jueves, abril 03, 2008

Concurso "Escritos en servilletas de papel"

*Listening: Jamie Cullum - Twentysomething*
*Mood: Sleeeeeepy*


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Lothar Daisuke, este amigo mío que vive de fantasías policiales y terroristas, me la ganó con el post, pero se los voy a contar de todas maneras, ¡cómo no!. Resulta que ayer en la tarde me enteré de un concurso simpático y geográficamente cercano. En la página CRITICA.CL, en la sección de concursos, dice: Considerando la extendida costumbre de escribir espontáneamente en servilletas de papel , se convoca al Primer Concurso Literario “Escritos en Servilletas de Papel”- 2008.

La convocatoria cierra el sábado 5 de abril, los trabajos que recibiran estímulos estarán decididos para el 10 y el 23 de abril es la ceremonia de premiación en Algarrobo. Son 10 premios destacados y de esos 10 saldrán los tres finalistas que recibirán una estadía en Algarrobo por tres días y un set de libros.

Así que ni tonta ni perezosa le pasé el dato a mi colega y acá estamos. Mi trabajo ya está enviado y el de él está en el proceso de ser fichado, timbrado y maltratado por Correos de Chile.

Y, sin más preámbulos, imitando a mi colega, les dejo mi humilde escrito de apenas 223 palabras.

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Porque te quiero a ti



Te miro a través de las flores falsas y te ves hermosa. ¿Puedo besarte, debería besarte?.

No, no es un sentimiento correcto, es una idea inoportuna; simplemente no somos los amantes apropiados. Me arrepiento, me vuelvo a sentar y te pongo atención. Te vuelvo a mirar desde la fría distancia emocional que se me hace necesaria para conservar la compostura.

Mi sobrino, tu hijo, imita mi odiosa costumbre de jugar con lo que haya en la mesa y pronto termina todo en el suelo. Cenizas y colillas por doquier, ambos -tú y yo- nos agachamos a arreglar el desastre y te vuelvo a mirar. El guardia nos observa y nos hace una seña. El tiempo se acaba y tú ya te vas, me haces cariño en la cabeza y con lágrimas en los ojos agarras a tu hijito y desapareces por la puerta.

Espero al enfermero para volver a mi habitación y planeo lo que voy a escribir más tarde (aún cuando nunca lo hago).


"¿Todo bien?", me pregunta. Me limito a asentir con la cabeza y a reflexionar. Tal vez la próxima semana te bese, tal vez la próxima visita sea mejor.

"Tengo sed"

"Tú siempre tienes sed", me dice y pronto nos perdemos en el laberinto de pasillos que es este lugar. Sí, definitivamente te voy a besar la próxima vez.
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sábado, marzo 22, 2008

Sugar Rush: I’m just waiting to crash.

*Listening: The verve - Bitter Sweet Symphony*
*Mood: Wired*


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En la cultura media pueblerina y mística de EEUU existe este concepto que me encanta: Sugar Rush. Dos palabritas, majestuosamente emparejadas, que se refieren a una explosión temporal de energía causada por la ingestión de azúcar o algún otro sacaroideo, como la glucosa. Me gusta porque encuentro que en mi persona es una condición especialmente verdadera.

Por ejemplo ahora estoy escribiendo en la línea plana que viene después del sugar rush, después de la explosión. Estoy escribiendo desde el efímero valle de energía que viene antes de la caída y, honestamente, estoy esperando a caer, estoy esperando a que la insulina y la demanda de mis músculos acabe de forma dramática con la cantidad obscena de azúcar que tengo en el cuerpo. Es lo más cercano que voy a estar alguna vez en la vida a un estimulante ilegal, sin embargo aún cuando suena peligroso y casual, casi como una atractiva aventura, no es una condición ni sensación que me agrade ni quisiera alguna vez repetir (hasta que se me olvide y se me ocurra comer chocolate, una tartaleta y tomar Coca-Cola en un período inferior a 24 horas).

Ya llevo más de 8 horas en el sugar rush. Anoche me era imposible conquistar la calma espiritual y física suficiente como para ver TV o estar en el computador, así que subí y bajé las escaleras para cansarme y así poder quedarme leyendo unos artículos de P.G. Wodehouse hasta que amaneció, de ahí a la cama, derrotada por el frío, pero no por el cansancio ni el sueño, una verdadera tragedia a nivel celular, creo que anoche maté suficientes neuronas como para no entender un comentario sarcástico para el resto de mi vida.

