nada más que lo que voy a contar, es más, no voy a contar la historia exactamente como sucedió, si no que como la recuerdo. Y recuerdo que éramos las dos en la micro y era tarde. Yo llevaba un peluche, sí, eso lo sé. El peluche en realidad era un "ella", era un perro, pero con "a" y tenía una rosita de color rosado en la oreja izquierda -hablo en pasado porque sólo Dios sabe donde quedó ese peluche, un día decidió partir, desaparecer, desvanecer, cruzar el río y nunca volver-. Además de ser un "ella" y tener rosado, era un regalo de mi padrino de bautismo, aunque, a pesar del cariño que les tenía a mis padrinos, aquel peluche me desagradaba terriblemente (justamente por ser una "ella" rosada), sin embargo, a pesar del odio mutuo que nos profesábamos (yo sé que me odiaba, lo sé), íbamos dos humanas y el peluche camino a casa, nuestra casa. Teniendo en cuenta cómo he sido siempre de lógica/práctica/obsesiva con estos asuntos, me tinca que salí a la calle con ese peluche porque lo odiaba y, como lo odiaba, si se perdía o se ensuciaba no era grave. En cambio, Copito... Copito era intocable, pero esa es otra historia para otra ocasión.

No sé qué pasó en la micro, recuerdo los asientos de cuero sintético que se pegaban a las piernas, por lo que deduzco que iba con pantalones cortos o, tal vez, era invierno y lo que se me pegaba a las piernas era los pantalones mojados. Independiente de eso, nos bajamos, eso lo recuerdo bien, nos bajamos y caminamos las dos cuadras que nos separaban del hogar y, cuando por fin llegamos y me hube lavado la cara y las manos, vino la terrible angustia de saber que había perdido un objeto. El peluche se me había quedado en la micro, ¡en la micro! ¡Yo!, que casi nunca pierdo cosas en la calle. No obstante, en la casa no estaba, no, se me había quedado allí, en esa lúgubre micro que pasaba a cuadras de mi hogar... o tal vez antes, tal vez el viaje en micro no fue de a tres, tal vez había sido un viaje de a dos, tal vez la pérdida, el extravío, el secuestro, la abdución ¡el rapto!, había sido horas antes, mientras caminábamos por no-sé-dónde..., lo único seguro en ese momento era que había perdido un peluche, un peluche que no era amado, que tampoco era querido ni estimado, pero que era mío y, por ser mío, iba a ser extrañado de igual manera.

Me sentí mal, me sentí pésimo, algo que después supe se llamaba "alma", me pesaba, algo dentro de mi dolía y no podía encontrar que era. No me acuerdo si lloré, probablemente sí, antes lloraba por todo, no como ahora, que las lágrimas son más simbólicas y rabiosas que antes, que queman cuando caen y son pocas. Si me preguntan que es lo más probable que haya sucedido, yo creo que lloré, que sollocé y que también cerré de golpe alguna que otra puerta, pero a ciencia cierta... no, no lo sé.

Esa noche me fui a acostar con un gran pesar, pensando en las atrocidades que probablemente sucedían (y aún suceden) de noche; me imaginé a mi peluche vagando las calles solo, triste y abandonado, mientras que mis otros peluches me miraban fijamente desde las repisas, en especial Bugs y Copito, quienes compartían una dura mirada de reproche colectiva y a ellos se les unían el resto de mis posesiones. "El soldadito de plomo" se asomó, apoyado en un bastón improvisado, hasta el borde del librero, enrabiado por la confirmación de los rumores que ya se pasaban de un cuento a otro, de cuaderno en cuaderno, de caricatura en caricatura. Todos cuchicheaban y se miraban entre ellos, cruzaban miradas cargadas de rencor y otros tantos de sobrecogimiento, en especial los más sensibles, como "Peluche n°1" (él nunca superó mi bloqueo mental a la hora de ponerle nombre). Aquella noche fue larga, me revolvía entre las sábanas presa de la culpa, atormentada por las imágenes de mi peluche bajo la lluvia, siendo despedazado por un dobermann o confundido por basura por el "viejo del saco". Cuando por fin pude conciliar el sueño, mi conciencia y mi alma ya habían sido marcadas para toda la vida.

