domingo, abril 08, 2012

Lo intransformable del recuerdo

*Listening: crickets*
*Mood: Profoundly sad*


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Leyendo unos escritos de una mujer sobre su lucha con un trastorno alimentario, sobre su historia con éste a través del tiempo desde hace más de 12 años, miré para atrás y volví a sentir -de golpe y porrazo-, la profunda soledad de mis años formativos. Me cuesta pensar mucho rato en ello. Tratar de hacer sentido de lo que simplemente carece de explicación lógica, de explicación suficiente. La rabia de saberte coherente y ver como otros te atribuyen estados y pensamientos. De saber qué quieres, pero carecer de las palabras para explicarlo. De que te confundan por algo que no eres. De que te griten sin razón aparente. De que te humillen porque la costumbre lo dicta así. De que te miren en menos por tu género. De que la gente se sorprenda de que después de todo -de todas las explicaciones, de todos los discursos, de los conocimientos y los logros académicos-, sigues siendo un niño y aún así, se niegue a tratarte como tal.

Justo, y apropósito de eventos y coincidencias que van formando la experiencia, una persona que en su momento fue muy querida para mí me dijo hacer un par de días "y ya después de muchos años tú contaste lo que te había pasado, tus cuitas de ese tiempo... pero uno después se olvida y se queda con lo bueno *suspira*, no tenemos otra opción más que quedarnos con lo bueno".
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