Ya en la cama, simplemente no podía mantener los ojos cerrados, ni las manos quietas, ni el corazón a menos de 120 latidos por minuto. Por suerte, a la vista de los primeros rayos de sol, mis ojos decidieron darme un respiro y dejarme dormir, por un par de horas, no obstante, al término de este pequeño episodio de catatonia, salté, literalmente, de la cama, me senté, me puse un polerón para combatir el frío y volví a la carga. Eso fue hace al menos una hora, por lo que calculo, entre aproximaciones y deducciones un poco frenéticas, que no he dormido más de 3 horas y aquí estoy escribiendo, a mil palabras por segundo, jugando con los pies, tocando sobre el escritorio la batería de “esa” canción que tanto me gusta e incapaz de dejar de pensar. El problema es que no sé si estoy pensando bien, no sé si todas las neuronas están disparando donde les corresponde, ¡demonios!, ni siquiera sé si este post tiene sentido y, en consecuencia, sólo para no pasar la vergüenza de postear algo tan disperso y carente de sentido, es que estoy sopesando la idea de dejarlo descansar antes de llevarlo al público, aunque, honestamente, no creo que eso suceda, porque de aquí a que deje de escribir ya habré olvidado hace rato mis prudencias y aprehensiones, este pobre escrito tendrá suerte si es que le reviso la ortografía y me digno a ver qué quieren esos subtítulos rojos de Word que parecen adornar la pantalla como por arte de magia.

No, poco o nada me interesa la gramática y la puntación decente en este momento, sólo estoy esperando el descenso, estoy esperando a que toda esa azúcar deje de cruzar por mi cuerpo, estoy esperando la caída abrupta de energía, el bajón de azúcar destructor que parece tirarnos desde el centro de la tierra en un abrazo posesivo y demoníaco, como si de verdad una fuerza misteriosa e invisible quisiera llevarnos hasta las faldas del mismo Lucifer. Quiero ese bajón, necesito ese bajón, si no, la opción es la combustión espontánea y, francamente, no creo que mi madre se contente con que mi estado hiperquinético se encargue de destruir la casa antes de pagar el primer dividendo.

Y aquí lo siento venir, junto con el pensamiento espeso y grumoso, propio de una resaca o una noche en vela, las palabras se me atochan en las vías neuronales y los sinónimos desaparecen. Es tiempo de regresar a la vida cotidiana, es tiempo de dormir.

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viernes, marzo 14, 2008

Ciber-café o no Ciber-café

*Listening: X Japan - Forever Love*
*Mood: Sick & Cold*


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Durante la travesía de mes y medio para cambiarnos de casa, tuve que recurrir varias veces a un ciber-café cercano a mi lugar de hospedaje, una actividad que simplemente no me es placentera, disfrutable ni amena. De por sí, tener que ir a un lugar externo para disfrutar, usar y abusar de los placeres de la Internet me parece ridículo, tremendamente útil si no se tiene conexión desde la comodidad del hogar, pero infinita e invariablemente ridículo. Pero ¿qué tiene de ridículo?, se podrán preguntar ustedes, mis distinguidos lectores, pues simple, me parece que tener que ir a encerrarse a un lugar de mala muerte (o interminable sofisticación, como prefieran), para revisar el mail, revisar las 40 o 50 entradas que se acumularon Google Reader y tal vez, si la musa así lo prefiere, chatear por MSN; es un acto que me suena, me sabe y me huele a risa; risa tragicómica y risa desmesurada, si es que no estúpida, pero ciertamente risa digna de una ridiculez. Es cierto que yo he tenido la bendición de la Internet hace al menos 8 años y la mayor parte de este tiempo he disfrutado de los servicios del Internet propio y personalizable, del computador al que si quiero le pongo antivirus y si no, no importa, porque yo lo ordeno como me da la gana; de un asiento que se está cayendo a pedazos, pero que es mío para cuidar o terminar de romper y, porqué no, un mouse que al que ya le conozco la maña y sé cómo trabajar alrededor de sus deficiencias. Rara vez tuve que ir a obtener este servicio a otro lado, por lo tanto mi visión ridícula de estos antros de perdición puede estar, y probablemente está, teñida de las más suaves y cómodas experiencias que se pueden obtener desde el hogar y, por lo mismo, mis expectativas han sido elevadas hasta el cielo y las probabilidades de ser alcanzadas o cumplidas son extremadamente escasas. Sin embargo, eso no quita que algo de verdad hay en mis palabras.

