domingo, agosto 12, 2007

Pulso luviolunar

*Listening: Immortality - Vangelis (Alexander OST) *
*Mood: Tired as hell *


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Todos los días, a la misma hora, el mismo número telefónico y la misma voz. Pero yo nunca respondo el teléfono, siempre es ella quien levanta el auricular y se queda en blanco escuchando y asintiendo con la cabeza en una suerte de trance inducido por la mala televisión y esa voz.

Un día nublado y de post-lluvia, me aburro de escuchar el incesante bullicio perforador del teléfono. Me asomo a su pieza y la veo vacía, y quiero decir, realmente vacía, sin cama, sin cortinas, sin velador. Lo único que queda es el teléfono que suena y suena. Decido que no vale la pena y me devuelvo al comedor, a mis revistas y a mis libretas de apuntes.

Otro día, uno en que los árboles se doblan sumisos bajo el iracundo poderío del viento, el teléfono vuelve a interrumpir mi caótica rutina. Pongo el pegamento a un lado y trato de hacer caso omiso al eco. Asomo mi cabeza al comedor y está vacío, no hay sillones, ni alfombra, ni muebles, ni plantas. En la esquina más lejana de la puerta hay marcas de agua en el piso, el único recuerdo de que allí, algún día, hubo maceteros. Y el teléfono suena y suena, pero me rehúso a contestarlo, vuelvo a mi pieza y a mi complejo pasatiempo. Las "íes" y las "erres" están revueltas y el pegamento dado vuelta, me encojo de hombros y comienzo a recortar nuevas "erres".

Después de un mes, cuando el teléfono deja de sonar, me siento mal y me altero. Es en ese momento que mi atención se concentra en el molesto silencio y siento un escalofrío subcutáneo que toma posesión de mi cuerpo por partes; primero los pies, luego las rodillas, los muslos… y así sube y sube hasta despuntar en la nuca. Cuando llega el temido silencio y mi corazón no sabe a qué ceñirse para seguir latiendo, me asomo a la pieza de los cachureos y la encuentro vacía. La bicicleta ha dejado una marca negra en la pared y el contorno de los manubrios está hundido en la pintura. Los viejos libros de matemáticas y álgebra que solían ocupar más de la mitad de las repisas no están por ninguna parte. A simple vista, lo único que queda es el clóset y éste, también está vacío. Miro el piso y noto que está recién encerado. "Se han llevado hasta el polvo", pienso y luego me voy a la cocina a pretender que tengo hambre y quiero comer. Cuando el teléfono suena otra vez me relajo y vuelvo a mis excéntricos pasatiempos.

Para cuando llega el verano me he decidido a contestar el teléfono, pero no ha sonado en semanas, me siento de piernas cruzadas en el centro del comedor, imitando a un maestro de yoga que una vez vi por televisión. Mientras lucho por hacer la posición correcta pienso en las migajas de pan que se están acumulando en la cocina y en si debería o no, barrerlas. Entonces escucho un sonido que se me hace familiar, es intermitente, como un gorgoteo mecánico, me perfora los oídos y al mismo tiempo se acopla con la sístole y diástole de mi corazón. Me paro y me asomo a mi pieza, pero está vacía, no hay cama, no hay alfombra ni lamparita de luz, ni siquiera hay ruido, me asomo al baño y me recibe la cálida luz veraniega que se cuela por la ventana, dos tres o cuatro pasos más y el sonido vuelve. Es el teléfono, me digo, es el teléfono, es la llamada, ¡hay que contestar!.

Entro a su pieza, a la pieza que era de ella cuando existía, y vuelvo a imitar la posición de yoga, ya no me es tan incómoda. Me siento al lado del aparato y lo observo. Una luz roja me avisa que tengo una llamada entrante.

¿Respondo?

Respondo.

Entonces un sonido nuevo me llena de pies a cabeza, un sonido que de alguna manera me resulta familiar, pero sé que no conozco, es un sonido que viene de todos lados y de ninguno al mismo tiempo. Es una voz críptica, profunda, grave, recóndita e insondable.

Una luz dolorosa me enceguece al tiempo que me envuelve, me envuelve en dolor y claridad, en dolor y seguridad, en dolor y serenidad, pero hay otro dolor, uno más terrible y agudo que me obliga a mantener los ojos abiertos, que me obliga a tratar de ver más allá, que me obliga a adivinar formas a partir de colores, que me obliga a adivinar lo que esa difusa mancha verde asemeja en la realidad y de pronto, ya no hay dolor, sólo hay oscuridad.

"Es como si me hubiese ahogado en terciopelo", pienso. "La oscuridad me engulle y me lleva más lejos y más cerca de la nada de lo nunca volveré a estar".

Es una oscuridad acogedora que me soporta y me reconforta, haciendo que el dolor se sienta cada vez más lejano y difícil de recordar, por unos segundos tengo la sensación de que estoy de cabeza, pero en esta oscuridad es difícil saberlo a ciencia cierta.

"¿Ciencia cierta?" me digo, "¿Qué es la ciencia cierta? No es más que un grupo de personas que se han puesto de acuerdo en creer el mismo delirio. Ya no confío en la ciencia".

El terciopelo me acaricia con ahogados susurros, son palabras entrecortadas que no comprendo, que no sé que significan, pero las hago mías, las guardo en algún lugar de mi mente pues sé que esas palabras reflejan lo que soy, en lo que me he convertido y en lo llegaré a ser.

La oscuridad, antes fluida, se va solidificando por partes, un proceso que me hace pensar en coágulos de sangre, en grandes coágulos negros que se hacen más espesos y pesados con el tiempo. La oscuridad me parece más aterradora ahora que toma forma.

