sábado, noviembre 14, 2009

CUENTACUENTOS, más que sólo contar una historia

Para poder completar los créditos y requeimientos necesarios para obtener mi título de Licenciatura en Psicología debo, entre otras cosas, aprobar al menos dos AFG (Asignaturas de Formación General), una de ellas es Taller Cuentacuentos. En este taller nos pidieron que escribiésemos sobre la teoría detrás de contar un cuento, lo que está a continuación es el trabajo que yo entregué.

Ojalá que les guste y de verdad espero que me digan lo que piensan al final.

(¿muy largo para leerlo en línea?, descárgalo desde Narkito's World)


Para contar un cuento se necesita más que una historia y alguien dispuesta a contarla –a pesar de que esto es también vital-; se necesita todo un desarrollo previo, en el cual se analiza la historia que queremos contar. En esta parte vamos a identificar los hitos de nuestro relato dentro del contexto de un inicio, un desarrollo y un final, es decir, vamos a identificar el esqueleto del cuento, la médula, la parte dura que no es modificable, lo que hace que esta historia sea esta historia y no otra.

Sobre este esqueleto vamos a edificar el resto del cuento, sobre este cimiento agregaremos los distintos detalles que le dan sabor, cuerpo y emoción a nuestro relato. Analicemos un breve ejemplo; si la historia fuese la de Romeo y Julieta, nos encontraríamos con que hay ciertos momentos u ocurrencias que tienen que suceder para que esta sea efectivamente la historia de Romeo y Julieta (a quienes en lo sucesivo, nos referiremos afectuosamente como R y J, respectivamente). Estos sucesos harán avanzar la trama y propondrán obstáculos a sobrepasar. En la Trágica Historia de R y J, uno de estos hitos es el que se conozcan; si no se conocen, no se enamoran; y si no se enamoran, no tenemos nada que contar al respecto; por lo tanto se deben conocer. Además, el cómo se conocen es también importante, pues R entra a una fiesta de la familia de J a escondidas y sin saber que ella es una Capuleto; familia rival, jurada a muerte de los Montesco (núcleo familiar al que él pertenece). Se enamora a casi primera vista y allí se besan por primera vez. Importa que se conozcan en una función social de los Capuleto, porque a partir de esto Teobaldo encuentra su excusa para saldar cuentas previas con los Montesco, pero no necesariamente tiene que ser una fiesta (aunque para el efecto de este ejemplo, vamos a mantener la escena de la fiesta). Este es nuestro hito, algo que debe ocurrir sí o sí.

Lo que no es importante es exactamente qué hacen para conocerse. En una versión un tanto más moderna (que probablemente haría que Shakespeare se revolcara en su tumba) R y J se conocen en la fiesta de Noche de Brujas de la familia de J a través del Bluetooth de sus celulares. R se acerca a J y le pregunta si quiere bailar, a lo que J responde que mejor que no porque “igual están tocando como puros lentos y me da lata”, “la dura” le dice R, totalmente flechado por la belleza de J “a mí igual no me gustan mucho los lentos…. Oye, y… ¿qué signo eres?”. “Piscis”, le responde ella y a nuestro querido R casi le da un ataque al corazón; de toda la vida que ha sido fanático de los peces y ahora por fin ha encontrado un ejemplar que no desea cazar, si no que pasarse la vida mirando. ¿Cursi?, probablemente, ¿sobreactuado?, definitivamente, pero ciertamente útil para ilustrar el argumento que estamos tratando de establecer.

¿Logramos que R y J se conocieran?—Sí. ¿Logramos que fuese una función social para poder mantener las motivaciones del resto de los personajes?—Sí. Por lo tanto, hemos mantenido el esqueleto de la historia y hemos construido sobre éste un lindo encuentro “moderno” con detalles que no estaban en la historia original. Hemos cumplido nuestro objetivo.