La siguiente mañana reinaba el silencio en la casa. Afuera había un sol pálido e inerte, que aún así lograba colarse por las ventanas y los resquicios de las puertas. Mis peluches estaban callados, los soldaditos de plástico estaban formados en línea, firmes en su desgracia, pero sentía sus ojos sobre mi. Olía la traición, olía la sospecha, el miedo, la tensión antes del motín. En sus profundos ojos de plástico podía ver el terror, el pánico, podía sondear dentro de sus cascarones animados y leer sus pensamientos; si había olvidado a uno de ellos, ¿cuánto faltaría para que a otro le sucediera lo mismo? "¿iba yo a ser el próximo?", se preguntaban. Lo olía, lo sentía, lo leía en su lenguaje corporal; el fin estaba cerca.

Al saludar a mi Capitán General noté que los pequeños rifles de todo el escuadrón estaban cargados y que el soldadito de plomo llevaba su sable, un sable que nunca antes había sido descolgado de su sitio de honor. Una mala señal. "El Guardián", mi fiel perro de felpa, me observaba cabizbajo desde los pies de la cama; él ya se había resignado a mi triste destino.

Caminé cautelosamente hasta la puerta de mi habitación y la cerré tras de mi. Por el espacio que quedaba debajo podía ver las sombras alargadas de la rebelión de juguetes, presa del terror corrí a la pieza de mi nana, entré y paré de golpe a los pies de su cama. Entonces, un destello rosa me llamó la atención, sobre el escritorio, este mismo desde donde escribo ahora, estaba mi peluche. Con la sorpresa olvidé que mi nana estaba dormida y salté sobre la cama para alcanzarle, con la conmoción Nancy se despertó y me dijo algo que nunca olvidaré: "Anoche la salí a buscar, la encontré en el Terminal", luego, sin más, se dio media vuelta y comenzó a roncar.

Sin siquiera derramar una gota de sangre, ni sacarle el relleno sintético a alguien, la rebelión completa se había solucionado, ¡más!, nuestras vidas completas habían mejorado; ya más nunca sufriríamos la pérdida de alguien o algo, pues entre nosotros vivía una buja (de las buenas), una bruja disfrazada de niñera. Una bruja con un disfraz que era tremendamente convincente, un disfraz que te envolvía en abrazos interminables y te acariciaba la cara con dedos ásperos y pasados a cloro. No, ya más nunca habría desesperanza entre la comunidad de juguetes, pues desde ese día estábamos bajo la protección de los oráculos y los dioses, desde ese día, éramos el pueblo elegido.

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viernes, abril 06, 2007

Korsakov Actualizado

*Listening: Yann tiersen - Amélie OST - Le moulin *
*Mood: Tired and confused, as if more confusion were posible *


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Después de una larga espera es de mi agrado poder decir que Korsakov ha sido actualizado. El Capítulo 11 está en el blog.

Lamento mucho haberme demorado tanto, fue un error de cálculo no haber considerado lo consumidora que puede llegar a ser la Universidad, ese antro de perdición a donde voy a aprender muchas cosas, excepto lo que ellos quieren que yo aprenda. Sólo me queda esperar que el Banco Mundial tenga éxito en promover las competencias por sobre los objetivos en las universidades mundiales.

Sobre Korsakov, para que no se sientan tan perdidos: en el capítulo anterior había recibido la información de que Aleksander Lazarev, Sasha, estaba en problemas y su cubierta ya no era tan secreta, por lo tanto arma un equipo de extracción sin tener el permiso de la central y parte a rescatar a Sasha, sin embargo, al llegar a la casa de él se encuentra con que no hay nadie.

Una vez más, lamento mucho la tardanza, procuraré que no vuelva a ocurrir.