El proceso de solidificación se detiene a medio camino y ahora me pierdo en una sustancia pegajosa, no puedo dejar de pensar en coágulos, en grandes coágulos brillantes y ante esta imagen tengo el súbito impulso de nadar, de nadar lejos y con todas mis fuerzas, nadar lejos de esta oscuridad que me agobia.

Mientras nado, un molesto zumbido se instala en mis oídos y hace eco dentro de mi cráneo, rebota de un lado a otro y reverbera contra los lóbulos de mi cerebro, escucho con toda claridad mi pulso y el dub-dub de mi corazón. Del más allá se escapa un gorgoteo mecánico que he aprendido a tolerar. A medida que el zumbido se intensifica, mis párpados pulsan y se retuercen por una razón que sólo ellos conocen, hasta que ya no aguanto más y tengo que cerrar los ojos, tengo que juntar con fuerza mis párpados y dejar que descansen y, al hacerlo, me hago conciente, sin quererlo, de lo cansados que estaban y lo mucho que necesitaban el descanso.

Sin embargo, algo inesperado sucede, las imágenes estallan dentro de mí, se atropellan y fusionan como si se tratase del fondo de una cascada. Los libros, las tuercas, el olor de las antigüedades, el dolor del golpe, la anticipación antes del grito, el júbilo de la victoria, la lección aprendida de la derrota, las rodillas raspadas, el sabor de un dulce, la rojez del rojo, la calidez húmeda de aquel beso, la sorpresa, el llanto, la angustia. De pronto la oscuridad, aunque inmensa e intimidante, me parece un lugar ideal, preferible a las imágenes y los recuerdos. Mi vida se pasea en desorden frente a mis ojos y cada brillo, cada hoja de árbol aplastada contra el pavimento, gatilla otras doscientas decepciones y otras quinientas alegrías hasta que toda mi vida ha sido empaquetada en una sola semilla de maravilla que sostengo entre mis dedos.

De pie en este inmenso aislamiento, me siento apenas un cascarón vacío, un "algo" que carece de esencia, un "algo" que está obligado a contemplarse por el resto de la eternidad con la semilla de su vida entre los dedos y nadie para compartirlo. Nadie a quien entregarle esta semilla, esta pequeñez.

Quiero correr, quiero gritar, quiero llorar, quiero hundirme en mi miseria, pero no puedo, lo único que puedo hacer es observar la semilla y pensar, pensar en las oportunidades que gané y en las que desperdicié, en las personas que amé y aquellas que ni siquiera me importaron, pensar en lo efímero de nuestra existencia, en lo insignificantes que son nuestras victorias y nuestras derrotas, nuestras esperanzas, pasiones y ensoñaciones. De pie en este inmenso lugar, sé que soy un cascarón vacío, un "algo" que carece de esencia. Y en mi condición vacía, dejo caer mi semilla, observándola hasta que se pierde en la oscuridad. Y sigo observando hasta que la oscuridad vuelve a ser un fluido inexplicable, una manta de terciopelo que me engulle y, sin saber cuando ni cómo, estoy cayendo.

El tiempo no me toca, el tiempo me elude o simplemente el tiempo no existe. Después de que un eón ha pasado, dejo de caer y una oscuridad áspera me engulle. Me hundo en una presión sofocante y árida, y allí me quedo, entre paredes arenosas de fuego, hasta que puedo escuchar el primer amanecer, antes de que siquiera existiese una atmósfera. Puedo escuchar como los rayos de sol queman los elementos a su paso y sentir en mi propia piel como los átomos chocan los unos con los otros hasta formar moléculas. Puedo oler los gases confabulándose entre sí. Puedo ver el cielo. Puedo oler las estrellas. Puedo escuchar como la vida crece a todo mi alrededor, pues yo soy la vida y la muerte. Puedo ver todo lo que es, ha sido y será. Puedo ver como los mares suben y bajan hasta encontrar el punto magistral. Puedo sentir, con cada fibra de mi ser, como los millones de colores se van mezclando y fusionando hasta hacer de sí un todo coherente, la brisa entre las ramas, el intenso calor sobre las piedras, la sobrecogedora soledad entre los riscos, la profundidad del abismo, la inmensidad de la noche, la perfección de la creación. Todo en este mundo es perfecto, todo en este mundo está dotado de una infinita hermosura y ha sido creado con un compás complejo, enrevesado, críptico, profundo e insondable, pues la vida es así, compleja y caótica, críptica e insondable.

Me siento escurrir entre piedras y hierbas, siento que fluyo hacia otro lugar y hacia otro tiempo, me siento ir y venir varias veces hasta que mi persona se estabiliza en un constante goteo que termina conmigo sosteniendo mi semilla de maravilla, la cual me recuerda, con cierta calidez, como los girasoles se preparan para el amanecer y como su cuerpo danza al ritmo del pulso luviolunar, el pulso sublime de la vida. Me siento una persona de nuevo, me siento una persona renovada, fina, elegante y hermosa. Siento que mi vida por fin vale algo, siento que mi vida al fin tiene un sentido. Contemplo mi vida bajo una nueva luz.

Una vez más estoy cayendo, pero ahora es lento y certero, ahora sé a dónde voy, miro hacia abajo y aún cuando sólo hay oscuridad, sé que al final de ella se encuentra mi casa, con sus piezas vacías y el teléfono que no para de sonar. No obstante, algo me detiene, es aquel sonido otra vez, ese penetrante gorgoteo mecánico, mas es distinto, su naturaleza es diferente, ha cambiado, ahora es plana y monosilábica, ya no es un gorgoteo, ahora es apenas un pitido agudo que me interrumpe el pensamiento.