Me parece que la ridiculez del acto y del lugar está contenida en la semejanza que hay entre un ciber-café y un burdel. Si no puedes conseguir lo que quieres en casa, pues vamos a este lugar monono y buena onda en donde hay varias opciones para satisfacer tus necesidades más básicas, obviamente, por una módica suma dinero. Ambas casas de servicios mantienen estrechas semejanzas que me ayudan a reafirmar mi teoría. En ambas el crimen se comete en una sala con pobre iluminación en donde cada uno está metido en lo suyo; te cobran por la hora y, dependiendo de los servicios que requieras, existen ofertas para alivianar la deuda y mantener a los clientes felices; en ambos tugurios te pueden echar si te pones muy escandaloso o cargante y la moneda preferida es la efectiva, nada de cheques, nada de tarjetas. Las proveedoras físicas y efectivas del servicio están manoseadas hasta el cansancio y huelen mal, están un poco gastadas en los bordes y se les nota el paso del tiempo. Olvídate de encontrar el último modelo o algo medianamente actualizado y, si lo encuentras, ¡cuidado!, porque cuesta más caro y nadie te lo dice hasta que ya lo has usado. Y, como si todo lo anterior fuese poco, siempre existe la posibilidad de que si el lugar es lo suficientemente mediocre, las colillas de cigarros se amontonen en los estantes sin que nadie las recoja o les de mayor atención, olvidadas para siempre en su inmundicia cancerosa y deshonrada. Hay que estar mal de la cabeza para pasar más de tres horas en cualquiera de estos locales, porque no hay billetera ni determinación que aguante, ¿o no?. Honestamente, ¿quién podría culparme por no querer frecuentar ninguno de estos cuchitriles.

Resulta que para mi la experiencia Internet es tremendamente personal, no es algo que me gusta llevar a otro lado, ni sacar de mi casa. Existen ciertas comodidades en el hogar que para mi van de la mano con todo esto. Existen factores y circunstancias que deben estar presentes para poder alcanzar el máximo potencial de cada navegación. Es para mi el factor “monotonía” el que me ancla a mi estación de trabajo, algo que de por sí suena aburrido y sin gracia, pero para mi es un signo de invariabilidad reconfortante, en donde cada acción tiene su lugar y tiempo.

La “monotonía” es un concepto que me calma y sosiega, un concepto que no está presente cuando me veo en la obligación de ir a un ciber-café para obtener mi dosis semanal de conocimiento y diversión y es que, a mi me encanta cuando conocimiento y diversión van de la mano, sea de lo que sea; cultura pop, algún e-book rezagado o la confirmación del 50% de la teoría de la relatividad general, por muy “noticia antigua” que sea, me encanta saber, saber cosas que poca o ninguna conexión tienen entre ellas, me encanta que hayan sitios libres de ácaros en donde puedo, virtualmente, enterrar mi nariz para mejorar mi ortografía en inglés o mi pronunciación en francés, pero es algo que siento sólo puedo lograr y elevar a un estado de verdadero deleite, cuando sé que no habrán nenes de once años tras mi hombro, leyendo cada palabra que escribo en el blog de algún amigo y que más encima uno de ellos tendrá la desfachatez de corregirme cuando se de cuenta que estoy escribiendo sobre él.

Para mi los ciber-cafés son tugurios de mala muerte y antros de perdición, donde el nombre no necesariamente indica con lo que nos vamos a encontrar adentro. Son contados con los dedos los ciber-cafés que efectivamente sirven café o algunas otras infusiones del mismo estilo, en muchos otros está estrictamente prohibido entrar con alimentos y que Dios se apiade del alma del pobre diablo que entró con algún líquido a la tienda. Entonces, arrrebatados de todos los placeres propios de una navegación como la gente y más encima de nuestra privacidad, sólo nos queda revisar el mail y leer un par de noticias, eficiencia en su más puro estado; sin placer, sin diversión.

En este mes y medio de travesía, pasé un total de seis horas tratando de proteger mi privacidad de las miradas curiosas de chiquillos que hablaban con “eses” sibilantes y hedían a mermelada barata y queso parmesano. Pasaron seis horas repartidas en al menos cuatro semanas, antes de que se me ocurriera llevar un pendrive (que en realidad es un MTP Device) y bajar toda la información que quisiera para luego leerla en la semi-comodidad de la casa de mi abuela. Error garrafal.

En mi eterna inocencia atolondrada olvidé lo peligrosos que son estos ciber-burdeles y terminé infectando mi computador con un Virus, un tal Fujacks.AK, acabando así, de golpe con nuestra particular simbiosis. Y por ¡Zeus!, qué mala suerte la mía, ya que siendo mi MP3 un MTP Device, las probabilidades de que se infectase tendían a cero, ¡cero!, pero ahí estaba el muy desgraciado, un archivito perdido en el mare magnum de estupideces y sinsentidos que es mi MP3; "Setup.exe". Ni siquiera me molesté en desinfectarlo, simplemente lo reseteé e instalé todo de nuevo. MTPs infectados no tienen la misericordia de Dios ni la mía.

