sábado, marzo 19, 2011

Sueños Frikis

*Listening: Captain Crash & The Beauty Queen From Mars*
*Mood: Ecstatic*


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De vez en cuando tengo sueños raros. No hay otra manera de llamarles. Son simplemente raros. Llenos de situaciones improbables y enajenantes. Conejos gigantes. Colores pastel y óleos como principal elemento estructural. Figuras proféticas. Palabras inventadas. Mundos completos que se crean y destruyen en un abrir y cerrar de ojos. Como dije antes, sueños raros, paradójicos, enajenantes y la mayoría de las veces, fabulosos.

Pero el de anoche no lo pondría dentro de esta categoría, o al menos no del todo. Yo más bien diría que fue friki. A secas. Soñé que andaba en Valparaíso con mi nueva mochila de gringo (por lo grande y vistosa) y de la nada, en la esquina de Uruguay con Victoria, me salía un tipo equis; sin cara, sin nombre, nada particular o sobresaliente de él. Y me daba un empujón y trataba de asaltarme. A lo que yo hacía caso omiso, pensando en toda la gente que teníamos alrededor, en que él no llevaba nada como para poder pegarme. Entonces, preferí hacerle el quite y tratar de seguir caminando. Pero este estúpido decide darme una cachetada en la mejilla izquierda, y es tan fuerte el golpe que me da vuelta la cara y me deja el oído sonando con un pitito eterno. Ahí veo rojo. De una manera bastante literal, porque todo mi sueño pasa por un filtro magenta y la ira me hace hervir la sangre y el vapor me sale por los poros. Es tanta mi rabia, que apenas me doy cuenta de cómo me fracturo los dedos al tiempo que le fracturo el hueso zigomático a mi cuasi-asaltante. Es un solo golpe, directo a su mejilla izquierda y así, de la nada (o después de todo eso), estamos en el suelo peleándonos como hermanos (o enemigos) de toda una vida.

Se arma la tole-tole. Las viejas gritan, los caballeros gritan, los niños lloran. Entre la multitud escucho alguien que grita por carabineros y al poco rato siento manos extrañas que me sacan de encima. Otro alguien, uno distinto, dice que lo vio todo, que el tipo en el suelo me estaba tratando de asaltar. Los (no tan) caballeros se envalentonan ahora que el asaltante está en el suelo y le empiezan a pegar. Pero el tipo no se mueve, está a duras penas consciente y a mí me corre como una agüita fría por la espalda. Si siguen así ¡lo van a matar!.

Ahora soy yo la que grita y por DIOS cómo grito. Mi voz es un rugido que pasa cual estampida por encima de todos los demás para poder defender a mi asaltante. Finalmente carabineros llega y de ahí en adelante tengo puras imágenes sueltas que cuenta más o menos lo que viene después. Me veo firmando papelitos en la comisaría y firmando más papelitos en un juzgado. Me veo en el hospital. Me veo en la sala de rayos X. Me veo mirando hacia una sala común en dónde mi asaltante apenas se ve debajo de tantos moretones. Al final, me veo explicándole a un profesor de la U porqué tengo la mano vendada. Y le digo, justo cuando ya siento que me estoy despertando, que el sueño se me va y de a poco me reencuentro con la realidad; “me siento culpable, es verdad que si este tipo no me hubiese pegado primero, yo jamás me hubiese siquiera enterado de su existencia, pero siento que se me pasó la mano. Cuatro costillas fracturadas, un pulmón perforado, el zigomático hecho trizas. De verdad me siento mal. No quiero ir a juicio. Quiero que este tipo salga luego del hospital y pueda seguir viviendo su vida, para que yo, en una de esas, pueda seguir viviendo la mía”.

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