Me vuelvo conciente de que tengo los ojos cerrados y lo corrijo inmediatamente. Abro los ojos para encontrarme con que estoy en mi habitación con las luces apagadas. Me doy media vuelta y el pitido monosilábico se pierde en mis recuerdos, entonces, pienso en la semilla y sonrío.

Ella está ahí y me mira con ojos inquisitivos, nos miramos por un rato hasta que ella me hace la pregunta, entonces yo, sin rodeos, le respondo.

"Vi a Dios".

Y pongo mi semilla en sus manos.

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miércoles, julio 18, 2007

Acumulando tonteras

*Listening: Silversun pickups - Melatonin *
*Mood: Tired as hell; caustic *


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En mi escritorio se acumula el polvo, las guías a medio leer, las pastillas y los implementos para hacer curaciones.

En mi pieza se acumulan las pelusas, los platos sucios, la ropa sucia y mis colaciones sin comer.

En mis chaquetas y abrigos se acumulan las monedas de poco valor, los pañuelos desechables usados y las boletas arrugadas de más de una semana.

En mi cuerpo se acumulan las toxinas, el ácido úrico, el cansancio y la falta de sueño.

En mi mente se acumulan las visiones, las ilusiones, las molestias y una que otra alucinación. Se dejan estar, además, las ideas, las creaciones y ese “algo” del que quería hablar.

Frase del día

En clases de Fundamentos, Errol con ganas de aliviar nuestro estrés sobre la desesperanza de algunos filósofos que negaban la existencia de Dios y al mismo tiempo hablaban de una humanidad que tenía carencia de ella.

“Pero no se preocupen por Schopenhauer, lo que pasa es que Schopenahuer no era un desesperanzado, ¡¡¡era un trágico!!!”