Ahora que tenemos historia, la hemos analizado, identificado su esqueleto y decidido más o menos qué vamos a construir sobre este esqueleto, ha llegado el momento de contar nuestro cuento. Porque son dos cosas muy distintas aprender a contar cuentos y preparar la situación y/o lugar dónde vamos a contar el cuento. Para ello hay una serie de pasos y elementos que debemos tener en cuenta antes de que siquiera llegue el momento de contar. Para empezar hay que tener claro dónde y cómo vamos a contar la historia, porque no es lo mismo hacerlo a viva voz en un auditorio que cuenta con una construcción que favorece la acústica y la propagación del sonido; a hacerlo en un escenario al aire libre que está por sobre metro y medio de las cabezas de los espectadores, lugar dónde el sonido se dispersa rápidamente y pierde alrededor de 6 decibeles (dB) por cada metro que avanza. Por lo que es necesario visitar el lugar de la presentación antes de la presentación misma, hacer una prueba de vestuario, asegurarnos que nuestros zapatos no se van a deslizar ni que se van a quedar pegados; dificultando el movimiento y eventualmente atrayendo la atención del público no hacia nuestra historia, si no que a nosotros mismos y nuestros intentos por no caernos y hacer millonario al dentista de turno. Por lo mismo es recomendable también ocupar ropa que nos acomode y que no distraiga al público.

Antes de la presentación en sí, es recomendable calentar el cuerpo y la voz, ponernos en un estado físico y mental que nos invite a hablar, a vibrar y hacer vibrar al público con nuestro relato, a involucrarnos física y emocionalmente con nuestro cuento, con nuestros personajes y por supuesto, con nuestro público. Por eso ya en la presentación, lo primero que hacemos es instalarnos y tensar los hilos que nos conectan al público, vincularnos con la audiencia, decir de alguna manera “hey, estoy aquí y tengo algo que decir”, abrir el cuerpo, dejar que la historia fluya y proyectar la voz, dejar que hasta la última persona del público sepa de lo que estamos hablando sin masacrar nuestras cuerdas vocales en el proceso.

Importante es destacar que al contar un cuento lo hacemos desde nosotros mismos, no desde un personaje, soy yo, Caro Gómez (en este caso particular) quién les cuenta la Trágica Historia de Romeo y Julieta, no yo con una máscara, no yo como personaje mágico, no yo como Flautista de Hamelín. Si no que yo, Caro Gómez, la misma que va a clases casi todos los días, toma no más de 200ml de Coca-Cola a la semana y detesta el color rosado, yo, la que se pone hiperactiva y dispara 500 palabras por minuto cuando consume mucha azúcar, la que le hace nudos ciegos a las zapatillas y después anda lloriqueando porque va a tener que cortar los cordones originales para poder cambiarse de zapatos.

Además, cuando estamos en el escenario hacemos uso de él. A pesar de que nos vamos a encontrar con que algunas partes de nuestros relatos son más lentos y pacíficos y nos invitan a cesar el movimiento y fijar la mirada al frente, no puedo pensar en historia alguna que me gustaría escuchar contada íntegramente de esa manera. No, porque cuando hablamos –no en el contexto cuentacuentos, si no que en la vida real—, nos movemos, fijamos la mirada en las personas con las que estamos hablando, nos conectamos con el exterior y luego volvemos al interior cuando la emoción lo pide, cuando la memoria lo exige, cuando es necesario contar algo desde adentro en vez de desde afuera. Tenemos vida, somos personas dinámicas y, como estamos contando la historia desde nosotros mismos y no desde un maniquí con movimientos limitados, es nuestro deber para con nuestro público actuar con naturalidad y dejar que ellos también se sientan parte de nuestra historia; pues debemos recordar que cerca del 70% de la comunicación está compuesta por el paralenguaje, que no es lo que decimos en palabras, sin lo que decimos con nuestros cuerpos, valga decir, gestos, movimientos, cambios de posiciones.