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domingo, marzo 25, 2007

Historia 'friki'

*Listening: Jesus of Suburbia - Green Day *
*Mood: Inmune system half asleeped *


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Estaba en docs.google.com craneándome un post para el blog de Sergei Korsakov, mi espía inventado, cuando se me vino a la mente esta extraña historia, así que la escribí y, a causa de ello, dejé pagando, una vez más, a todos mis lectores del otro blog. Queridos lecrores de Korsakov, si pasan por acá, lo lamento mucho por tenerlos en el hilo del suspenso por tanto tiempo, con las clases se me hace difícil combinar tiempo libre con inspiración. Si les sirve de algo, piensen esta extraña historia como un premio de consuelo. Sin más preámbulos, espero que la disfruten. Sus críticas y observaciones en los comentarios por favor ^___^


La Elegida


Por Narcoleptic_ll

[Algunos derechos reservados*]

Sentía olor a mierda, ese era su problema, que sentía olor a mierda; cada vez que echaba agua bendita por la casa o que se santiguaba antes de empezar sus oraciones sentía olor a mierda.

Esa noche se acababa de dar un baño con hierbas medicinales y una pizca de agua bendita. Estaba prendiendo un incienso cuando, en vez del dulce olor del mizcle, penetró por su nariz el inconfundible olor de las heces humanas. Se santiguó varias veces mientras rogaba al Señor, su dios, por una luz entre la oscuridad; tragó saliva cuando vio que las luces bajaban la intensidad y que las cortinas comenzaban a despegarse de la pared, pero no se dejó vencer, oró con más fuerza, elevó un grito de alabanza hacia el Señor y sintió como sus fuerzas eran renovadas. Los cuadros temblaban en sus clavos amenazando con caerse en cualquier momento. Entonces, sobrevino la calma. Ella bajó la guardia y dio gracias a su dios por la fuerza en la batalla, se sentó en la cama con el rosario entre las manos y lloró de alegría, todo estaba en orden, el mizcle estaba ganando la batalla.

Sin embargo, ella sabía que no existía un Dios capaz de salvarla y, aún así, se aferraba a la idea. Rezó un padre nuestro y diez ave marías; se persignó varias veces y repitió como un mantra en su cabeza: "Dios es mi pastor, con él nada me faltará", hasta que el cansancio y el sueño se la llevaron a un mundo de maravillosas ensoñaciones.

Esa noche tuvo una epifanía; vio a un hombre maravilloso acercársele, vestía una túnica blanca y tenía una belleza nunca antes vista, una belleza que no era normal, que no era humana, una belleza que sólo puede venir de la divinidad. Le susurró al oído sin siquiera mover los labios y le dijo que ella era la elegida, la estrechó entre sus brazos y le dijo su verdadero nombre, "desde hoy", le dijo, "te llamarás Hija de la Luna y serás venerada por las estrellas de aquí hasta el confín del universo, mientras estés a mi lado, nada te faltará". Entonces una esfera de cálida luz la envolvió y ella fue depositada sobre su cama. Abrió los ojos y vio sus pertenencias en el mismo lugar donde las había dejado, fue a la cocina y encendió un incienso de mirra, lo puso en un plato y se paseó por la habitación. Cuando estuvo satisfecha con su "limpieza" dejó el incienso ya extinguido a un lado y siguió durmiendo.

Al despertar tenía una plácida sensación, estaba alegre y liviana, como si una gran roca de pesares hubiese sido levantada de sus hombros. Se levantó vigorosa, rebosante de energía y cantó sus himnos favoritos mientras se arreglaba para salir. Recogió las llaves del auto y de la casa, echó a su morral el libro del creyente, el de himnos y el de catequesis, además de una pequeña colación. Volvió a su habitación para echarse perfume y recoger el rosario y sin mirar atrás, se fue. Cerró la puerta con llave y se subió al auto, tenía la clara sensación de que ese sería un día perfecto.

Para llegar hasta la Iglesia debía bajar la empinada cuesta que se retorcía varias veces en peligrosas curvas, cual serpiente envenenada, ella vivía en la cima de una extraña colina, la única casa que estaba al alcance de su bolsillo. Al pasar por una curva especialmente cerrada, notó las dos animitas que descansaban inertes al borde del camino y recordó de pronto que había olvidado sus oraciones matutinas. Como una bocanada caliente de vaho le llegó el olor a mierda en la cara y entonces lo supo, el auto no tenía frenos.


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