Y mejor ni les cuento lo que dijo del amor, pero les adelanto que incluía un 90% de tedio.

~~~

Olvídense de todo, olvídense del amor, de Dios y de ustedes mismos, lo único que importa es el fondo endotímico y el plano de lo vital con sus pinches carencias e impulsos, según los grandes filósofos… estamos todos jodidos anyway.


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domingo, junio 24, 2007

Desastres Express

*Listening: All across the world - Silverchair*
*Mood: Sick as hell *


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Hace días que vengo esperando un terremoto. Es extraño esperar algo así, quiero decir que sé que no es lo más común y corriente, aún cuando sé, o al menos intuyo, que puede ser normal esperar que algo así ocurra. En cualquier caso, llevo mucho tiempo esperando alguna catástrofe, algún aluvión, la caída de un avión en el patio de la casa (por cierto mi casa está directamente debajo de una ruta de aviación, así que es posible, improbable, pero posible). No estoy segura del porqué, en serio, no sé porque querría que algo así sucediese; se me ocurre que necesito algo trágicamente espontáneo y mortífero para darle sentido a este año, pero dudo que esa sea razón suficiente para matar a una porción substancial de gente, sería matarla casi por capricho. Si me dan a elegir, quiero un remezón grado 10, que las casas que están colgadas de los cerros de Valparaíso se vengan abajo y que la tierra se abra y nos trague a todos, que se trague como mínimo al 1% de la población y que luego, con un tiritón aún peor que el primero, quiero que la tierra se cierre sobre las horrorizadas expresiones de las pronto-a-ser víctimas fatales y los convierta en estadísticas mortales del movimiento telúrico más siniestro que ha azotado la región desde 1985. Eso sí, para ser justos, quiero que sepan que no me importaría ser una de las tantas víctimas fatales, lo explicito para que después no digan que les deseo la muerte a todos, menos a mi. Mis fantasías no son tan egoístas después de todo.

Sí, mi mente también me asusta a veces, pero así soy y así también me quieren… creo, espero, se supone… así dicen.

Hoy estaba bajando el capítulo 15 de House, Half Wit y se me vino la idea a la cabeza, vi como la pantalla se remecía ante este poder más grande que todos nosotros juntos, caía polvo del techo y las arañas corrían asustadas a esconderse entre los rincones y las grietas de la casa. Sublime, la escena completa fue simplemente sublime. Hasta la canción de fondo era perfecta -al menos para mí-; “I don’t like Mondays” de “The boomtown rats”, lo único que faltaba es que efectivamente fuese ¡Lunes!, ya veremos mañana si Dios decide cumplirme el deseo. En todo caso, si está muy ocupado matando gente en el Congo y ahogando niñitos en alguna playa paradisíaca, también puede enviarnos un tornado, aunque eso lo veo más difícil, ya que el último (y creo que único) tornado que ha habido en Chile fue bien lejos de donde resido actualmente y sé que sería mucho pedir que el tornado viajara desde el Estrecho de Magallanes hasta acá sólo para cumplir mi capricho… profecía, idea salvaje, como quiera que se llame lo que estoy pensando. Si pidiera algo así en serio, lo más probable es que mi petición se mostrara como “spam” en el mega computador celestial de nuestro señor Dios y que el tatita Dios ni siquiera se dignaría a leer mi súplica, bueno, profundizando un poco más el asunto, no creo que Dios mismo revise su propio mail, probablemente tiene a alguien que lo haga por él, algún subalterno, hijo de arcángel importante, de un “manda-más”, que necesitaba hacer una práctica y el papá le consiguió el puesto de “asistente de Dios”, eso sí que se tiene que ver bien en tu currículo, no hay quien pueda contra una carta de recomendación del Dios mismo, sin que importe mucho de que dios sea. Ya me imagino llegando a una empresa, esperando para la entrevista, dejando el currículo y luego esperando la cara de sorpresa del empleador.

“Dice acá que Dios cree que usted es un excelente trabajador”

“Sí, hice una pasantía para Él entre el 2004 y el 2005, es un buen ente divino, un poco olvidadizo eso sí, pero para eso estaba yo, para asegurarme de que nada saliera mal, es increíble como le subió la carga de trabajo después de las torres gemelas en EEUU”

“Ah… ¿me disculpa un momento? Tengo que hacer una llamada… ¿Seguridad? Tengo a un escapado del manicomio aquí…”


Ok, tal vez no sea tan buena idea tener una carta de recomendación de Dios, vivimos en tiempos terriblemente incrédulos y faltos de fe como para pretender que esto puede llegar a resultar. Ya es malo hablar con Dios, peor que te responda, pero ¿de ahí a haber trabajado para él y tener cartas de recomendación? No, ese salto es demasiado grande y yo ya estoy en el lado sano del río como para aventurarme de nuevo. No me queda otra, supongo que mi petición de “Desastres Express” tendrá que esperar.

En todo caso, le voy a preguntar a algún experto en la materia, de las razones por las cuales fantaseo con la destrucción masiva, lo más probable es que me catalogue de misántropo, pero creo que eso ya todos lo sabíamos ¿no? Ya veremos qué pasa.

Au revoir.

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domingo, junio 10, 2007

La rebelión de los juguetes

*Listening: El ventilador del PC... "suave" ^__^' *
*Mood: Tired, sleepy, sick: Triple Pack *


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El otro día me estaba acordando de una nana que tuve hace mucho tiempo, se llamaba (o llama, ya que no sé si está muerta) Nancy. Ella era grande, regordeta y de dedos ásperos, dormía en la que ahora es la pieza del computador y me parece que roncaba, de eso no me acuerdo bien, a veces me parece que sí y otras que no, la memoria tiende a fallarme en estos asuntos.