Al principio puede parecer muy difícil cumplir con todo. Parece difícil contar desde uno mismo una historia fantástica y que pocas probabilidades tiene de darse en esta dimensión. Como sucede con “La historia interminable” de Michael Ende, porque no es un escenario que se de comúnmente, no es una “realidad” con la que interactúo frecuentemente, como para saber cómo contarla desde mí y no desde un alter ego que pretende saber de qué está hablando. Sin embargo, todos los días contamos historias que no nos pertenecen, de las que no somos parte activa y protagonista, lo hacemos cuando hablamos de nuestro amigo que nos contó que su primer diente de leche lo perdió a los cuatro años de un portazo en la cocina de su tío, o cuando le relatamos rápidamente las críticas que hizo tal o cual filósofo a una teoría en psicología, a nuestro compañero que una vez más ha olvidado que eso también entraba en la prueba. Lo importante, a pesar de que parezca difícil, es seguir adelante, prepararse, pensar al respecto, no dar por sentado que todo va a salir mal, practicar el ponerse en un estado psicoemocional-físico que nos permita abrirnos a la experiencia y dejar entrar también a otros. Enriquecer nuestros relatos desde nuestras experiencias y en el proceso, enriquecernos nosotros también con la experiencia de crear nuevos mundos a través de la palabra-voz-acción, que al fin y al cabo se unen como si se tratasen de una sola dimensión, al estilo tiempo-espacio de Einstein, porque no hay ninguna presentación que sea igual a la anterior (de la misma manera que jamás en la historia del universo habrá otro 12 de Noviembre de 2009), porque aunque contemos una misma historia cien mil veces, siempre van a haber detalles que van cambiar y que van a estar constantemente cambiando a medida que más nos compenetremos con nuestros protagonistas y nos conectemos con distintos públicos, o simplemente porque esta vez R y J tal vez se conocieron en el babyshower de una amiga de Universidad y, si bien sus familias eran rivales, no eran ni millonarias ni renombradas, sólo tenían pizzerías en la misma cuadra y luchaban por el monopolio de la hora del almuerzo. Pero esa historia es para otra ocasión.


4 comentarios:

Rain Raven dijo...

Notable!

Muy tú, dijiste lo que era necesario sin aburrir ni un momento, y tambíen informaste adecuadamente de varias variables que conviven en el asunto. Espero que haya cumplido su cometido según la/el profe.

Me gusta mucho eso medio "innapropiate" que metes siempre, lo que parece que no debe ir ahí, pero que queda bien. Casi te veo riendote tras el teclado.

Saludos <3

Narcoleptic_ll dijo...

La verdad, verdad, es que casi lloro detrás del teclado, casi un mes tratando de decidir qué hacer, ya que era formato libre, siempre y cuando fuese escrito, al final, en el pánico de último minuto, traté de imaginarme que estaba escribiendo para el blog... y salió esto.

Nunca antes me había fijado en el aspecto "inappropriate" de mis escritos x)

Gracias por el insight, sos un genio! =)

Rain Raven dijo...

Oh wow, eso de trabajar bajo presión sirve pero no es bueno acostumbrarse. Y de hecho si noté que era muy parecido a lo que publicas por acá.

Bueno, eso innapropiate no es tan así, es cómo... enfrentar un estilo bien meditativo y formal contra imágenes cotidianas que rallan en lo desagradable o algo de plano simple pero poco común.

Y definitivamente no soy un genio xD.

Narcoleptic_ll dijo...

Oh, Marion, si yo digo que eres un genio, eres un genio, pk estás llena de genialidades y ya, simplemente acepta el cumplido.

Y sobre lo otro, supongo que me quedé en los 5 años, todavía juro que a todos les gusta escuchar cosas asquerosas y el teatro de lo absurdo, sólo que lo administro en pequeñas dosis a la vida diaria...


creo.

Tengo tuto, me voy, los otros comments los respondo mañana, ne?

TKM