Otro "contra" de los ciber-cafés son las infecciones binarias. Con tanto usuario desinformado e irresponsable, es muy complicado mantener el bienestar de los flashdrives y otros similares. A mi, en lo personal, me da lata conectar mi MTP en los computadores de la escuela y aún más en computadores con AntiVirus que llevan vencidos meses. Es un mundo frío y cruel en aquellos rincones, son lugares a los que todos los strings perdidos van a dar y donde los ceros y unos aprenden lógica difusa destructiva. ¡Qué horror de sólo pensarlo!.

Entonces la pregunta permanece, aún cuando mi respuesta está más que clara: ¿Ciber-café o no ciber-café?. ¿Qué piensan ustedes?.

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sábado, marzo 08, 2008

¡Grande Max!

*Listening: Life on Mars? - David Bowie*
*Mood: Breathing is so hard, seriously I'm drowning here*


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Re-poco nos duró el olor y la estructura original de la casa nueva. Ayer, con la lluvia, no nos quedó otra opción que dejar entrar al Max, el perro, para que se resguardara del agua, ya que obviamente este perro es de sodio y dejarlo afuera en la lluvia hubiese sido homicidio en primer grado, sin derecho a fianza ni libertad condicional . Todo bien hasta que tuve que salir para ir a la oftalmóloga. Para poder dejar la alarma activada había que dejar al Max encerrado en la cocina, que debe ser de 2x2, no muy grande para un ser humano, ínfimo (o menos) para un perro.

Cuando llegamos la casa hedía a Max; lo cual, si uno es de estómago débil, no es algo bueno, el olor a Max es una mezcla entre “algo” azumagado, tierra y patitas de perro, ahora si ha llovido y el Max se ha mojado, o peor, si ha transpirado, podemos agregar perro mojado y queso a la mezcla.

Abrimos la cocina y ¡oh! sorpresa, el Maxi se había comido, sí, literalmente comido, una parte del marco de la puerta, parte del marco de la ventana de la misma puerta y la esquina inferior de la pared que da al resto de la casa. No habíamos visto una de estas desde hace por lo menos ocho años atrás, cuando el Maxi tenía tres años y se comía todo lo que el cartero llevaba a la casa: cuentas, revistas, cartas, peticiones, rifas, la eventual notificación de corte de luz o agua y, si no mal recuerdo, al menos una vez, una bufanda. La mejor parte es que aún cuando gustaba de descolgar la ropa, comer libros y papeles en general, con un gusto inigualable por las cuentas, siempre fue considerado: descolgaba la ropa, pero no la rompía, sólo la ensuciaba un poquito, aunque con las medias nunca hubo caso, esas pasaban a mejor mundo de sólo mirarlas; comía libros y cuentas, pero nunca se comió mi tarea ni chequeras ni recetarios y de las cuentas de luz, agua y teléfono, siempre dejó sin masticar ni babear la zona que decía “Total a pagar” y algún pedazo del encabezado para saber dónde había que pagar la suma de dinero pertinente. Sin embargo debo admitir, que marcos de puertas y cables nunca antes había formado parte de su repertorio y por lo tanto me sorprendió un poco ver el desastre que había provocado en la cocina.

Demás está decir que mi madre se enrabió y le salió humo por las orejas y que yo me reí hasta que me dolió el estómago. No obstante, la guinda de la torta fue lo que vino después. En la noche siguió lloviendo así que el Max se quedó a dormir dentro y sin mucho problema se las arregló para vomitar sobre la alfombra los cuatro duraznos y los pedazos de cable que se había comido mientras estaba en cautiverio y sólo por si quedaba alguna duda de su calidad de animal poco-pensante, procedió luego a orinar en la alfombra de la escalera y en el espacio que queda entre la escalera y el resto de las habitaciones. Creo que decir que la noche fue larga y agotadora sería una manera bastante pobre y poco imaginativa de describirlo, sin embargo, teniendo lo anterior en cuenta, da a entender de manera bastante didáctica el porqué no me doy el trabajo de buscar una manera más original de decirlo.

Sin ningún otro particular que reportar, se despide atentamente,
Narcoleptic_ll (Narkito para los amigos xD).

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lunes, marzo 03, 2008

Nieve negra

*Listening: Al Green - Love and Happiness*
*Mood: Infinitely tired*


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La casa es nueva, recién sacada de paquete, las baldosas de los baños son sofisticadas y están inmaculadas, sólo hay cortina en la ventana de la cocina y en los baños, pero esas cortinas no están en las ventanas, es una casa de dos pisos que está dentro de un pasaje con un nombre feo y anticuada, sin embargo, a pesar de que la casa es nueva y nunca hemos cocinado en ella, ni hecho un asado o haber invitado a los amigos, está pasada a humo. Las cenizas se cuelan por las rendijas de las puertas y pican en la garganta y afuera se acumulan en montoncitos sobre los parabrisas, los techos y las mascotas. Los pájaros vuelan en bandadas apretadas, arrancando del bosque con un aletear frenético y descansan en las plazas para seguir su camino en un intento desesperado por salvar sus vidas y la de los suyos.