Un día venía con ella en la micro, camino a casa, no sé de dónde veníamos, ni la hora, ni el año, ni nada más que lo que voy a contar, es más, no voy a contar la historia exactamente como sucedió, si no que como la recuerdo. Y recuerdo que éramos las dos en la micro y era tarde. Yo llevaba un peluche, sí, eso lo sé. El peluche en realidad era un "ella", era un perro, pero con "a" y tenía una rosita de color rosado en la oreja izquierda -hablo en pasado porque sólo Dios sabe donde quedó ese peluche, un día decidió partir, desaparecer, desvanecer, cruzar el río y nunca volver-. Además de ser un "ella" y tener rosado, era un regalo de mi padrino de bautismo, aunque, a pesar del cariño que les tenía a mis padrinos, aquel peluche me desagradaba terriblemente (justamente por ser una "ella" rosada), sin embargo, a pesar del odio mutuo que nos profesábamos (yo sé que me odiaba, lo sé), íbamos dos humanas y el peluche camino a casa, nuestra casa. Teniendo en cuenta cómo he sido siempre de lógica/práctica/obsesiva con estos asuntos, me tinca que salí a la calle con ese peluche porque lo odiaba y, como lo odiaba, si se perdía o se ensuciaba no era grave. En cambio, Copito... Copito era intocable, pero esa es otra historia para otra ocasión.

No sé qué pasó en la micro, recuerdo los asientos de cuero sintético que se pegaban a las piernas, por lo que deduzco que iba con pantalones cortos o, tal vez, era invierno y lo que se me pegaba a las piernas era los pantalones mojados. Independiente de eso, nos bajamos, eso lo recuerdo bien, nos bajamos y caminamos las dos cuadras que nos separaban del hogar y, cuando por fin llegamos y me hube lavado la cara y las manos, vino la terrible angustia de saber que había perdido un objeto. El peluche se me había quedado en la micro, ¡en la micro! ¡Yo!, que casi nunca pierdo cosas en la calle. No obstante, en la casa no estaba, no, se me había quedado allí, en esa lúgubre micro que pasaba a cuadras de mi hogar... o tal vez antes, tal vez el viaje en micro no fue de a tres, tal vez había sido un viaje de a dos, tal vez la pérdida, el extravío, el secuestro, la abdución ¡el rapto!, había sido horas antes, mientras caminábamos por no-sé-dónde..., lo único seguro en ese momento era que había perdido un peluche, un peluche que no era amado, que tampoco era querido ni estimado, pero que era mío y, por ser mío, iba a ser extrañado de igual manera.

Me sentí mal, me sentí pésimo, algo que después supe se llamaba "alma", me pesaba, algo dentro de mi dolía y no podía encontrar que era. No me acuerdo si lloré, probablemente sí, antes lloraba por todo, no como ahora, que las lágrimas son más simbólicas y rabiosas que antes, que queman cuando caen y son pocas. Si me preguntan que es lo más probable que haya sucedido, yo creo que lloré, que sollocé y que también cerré de golpe alguna que otra puerta, pero a ciencia cierta... no, no lo sé.

Esa noche me fui a acostar con un gran pesar, pensando en las atrocidades que probablemente sucedían (y aún suceden) de noche; me imaginé a mi peluche vagando las calles solo, triste y abandonado, mientras que mis otros peluches me miraban fijamente desde las repisas, en especial Bugs y Copito, quienes compartían una dura mirada de reproche colectiva y a ellos se les unían el resto de mis posesiones. "El soldadito de plomo" se asomó, apoyado en un bastón improvisado, hasta el borde del librero, enrabiado por la confirmación de los rumores que ya se pasaban de un cuento a otro, de cuaderno en cuaderno, de caricatura en caricatura. Todos cuchicheaban y se miraban entre ellos, cruzaban miradas cargadas de rencor y otros tantos de sobrecogimiento, en especial los más sensibles, como "Peluche n°1" (él nunca superó mi bloqueo mental a la hora de ponerle nombre). Aquella noche fue larga, me revolvía entre las sábanas presa de la culpa, atormentada por las imágenes de mi peluche bajo la lluvia, siendo despedazado por un dobermann o confundido por basura por el "viejo del saco". Cuando por fin pude conciliar el sueño, mi conciencia y mi alma ya habían sido marcadas para toda la vida.

La siguiente mañana reinaba el silencio en la casa. Afuera había un sol pálido e inerte, que aún así lograba colarse por las ventanas y los resquicios de las puertas. Mis peluches estaban callados, los soldaditos de plástico estaban formados en línea, firmes en su desgracia, pero sentía sus ojos sobre mi. Olía la traición, olía la sospecha, el miedo, la tensión antes del motín. En sus profundos ojos de plástico podía ver el terror, el pánico, podía sondear dentro de sus cascarones animados y leer sus pensamientos; si había olvidado a uno de ellos, ¿cuánto faltaría para que a otro le sucediera lo mismo? "¿iba yo a ser el próximo?", se preguntaban. Lo olía, lo sentía, lo leía en su lenguaje corporal; el fin estaba cerca.

Al saludar a mi Capitán General noté que los pequeños rifles de todo el escuadrón estaban cargados y que el soldadito de plomo llevaba su sable, un sable que nunca antes había sido descolgado de su sitio de honor. Una mala señal. "El Guardián", mi fiel perro de felpa, me observaba cabizbajo desde los pies de la cama; él ya se había resignado a mi triste destino.

Caminé cautelosamente hasta la puerta de mi habitación y la cerré tras de mi. Por el espacio que quedaba debajo podía ver las sombras alargadas de la rebelión de juguetes, presa del terror corrí a la pieza de mi nana, entré y paré de golpe a los pies de su cama. Entonces, un destello rosa me llamó la atención, sobre el escritorio, este mismo desde donde escribo ahora, estaba mi peluche. Con la sorpresa olvidé que mi nana estaba dormida y salté sobre la cama para alcanzarle, con la conmoción Nancy se despertó y me dijo algo que nunca olvidaré: "Anoche la salí a buscar, la encontré en el Terminal", luego, sin más, se dio media vuelta y comenzó a roncar.

Sin siquiera derramar una gota de sangre, ni sacarle el relleno sintético a alguien, la rebelión completa se había solucionado, ¡más!, nuestras vidas completas habían mejorado; ya más nunca sufriríamos la pérdida de alguien o algo, pues entre nosotros vivía una buja (de las buenas), una bruja disfrazada de niñera. Una bruja con un disfraz que era tremendamente convincente, un disfraz que te envolvía en abrazos interminables y te acariciaba la cara con dedos ásperos y pasados a cloro. No, ya más nunca habría desesperanza entre la comunidad de juguetes, pues desde ese día estábamos bajo la protección de los oráculos y los dioses, desde ese día, éramos el pueblo elegido.

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sábado, junio 02, 2007

All across the world

*Listening: All across the world - Silverchair *
*Mood: Cold ó_ò *


