sábado, enero 07, 2012

*Listening: Mitavi - Ashita Tenki no Naare*
*Mood: Sleepy - Happy*


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Qué terrible esto de llegar a la recta final del cuarto de siglo y que todavía te gusten las cosas de cabros chicos. Me es simplemente imposible no alucinar con los dinosaurios, tengo en mi celular el ringtone de la TARDIS de Doctor Who y una aplicación que emula el sonido de las espadas láser de Star Wars, con la marcha imperial de fondo y todo. En mi mochila rara vez faltan los juguetes; Cubo de Rubik, MasterBalls, autitos, dados de 6 y 10 caras. En mi mesita de noche se pasean títulos de antaño como Las Aventuras de Tom Sawyer, cualquier Papelucho que esté a la mano (con la gran excepción de Papelucho y el Marciano, porque todavía me da pánico estornudar y que me salga un marciano por la nariz) y en mi celular la versión electrónica de Las Brujas. Mis cuadernos suelen tener portadas de los Looney Tunes o en su defecto, pegatinas de ellos. Jamás he podido acostumbrarme a escribir con lápiz pasta, es porta minas 0.7 o tinta gel 0.5, pero bien a lo lejos y usualmente sólo en las pruebas. No tengo Tipp-ex desde séptimo básico, que me decidí a nunca más escribir con lápiz pasta aunque me bajaran puntos en las pruebas (y así fue y tres profesores por separado trataron de hacerme “entrar en razón”, pero la comodidad a la hora de escribir no la paga nadie, ni siquiera las buenas notas).




En mi clóset tengo un transbordador espacial (de peluche), una linterna de dínamo que armé yo misma, una caja de herramientas, un peluche de Tigger (de Whinnie the Pooh), un oso escocés y una cebra que hace ruidos extraños. En el baúl de los juguetes, que aún frecuento, están mis peluches de Bugs Bunny, mi Rey León (hecho por mi abuelita, thank you very much) y otros conejos que durante mucho tiempo fueron mis héroes.

Es difícil llegar a esta edad y aún así mantenerte fuerte y firme en tus gustos y preferencias, es difícil defender ante otros “adultos” que tu verdadera pasión literaria sean los libros de Roal Dahl y que resolver un Cubo Rubik en tiempo récord, te ayude a devolver el equilibrio al universo. La gente se ríe como si fuese el mejor chiste cuando digo quiero aprender a andar en skate o que mi serie favorita de los últimos tiempos (que ya ha llegado a su temporada final) es Avatar: The Last Airbender y que me muero por un Appa de peluche. Los otros “adultos” no saben valorar el niño que llevan dentro… y se nota.

Por lo que me han dicho y por lo que veo en otros, estos deberían ser mis últimos meses de pensar en dinosaurios y venerar a los velociraptors, de ver monitos animados (especialmente los orientales), de escuchar música japonesa, de decir que mi libro favorito es Tom Sawyer y que me identifico plenamente, hasta la fecha, con Papelucho (sí, por culpa del Casimiro, casi muero).

Y olvídense de ir con zapatillas a mis exámenes semi-formales, no hay nada que te marque de manera más obvia como una persona inmadura y que no merece el título de “adulto” que aparecerte en un examen oral con zapatillas y pulserita de caridad colgando de tu muñeca. Simplemente “nadie puede.”

Excepto que yo pude. Y haciendo cosas como esta, rehusándome a dejar de maravillarme con la vida cotidiana y a dejar de lado mi curiosidad implacable me he topado con gente maravillosa que ha vivido su vida completa de esta manera, me he topado con gente muy interesante y exitosa que atribuye su éxito (en su carrera, otra veces como padres, otra veces como humanos decentes) a la curiosidad implacable, al darse cuenta de las sutiles diferencias dentro de la rutina, al tomarse las cosas con humor y una sonrisa al no permitir ser asimilados por el resto de los “adultos”.




Tal vez para algunas personas madurar significa dejar de ver TV animada, ponerse traje y corbata, zapatos incómodos y discutir temas actuales, como la bolsa de valores y el estado general de la economía mundial. Y esto también es válido, para muchos, pero para mí, madurar es saber cuidar a tu niño interior y saber cuándo dejarlo salir.

He dicho.

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1 comentario:

Tsung dijo...

creo que nunca perdemos esa conexión con la infancia, ya que por algo surgieron programas como 31 minutos y según los estudios, mayoritariamente quienes lo veian eran los adultos.
De hecho conozco a un mexicanote (un csm del banco) que el wn es fanático de 31 minutos(y tendrá sus 50 años???), compró en méxico las 2 primeras temporadas, y cuando vino a chile compró la tercera... Lo malo para él es que no encontró la película (sí, soy fan de 31 minutos tb).
Así como 31 minutos, hay otras series como los 80 (no sé si alguna vez viste algún capítulo) que la gente la ve porque recuerda su infancia, sus momentos felices cuando chicos, cuando se rompían las rodillas, cuando andaban en bici por la calle, cuando se comían el milo (o colacao), cuando ver tele o farándula no era importante, cuando te bañabas en un rio lleno de guarisapos, etc...

Nadie quiere crecer, porque a medida que crece se va desencantando de la vida, las cosas se van complicando, y si bien se conocen nuevas experiencias, el tiempo que tienes es mejor aprovechado cuando eres chico.

A todo esto te odio, porque me hiciste recordar que pronto haré cambio de folio... u.u

Cariños!