Pero déjenme que los pasee brevemente por el último mes y medio antes de continuar mi relato. El cambio de casa de por sí fue traumático; llevamos apenas una semana aquí, al menos la mitad de las cosas siguen en cajas y falta harto que ordenar y limpiar, mis libros están dentro de cajas esperando a ser puestos con cuidado obsesivo en repisas y libreros, mientras que en el living y el comedor reina la soledad pues los muebles aún no han llegado. De la cocina mejor no hablar, relativamente ordenada, limpia, está a reventar con la secadora adentro y en algún momento la lavadora, a la espera de una ampliación que se nos hace urgente para poder hacer caber las cosas como corresponde y al mismo tiempo aprovechar de crear un espacio más adecuado para que duerma el Max, un boxer que está pronto a cumplir 12 años, especialmente porque el invierno ya se viene y acá es horriblemente húmedo.

Antes de vivir aquí vivíamos en Quilpué y entre medio hubo un mes en el que nos quedamos en el Cerro del Silencio, un lugar donde todos los sueños mueren, donde nada es posible ni alcanzable, un lugar donde la humedad te consume y el aburrimiento y el sedentarismo se apoderan de ti como un cáncer en su última fase, metastizado hasta la médula y con carta libre para la destrucción dejando tras de sí un silencio ensordecedor.

El 23 de Febrero llegamos a la casa nueva y la semi-alegría nos duró tres días, cuando una de las mascotas, la Yuki, una gatita de unos 4 años de edad, se perdió para siempre. La teoría es que se desorientó y no pudo encontrar el camino de vuelta a casa y ahora, con el incendio en Quintay, tengo la certeza de que ya nunca más sabremos de ella. La Yuki es capaz de sobrevivir muchas cosas, sin embargo, me parece, que un incendio no es una de ellas. El domingo, en un último esfuerzo por encontrarla, me interné unos 6 kilómetros en el bosque con la esperanza de que si gritaba lo suficiente fuerte y tenía fe en algo, cualquier cosa, daría con ella, pero el humo y el cansancio me ganó y me tuve que devolver con las manos vacías y una tristeza inconforme en el corazón, una tristeza que me pesa en los pies y me oprime el pecho, una tristeza que se manifiesta en forma de ira y un profundo sentimiento de desconcierto.

Sin embargo, aunque uno no quiera, la vida sigue. Hoy bajé al plan de Valparaíso a arreglar cuentas con la Universidad y averiguar que estaba pasando con los papeles de mi reintegración, me junté con una amiga y partimos. La mañana estaba sofocante y el calor se hacía notar por todo rincón, implacable, sin dar tregua, como un té de arena que te fuerzan por la garganta. Nos fue mal en la Universidad, así que decidimos ponernos al día en un café y disfrutar de nuestra compañía mutua. A eso de las 13:00 me llama mi mamá para avisar que estaban evacuando la zona donde vivimos y el corazón me dio un brinco y mi cerebro entró en modo de supervivencia. Traté de escuchar noticias en la radio del pendrive, de llamar a informaciones y de comunicarme con la CONAF, pero nada, así que tomamos una decisión con mi madre y la Andrea, muy amablemente, me acompañó hasta la casa, donde agarramos el auto, el perro y algunas cosas para pasar la noche afuera, sin olvidar la cama del perro ni su comida, y partimos a la casa de mi abuela en un auto que hasta hoy sólo había manejado dos veces. Iba sin licencia, con un poco de miedo, la adrenalina emanado por cada poro de mi ser y con los dientes bien apretados, la fórmula perfecta para el desastre, pero todo salió bien.

Lo que vimos fue, para mi, impresionante. En la subida, en el trayecto Valparaíso-Hogar, el humo se estaba apoderando rápidamente de Santos Ossa y los vehículos de carabineros e investigaciones iban y venían, ya de vuelta se notaba que la situación estaba tensa; camionetas de investigaciones rondando los perímetros, camiones municipales mojando las calles y un camión militar a la espera de la evacuación obligatoria. Según lo que escuchaba en las noticias, a eso de las 4 de la tarde, fueron evacuadas 600 familias de placilla y 400 de Curama y entre aquellas, yo.