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Resulta que ya salió el último disco de Silverchair, Young Modern y me enamoré de esta canción, busqué la letra en internet y me dediqué a escucharla un par de docenas de veces y le encontré un par de errores, así que acá les dejo, para los fanáticos, la lírica con las debidas correcciones y una traducción libre un poquitín más abajo.

Para los que quieran saber más, pueden pasar por el sitio de fans más grande que he visto en mi vida Silverchair.nu o por la página oficial y si lo suyo es la info rápida, pasen por Wikipedia para tener una visión más global de toda la carrera de Silverchair. Para mi, este disco es mejor que Frogstomp y Diorama en el sentido de las melodías, los arreglos y obvio, la voz de Daniel Johns.

Sin más, acá están, la lírica y su traducción.

"All Across The World" - Silverchair
Álbum: Young Modern (2007)


Underneath the shelf cracks appear in thick enamel
In this lapse excuse for wasting time
I wait for signals shooting stars
I'd scrape through every branch
Coz I need to come down

Underneath the home
I lived in I was a page in someone's book
And no one asked me why
The page was fifteen stories high
I'm underneath that home wondering why

All across the world
There are things we need to forget and forgive
Sometimes we have to try and shed the damage we don't need
Oh justice shake your head
I'm wasting my time

We can break this drought
Wanna tell ya that I love ya I need ya in the night
Sometimes I get so fool
I wanna tell ya I'm feeling alright
I'm shaking to the bone
And on my way home

Adjust an omen at the door
Singing baby wont you please get a hold without it
And while you sit there on the phone tell me baby
I'm a liar you don't seem to care what I care about and baby it's a shame
To be wasted

All across the world
There are things we need to forget and forgive
Sometimes we have to try and shed the damage we don't need
Oh justice shake your head
I'm on my way home



Traducción libre por Narcoleptic_ll

Debajo del estante, grietas aparecen en grueso esmalte
En este desliz, perdóname por perder tiempo
Espero por señales de estrellas fugaces.
Aprobaría apenas cada ramo
Porque necesito caer.

Bajo el hogar
En el que vivía, era una página en el libro de alguien más.
Y nadie me preguntó por qué
La página era de 15 historias de alto.
Estoy bajo ese hogar preguntándome el porqué.

A través de todo el mundo
Hay cosas que necesitamos perdonar y olvidar
A veces tenemos que intentarlo y dejar salir el daño que no necesitamos
Oh, justicia sacude tu cabeza
Estoy camino a casa.

Podemos acabar con esta sequía,
Quiero decirte que Te amo, Te necesito en la noche
A veces me pongo tan tonto
Quiero decirte que me siento bien
Estoy tiritando hasta el tuétano
Y en mi camino a casa.

Ajusta un augurio a la puerta
Cantando "Baby, no podrías controlarte sin aquello"
Y mientras te sientas en hablando por el teléfono, dime baby:
"Soy un mentiroso". No parece que te preocupase lo que a mi me importa y es una pena
Que se pierda.

A través de todo el mundo
Hay cosas que necesitamos perdonar y olvidar
A veces tenemos que intentarlo y dejar salir el daño que no necesitamos
Oh, justicia sacude tu cabeza
Estoy camino a casa.


Cualquier cosa, no teman, no muerdo ni amenazo de muerte (o similares), me dejan un comment y encontraré la manera de ayudar.

Cariños a todos.

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miércoles, mayo 30, 2007

Un intruso a las 4

*Listening: Space Monkey - Placebo *
*Mood: Combo n°2=> Tired having a headache *


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Entro al living y arreglo las cortinas del ventanal que da a la puerta de calle, en eso, un punto rojo me llama la atención, me doy vuelta parcialmente para seguir el haz de luz. Resalta entre los ladrillos pintados de blanco como un brillante diamante entre el carbón. Vuelvo a seguir el haz, sólo que ahora en la dirección contraria. Todo esto me toma un octavo de segundo, cuando llego con mi mirada hasta la cortina, me toma otro octavo de segundo descifrar lo que está sucediendo. El punto rojo, el haz de luz, el hombre en el patio. Me tiro al suelo y me las arreglo para llegar a la cocina, para llegar al único lugar de la casa que es a prueba de balas y, mientras cruzo el pasillo, veo como otros tantos puntos rojos se desplazan por las paredes buscando su objetivo.

Me llevo las manos a la cintura en busca de mi Glock y, junto con la desesperación, me llega la imagen de mi pistola sobre la cómoda, donde la había dejado un par de minutos atrás. Cautelosamente me asomo al pasillo y lo que veo me desconcierta, o es más bien lo que no veo, lo que me desconcierta; no hay más rayos láser atravesando la casa en busca del objetivo, aguzo el oído en busca de algún indicio y me extraña escuchar el ronquido parejo del perro, si ni siquiera el Max se ha despertado pues entonces todo este asunto no debe haber sido muy grave. Sin entender mucho lo que está pasando me pongo de pie y me aventuro hasta mi pieza, donde la Glock 19 descansa.

En eso, un teléfono suena fuera de este mundo y a un auto le rechinan los frenos en la calle, con un pequeño sobresalto me despierto y apago la tele.

En verdad tengo que dejar de pensar en la trama de Sergei Korsakov.


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jueves, mayo 24, 2007

Actulizaciones otra vez

*Listening: Pierrot the clown - Placebo *
*Mood: Sleeeeeeeepy *


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Cortito, 5 blogs nuevos

(1) Alberto Montt: Que dibuja las idioteces que tiene en su cabeza.
(2) Capítulo treinta y tres: Pequeñas historias con grandes ilustraciones.
(3) El mal humor: Tiras cómicas, verdades y otras payasadas.
(4) La banalidad del Mall: "Eso mismo" (y les juro que lo estoy citando).

(5) Marmara: Una muchacha argentina que cuenta entre esbozos de su propia vida, la llegada de sus abuelos a Argentina, un largo viaje en barco desde Rusia.


Además, les cuento, el blog de Ice Maiden cambió de nombre, es más, hasta la autora cambió de nombre (ahora es Rain Raven), para seguir leyendo lo de ella pueden dirigirse a Rain-letters

PD: Si hay algún link malo o algo que no funcione em avisan, porque tengo la sensación de que algo hice mal, pero por más que reviso no lo encuentro. ó_ò?

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martes, mayo 22, 2007

Update n°20 y algo XD

*Listening: El ventilador del computador (que por cierto va a despegar)*