Por suerte estamos todos bien, el viento cambió de dirección y el humo ya no nos ahoga ni las cenizas tampoco, aunque sí las que quedaron en el ambiente se meten por todas partes y cuando alguien comete el error de deshacerlas, pican en la garganta y en los ojos, pero esto es nada en comparación a lo que pudo haber sido y a los momentos tensos vividos al rededor del medio día, a las visiones apocalípticas que sofocaron mis sentidos.

Este es un día que no planeo olvidar tan fácilmente, es un día en donde creo que mis decisiones y acciones fueron buenas y fui capaz de pensar con la cabeza fría en un momento donde la calma, la tranquilidad y la prudencia eran la regla. Creo que ciertamente es un día para recordar.

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domingo, enero 20, 2008

Imponderable

*Listening: Ludwig van Beethoven - Piano Sonata No.21 In C Op.53 ''Waldstein'' - Rondo.Allegretto (by Gyorgy Cziffra)*
*Mood: Lost in translation... no, utterly lost*


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Estoy segura de que Papelucho lo dijo y si es que no, podría decirlo mejor que yo: “Qué terrible es sentirse desamparado”.

Sentirse desamparado no es como tener 4 añitos y perderse en el mall, soltarse de la mano del tutor responsable y quedarse pegado en el Buzz Light Year tamaño natural de la juguetería, sentirse desamparado es como tener 4 añitos y mirar este juguete de épicas dimensiones y saber, tener la seguridad de que nadie te va a preguntar si te gusta, nadie te va a decir que si te portas bien tal vez te lo traiga el Viejito Pascuero (o Santa o Papá Noel). Sentirse desamparado es tener miedo a enfermarse o a salir muy tarde a la calle, porque es posible y altamente probable qué no haya una limonada fresca en tu velador por la mañana ni una llamada para saber si estás bien y cuando regresas a casa.

Papelucho definitivamente hablaría de la congoja que se te instala en la garganta y esa agüita helada que te corre por la espalda, un nudo amargo que te inutiliza la voz y la respiración, un nudo que no se traga ni se puede deshacer, una aflicción que te posee por completo y que no se puede remediar. Un desconcertante vacío vulnerable, la pavorosa convicción de no tener cosa alguna segura en la vida; de que hay objetos, implementos, artefactos y afectos que requieres, necesidades que demandan ser satisfechas, que no serán complacidas. La luz se apaga, las llaves gotean y las cortinas danzan en la suave brisa primaveral. Este pueblo fantasma que es tu vida, un lugar que grita normalidad y cotidianidad deshabitada, no es lo que debería ser. Estás desamparado, necesitas ayuda, pero todo lo que obtienes es abandono. Qué terrible es sentirse desamparado.


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miércoles, enero 16, 2008

Porridge

*Listening: Oscar Peterson - Hymn to Freedom*
*Mood: I believe I can fly*


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“¿Le echas miel y después qué?”

“¿Miel? ¿Por qué miel?”

“¡Qué no lleva miel te dicen! El porridge no lleva miel”

“¿Quién dice que no?”

Yo lo digo. Es mi sueño así que no lleva miel”

“¿Estás segura de que es un sueño?”

“Sí”

“¿Cómo lo sabes?”

“Es mi sueño, creo que lo sé, de la misma manera que sé que yo soy y no soy tú”

“OK, OK, pero ¿es un sueño-sueño, de esos en los que te duermes con la TV prendida mientras piensas en la cantidad de mondadientes que caben dentro de una ampolleta, o es el sueño-no-tan-sueño, de esos en los que en realidad estás en la semi-inconciencia despierta luego de tomarte una pastilla para el dolor de cabeza y en realidad estás imaginando que tienes una conversación interior, con quien quiera que esté dispuesto a seguirte el juego y llevarte la contraria, al tiempo que alguien del exterior te cuenta sus cuitas y pesares?”

“Emm, la verdad es que no lo sé, podría ser cualquiera de los dos, ¡es más, no sabía que había una diferencia!”

“Pues sí, hay una diferencia como en todas partes, como en todos lados, lo mismo que con el porridge,

“¿Ah?”

“Miel”

“¿Miel?”

“Sí, miel”

“¿Miel?”

“Miel”

“¿Miel-miel?”

“No, sólo un ‘miel’. ‘Miel’ a secas, una palabra tan imponente como los epítetos y apodos de los gángsteres de antaño, pues quién pudiese olvidar a Enrico ‘el ministro’ Dominicci o Joe ‘Sonrisa’ -que por cierto fue acusado de cómplice en el asesinato de ‘El ministro’.

Es sólo un ‘miel’, un ‘miel’ a secas.”

“Ajá, y ¿qué se supone tengo que entender con eso?, ¿ah?, ¿serías tan amable de explicar, de exponer, de elaborar?. ¿Serías tan amable de darle sustancia a tus palabras, de echarle levadura a tus significados, de agregarle sintaxis a tus oraciones y de poner los acentos, tildes y énfasis donde corresponde cada uno.

Miel, miel, ¡miel! dices como si fuera una palabra portadora de verdades y conocimientos tan antiguos que parecerían nuevos de ser revelados. Miel, miel, ¡miel! dices como si fuera la respuesta a todos mis miedos e interrogantes. Miel, miel, ¡miel! dices como si algo tuviesen que ver con gángsteres de antaño y homicidios de crónica roja ¡BAH!. Dime, ¿qué tiene que ver la miel con el deshielo, el calentamiento global o las tostadas siempre cayendo por el lado de la mantequilla?. Dime tú, gran conocedor de mitos, leyendas y verdades, ¿qué tiene que ver la fuerza de gravedad y la mala suerte con la miel?. Dime, por favor, dime; ilumíname con tu sabiduría y cognición, explícame cuál es la importancia, relevancia y/o notabilidad de la miel en nuestras vidas, además del botulismo y la intoxicación por polen de rododendro. Explícame ¡oh, elegido!, ungido de entre los seres superiores y divinos, explícame qué tiene que ver la miel con el porridge, cuando son dos sustancias que se mantienen tan heterogéneas como el agua y el aceite. No, nada tienen que ver la una con la otra, ¡oh elegido, ungido, iluminado y trastocado!, NADA, rien de rien, ¡nothing!. ¡MIEL MIS POLAINAS!”

“Me temo que lo que tu media contraparte quiere decir, mi estimada amante de las diatribas, es que en el Oriente Medio, el porridge, comúnmente, lo comen con miel.”

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domingo, enero 13, 2008

Un intento pobre de coherencia

*Listening: Special K (Timo Maas Remix) - Placebo*
*Mood: High*


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Hace poco estábamos mi alter ego y yo discutiendo sobre MSN, sobre los nicks y screen-names de MSN para ser exactos. Todo comenzó cuando mi alter ego confesó estar tremendamente molesto porque yo, Narcoleptic_ll, me rehúso a ocupar MSN, mientras que a él le pican los dedos por comunicarse y conectarse con otras "almas solitarias", como él se autodenomina. Dejando de lado el debate y la bronca que se armó por todo el asunto de las "almas solitarias", tuvimos una conversación muy civilizada y rebosante de argumentos bien fundamentados sobre la importancia de la herramienta MSN y su efecto en nuestras vidas hasta que la mera mención de la longitud y originalidad, o ausencia de ella, de los nicks hizo que el infierno se desatara y los jinetes del Apocalipsis cabalgaron sobre nuestras cabezas.

Mi alter ego cree fielmente en la identificación con el propio nick, que la frasecita que uno pone allí debería, de alguna manera, reflejar quienes somos, como nos sentimos o qué esperamos de la vida. Francamente no sé que otra cosa podríamos esperar de una persona que se autodenomina “alma solitaria” y quiere conectarse con otras de su misma especie. Yo, por otra parte, creo que el nick debería se algo que nos agrade y basta, sin embargo simple, sin caritas, sin colores agregados, total y completamente old-version-friendly, y hasta ahí no más llegó la amistad.

Pasaron varios días en los que evité pensar en lo ocurrido y como fue que terminamos yéndonos por caminos separados, mi alter ego y yo, sin embargo, hoy me calló la teja y se me alumbró la ampolleta, todo de una sola vez. La razón por la cual no me gusta conectarme a MSN, es porque a nadie le interesa lo que dice mi nick, ¿es que acaso no saben lo difícil que es escribir cuatro o cinco palabras que sumen una frase relativamente original y/o graciosa?, para que luego nadie pregunte por ella ni de donde la sacaste. No, MSN simplemente ha perdido el brillo para mí, desde que se masificó y se le pueden poner colores, lo que dices ya no importa, sólo importan la versión y si tienes webcam, que por cierto me rehúso terminantemente a adquirir. MSN está muerto para mi y mi alter ego también.



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lunes, diciembre 10, 2007

Tiempos afiebrados

*Listening: Donovan - The Season of the Witch*
*Mood: Passive*


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Antes de abrir los ojos podía sentir como el sol me estaba quemando. El sol es mi peor enemigo -lo saben muchos y ahora ustedes también-, porque mi ADN y él no se llevan bien, es mi enemigo porque mi sistema inmunológico se niega a aceptar que el sol es la fuente principal de la energía vital y en vez de vivir en armonía danzan una melodía disonante y ensordecedora.