*Mood: Tired and sleepy => Combo N°1*


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Últimamente he andado super floja con esto de postear, casi todo mi tiempo libre lo he dedicado a nutrirme con los blogs amigos de aquí y en la quebradada del ají, desde el norte Chile hasta el sur de Chile dando la vuelta al mundo en sentido contrario al más obvio pensable para lograrlo y mantenerme al día, el poco tiempo que me "sobró" de tales hazañas, porque creánme, balancear el tiempo de estudio con el tiempo de ocio para leer los casi 100 posts que se me habían acumulado en google reader más los otros 30 y algo mails que tenía que contestar fue todo una hazaña, o fazaña como diría mi estimado Lothar Daisuke y mucho antes de él mi no tan estimado, pero siempre muy bien ponderado, Quijote. Estoy segura de que muchos posts los vi, me dieron ganas de comentar, pero el pepe grillo que tengo en el oído me decía "Che, tenés que hacer el trabajo; Che, tenés que estudiar; Ché, tenés que dormir" y como este diminuto personaje cada día se hace más grande haciene difícil poder seguir diciéndole diminuto, ni modo, a puro hacerle caso no más.

Para los que están lejos física y espiritualmente y han querido saber de mi y no los he pescado ni en bajada acá les va el resumen de mi existencia en las últimas tres semanas y seis días:

Todo partió con un leve dolor de cabeza y la típica nariz húmeda que son los claros signos de resfrío que se te viene encima, después, todo esto creció rápida y silenciosamente hasta convertirse en una sinusitis que me tenía por los suelos del ánimo y la lucidez (hasta que conocí nuevos fondos, pero eso va más adelante). Sin embargo, la sinusitis se sentía sola, así que la acompañé con una fuerte dosis de Antibióticos, que sin bien parecía ser la mejor opción, terminó siendo el verdugo final de mi triste historia.

Después de la sinusitis, al tercer día de antibióticos, vino la faringitis aguda que evolucionó rápida y escandalosamente a unos dolorosos (y doloridos) pulmones obstruidos, no estando contentos con eso se convirtieron en pulmones llenos de líquido y después de muchos machitúnes y drogas (lícitas y prescritas) volvieron a su estado "anormal-pero-aguantable" de simples pulmones obstruidos. Para poder limpiar eso estoy en tratamiento con unos deliciosos jarabes con control de estupefacientes que me tienen al borde de la muerte por atropellamiento, caída, volada, etc, constantemente, a esto se le agrega un inhalador de similares efectos y descongestionantes de bajo calibre (en comparación al jaraba y el inhalador). Semi-solucionado el problema respiratorio, vino el de los antibióticos que detruyeron mi flora bacteriana que terminó derivando en otras infecciones que ya ni vale la pena mencionar.

En una síntesis del resumen, no he andado enferma, he andado suuuuuuper enferma, con el ánimo por el suelo y la capacidad cognitiva también, es cosa de preguntarles a los pobres infelices que se han sentado cerca mío en estos pocos días que he ido a clases; de mi boca salen pavadas y estupideces que en algún momento soñaron ser coherentes, fuera de eso... nada que valga la pena reproducir.

Aparte de eso les cuento que apenas vuelva a tener tiempo, que por cierto esto es una excepción porque metí mi patita (con zancos y hasta el cuello) y anduve incapacitando mi pendrive, que ahora estoy arreglando y como esto demora, entre "enter" y "enter" me vengo para acá a escribir un par de líneas. Pronto agregaré más links a la sección con blogs que se dedican a ilustrar con humor y otros con un poco más de crítica. Esperando en la consulta de ya-no-me-acuerdo-que-doctor encontré una revista con varios datitos interesantes y los que planeo linkear fueron los que más me llamaron la atención y, seamos honestos, los que alcancé a tipear con mis dedos cansados en un SMS que ocupo de block de notas en mi (in)útil celular. Además, quiero adherirme a la fiebre del WEB 2.0 y su "perpetual beta", así que le he robado tiempo al tiempo del tiempo del tiempo y he estado diseñando botoncitos y otras tonteritas, lo que me tiene loca es el código y los pinches widgets de blogger, en casi 5 meses he avanzado 3/4 del trabajo total y es de mi agrado informar que hasta el momento, a duras penas, he estado ganando la batalla contra lo poco que se de: HTML, web 2.0, java, XML y un largo etcétera que no vale la pena explicitar.

Y eso sería, tengo millones de cosas más que decir, es más, hasta quería quedarme un poco más con la excusa del pendrive, me hubiese gustado hacer un post más personal que reflejara mejor mi estado actual de ánimo (aceptamos apapachos a fecha hasta 30 días) y mis nuevas percepciones con respecto al mundo universitario en el cual no sé si me estoy metiendo o me están metiendo a la fuerza, lamentablemente, como ya dije antes, este PEPOTE grillo me está cantando en al oreja que es tarde, que hace frío, que tres ricas drogas me están esperando y que de plano mis pulmones ya no dan más, hay un límite de tos que te puedes aguantar, esto ya rebasó ese límite con creces y la multa se viene grande, menos mal que mañana me levanto más tarde y el jueves estamos en paro, pero en otro momento les tendré que contar todas esas otras hisotrias y las miles de mini-historias que se me han ocurrido (valga decir, he alucinado) en estos últimos días.

Cariños a todos, gracias por llegar tan lejos leyendo tantas pavadas =)

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miércoles, mayo 16, 2007

En el andén

*Listening: Dark Globe - Placebo*
*Mood: Sleepy =_=*


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Le robo tiempo al tiempo para contar lo siguiente:

Hoy en el metro, casi atropellan a una pequeña de cinco años (app.) y ¿por negligencia de quién? dirán ustedes, pues de nadie, fue una de esas cosas fortuitas que sólo pasan y nadie quiere que pasen.

Estaba llegando el tren a la estación de Viña del Mar y una señora con su hija esperaban detrás de la linea amarilla, como la mayoría.

El tren comienza a frenar, los pasajeros se acercan a la puerta, el tren aún no se ha detenido y la chiquitita se acerca y pone el pie en la pisadera. ¡Horror! Pues el tren aún no se ha detenido y la chiquitita sin más se resbala y comienza a caer entre el borde del andén y el tren mismo. Un chico que estaba cerca atina y la agarra del polerón y por debajo del brazo, la mamá de la niña también atina y la agarra de atrás.