Me estiré un poco y traté de cerrar las cortinas, para evitar que los rayos UV continuaran su reino de terror en mi piel, no obstante las cortinas ya estaban cerradas, aparentemente no era el sol quien me estaba quemando, no, no señor, eran inmensas lenguas de fuego que con su calor conspicuo me trasladaban a otro mundo. Abrí los ojos y busqué mi reloj: 3:33 AM.

Salí de la cama como pude, estirándome en el proceso, tratando con todas mis fuerzas de empujar el sueño y el cansancio a alguna parte desierta de mi mente. Me acerqué a la ventana un poco más y lo vi: fuego; en la distancia y en la cercanía también. Fuego por todas partes; un hongo tremendo de extinción y muerte, con sus nubes de polvo y radiación que todo lo empalidecían. A lo lejos se escuchaban los llantos ahogados de entes que perdían la batalla y no sin dolor aceptaban su destino, daban un último respiro y desaparecían en un torbellino de cenizas y calor.

El fuego me impresiona y me seduce de tal manera que me es casi imposible mirar en otra dirección, me es imposible de ignorar. Es como esperar a que nadie te esté prestando atención y soplar ligeramente sobre la casa de cartas que alguien irguió con tremenda paciencia y dedicación, aquella fatídica tarde de Abril cuando tenías ocho. O tal vez es más complicado, tal vez es como dar el capirotazo fatal que comienza el efecto dominó en un circulo perfecto y, al mismo tiempo, es peor porque observas con fijación hipnótica como las piezas caen una tras otra, en un compás de ¾ y clave de sol que te resuena las tardes de ocio en casa de la tía Rocío, recuerdas las tardes –venidas e idas- estirado cuan largo eres en la hamaca del patio trasero, mientras tu primo mayor, aquél que no conociste hasta aquél verano, enrolla cigarros con manos expertas y te cuenta como se hace el tabaco de manzana. Mientras las piezas caen y se golpean llenando la habitación de un sonido denso y poco cotidiano descubres con horror que te la destrucción te fascina, te fascina el efecto dominó que acabas de provocar, aún cuando la última pieza en caer seas tú. El fuego me absorbe de tal manera que el tiempo parece arrugarse sobre sí mismo y el mundo se detiene, carbonizado y echando humo, sobre su eje para ponerse en movimiento una vez más, compensando por el tiempo perdido.

El agua sobre el velador hervía y rápidamente se evaporaba. La cama y la cómoda se prendieron en llamas de la nada, como por acto de piroquinesis, al tiempo que las cenizas invadían el lugar y el calor se hacía cada vez más insoportable. Lo primero que me atacó fue el pánico, seguido de cerca por el dolor; el cuerpo se me llenaba de llagas sangrantes e hirvientes y mi sangre caía al suelo en interminables coágulos de pura desesperación. Lo último que recuerdo es la ola de fuego que arrasó lo que quedaba. A 10000 °C, no sobreviven ni las ideas.


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jueves, diciembre 06, 2007

LLanto enfermo

*Listening: Beethoven - Piano Sonata N°21 Op.53 "Waldstein"*
*Mood: Bored to death*


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Con rabia observo como los ojos se me llenan de lágrimas. No quiero llorar. ¡No quiero llorar!. Porque, ¿de qué me sirve llorar?: de nada; ya no hay castigo, perdón, alivio ni consuelo que pueda nacer del llanto. Si lloras, todos te preguntan que pasa y las cuitas se hacen más grandes, pesadas y tangibles. Las lágrimas lo vuelven real. Las prefiero; mis cuitas, pesares y molestias; cuando son invisibles, cuando se manifiestan casi poéticamente en el atardecer de fuego del verano o en el verde pálido de las ociosas tardes de suspiros; es una poesía trágica, es un dios griego condenado a soportar el peso del mundo, es un campeón condenado a pagar por su heroísmo desmedido, es un dolor que hiere y sana al mismo tiempo, es como un verso perfecto en el centro milimétrico del sin sentido.

No quiero llorar. Me rehúso terminantemente a hacerlo, me rehúso a manifestar físicamente mi descontento, decepción y/o desesperanza. Prefiero que, como una estrella que se está muriendo, se colapse sobre sí mismo todo esto que estoy padeciendo, toda esta amalgama de extrañas experiencias que con dolorosa calma me va recorriendo.

No quiero llorar, me digo por enésima vez; y no lo hago. Me niego a llorar porque me aburrí de las lágrimas y de su salado destino; así que me detengo, freno todos los mecanismos y me prometo que de ahora en adelante mis lágrimas serán privadas y prohibidas, me prometo que las lágrimas serán, en el futuro próximo, sólo un mal recuerdo. Me permito soñar que hay algo más grande que esto y, por último, me prometo que las nuevas lágrimas serán expiadas con la pluma y el delirio.


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