Por suerte, todo terminó en un susto de esos que no se olvidan jamás. Ya en el tren la niña lloraba desconsolada en los brazos de la mamá, que le hacía cariños en la cabeza y le decía que por eso le tenía que hacer caso, que ella no le gritaba ni la mandaba por molestarla, si no porque quería lo mejor para ella.

Me alegra tanto saber que algunas historias sí tienen finales felices.

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jueves, mayo 10, 2007

De abrigos mafiosos y otras voladas

*Listening: A beautiful lie - 30 seconds to mars*
*Mood: Dreamy*


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¿Alguna vez les he contado sobre mi abrigo negro de la mafia? ¿No? Hubiera jurado que sí, vamos, les cuento, resulta que tengo un abrigo negro que es 50% lana y 50% viscosa -lo que quiera que sea eso, que por cierto trae a mi mente variadas imágenes de Pegajoso de los caza fantasmas y una sustancia de dudosa reputación que encontré una vez en el espejo del baño de básica de mi colegio-. Este abrigo no tiene en realidad algo especial; tiene botones, se abrocha hacia la izquierda y posee una graciosa capucha que pretende ir bien asegurada al resto del abrigo por medio de cinco botones, de los cuales permanecen efectivamente abrochados, sólo dos. Sin embargo, cada vez que me pongo este abrigo mi manera de percibir el mundo cambia; de pronto un grueso acento italiano toma posesión de mi monólogo interior y trato a todo y todos como si estuviesen a favor o en contra de la “Cosa Nostra”, de ahí que este simpático acento italiano sea en realidad Italo-Americano, lo cual nos lleva a una mega batalla de la correcta pronunciación entre el castellano, el inglés y el italiano, pero ese es otro desvarío para otra ocasión.

Ayer, miércoles 9 de Mayo, ocupé este abrigo para ir al doctor, al otorrinolaringólogo, para ser más específicos. Frente al espejo, mientras me arreglaba la bufanda, ya podía sentir como el poder de la “bota” italiana me subía por la columna obligándome a enderezar notoriamente mis hombros y espalda, el pendrive que llevaba a cuestas, rápidamente se convirtió en una Beretta de 9mm y mi bufanda en un lujoso y costoso pañuelo de seda, los guantes ásperos de acrílico que me tenía que poner para apalear al frío, se convirtieron en excelentes guantes de cabritilla y el chofer del colectivo mutó mágicamente en mi chofer personal, quien, con pausada somnolencia, me llevó hasta la estación del metro; la persona que iba al lado era el consiglieri de una familia del sur.

Mientras el viaje duró discutimos algunos delicados asuntos sobre dinero con el consiglieri y finalmente nos fuimos por caminos separados para despistar a la policía. Ser el capo de una familia no es fácil, siempre hay que estar huyendo para conservar la vida y no siempre hay tiempo para realizar todas las fechorías que uno desea.

Ya en el metro tuve mi segunda reunión del día, con otro capo: Pietro “Pocas Preguntas” Scalise. Para quienes estén interesados, a el señor Scalise le dicen “Pocas Preguntas” por su hábito de disparar primero y preguntar después, años atrás, antes de convertirse en el jefe, solían decirle Pietro “Gatillo Feliz”. Él mismo optó por que lo llamaran “Pocas Preguntas” pues consideró que el nombre inspiraba más miedo que cualquier otra combinación de palabras que osara llevar “feliz” en ella.

Estábamos pasando un momento de maravilla recordando los tiempos pasados, recordando cuando íbamos a los muelles a deshacernos de cuerpos o aquella vez que quemamos una discoteca para encubrir un negocio de armas (nada dice mejor “buenos días” como el olor de la madera chamuscada por la mañana, hasta el día de hoy esa es una esencia que tengo grabada con fuego en mi cerebro), estábamos de lo mejor cuando en la estación Hospital, se subió Joe “Sonrisa” Provolone. Un hombre imponente que frisa en los 50 años y ostenta con gran orgullo una cicatriz que va de oreja a mentón. Un hombre hecho y derecho, importado directamente desde Sicilia en los ‘90. Se refugió en Buenos Aires por un tiempo luego del asesinato de Enrico “el ministro” Dominicci a manos de Vitto Provolone, medio hermano Joe “Sonrisa”.

Nos saludamos a la usanza europea y compartimos nuestros asientos, los guardaespaldas de “Sonrisa” Provolone se sentaron a un par de metros de distancia mientras mis chicos coordinaban con el equipo estacionado en Miramar, llegaríamos en menos diez minutos y la seguridad es siempre una prioridad.

De lo que hablé con los otros capos, me temo que no hay siquiera una coma que pueda repetir.

Ya en Miramar, salí al frío dispuesta a caminar las 10 cuadras que me separaban de mi cita con el doctor, que por cierto, ahora era una cita con un consiglieri del otro bando, con quien estaba tratando de llegar a un acuerdo para dejar de matarnos entre nosotros; mi plan era ofrecerle el 40% de las ganancias al otro capo (Johnny “Cien Pasos” Fonseca), con tal de que me asegurara el poderío de toda la zona Oeste de la región. Iba muy atareada pensando en esto cuando un tipo, que guardaba cercanas relaciones biológicas y estructurales con un gorila, se me plantó en frente. De inmediato supe que era una emboscada, me di vuela en 180° sobre mi talón derecho y me escondí detrás de uno de mis guardaespaldas, en menos de una fracción de segundo comenzó el tiroteo, mi otro guardaespaldas se interpuso entre una bala y yo, salvándome así la vida. Los del bando del gorila recrudecieron sus ráfagas adjuntando gritos salvajes, me pareció ver un par de balas trazadoras mientras me escondía tras un auto mal estacionado.

Al verme sobrepasada por mucho en fuerza bruta y armamentos decidí correr por mi vida, partí hacia el Este por las calles más concurridas. Con la bufanda me limpié la sangre que me había saltado a la cara y estrujé la Beretta con la otra mano, a la espera de mis ejecutores. Fue entonces que noté que la vida de un capo era un tanto peligrosa para mi, por tanto opté por enterrar ese alter-ego, al menos hasta que me recuperara de mi faringitis aguda. En consecuencia, dejé de apretujar el pendrive, le subí a la música que llevaba y atravesé el estero rumbo a Centromed. Siempre muy confiada de que no había una banda de mafiosos tras mis pasos.

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