lunes, marzo 02, 2009

No sé decir adiós (aunque a veces digo hasta luego)

*Listening: Vangelis - La petite fille de la mer*
*Mood: Obsessed*

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No sé si a ustedes les pasa, no sé que tan parecidos o desiguales podamos ser, no sé si sienten la misma debilidad por las letras y una buena intriga como yo, tal vez sí, tal vez no, en todo caso sólo lo mencionaba porque me quiero sentir conectada con alguien que no sea yo misma, después de dos largos meses de vacaciones ya me estoy aburriendo de mi propia voz; no la que reverbera en el aire, si no más bien la que se tira contra las paredes de mi cabeza. En todo caso, eso no es lo que quería decir, no es mi intención hablar de voces dentro o fuera de mi cabeza, aunque las hayan (y muchas), no, yo quiero preguntar si es que a alguien más le pasa lo que me pasa a mí, como dije antes, quiero conectar, quiero saber.

En estos últimos siete días leí cuatro libros pertenecientes a la misma saga, la saga en cuestión no es de importancia, ni tampoco si es que los libros me gustaron o no, lo que importa es si a alguien más le pasa lo mismo que a mí, si alguien más siente una punzada de melancolía cuando llega al final del libro y se da cuenta de que todo ese mundo al que perteneció -al que pertenecí- por una docena de páginas, o por quinientas o por mil, va a desaparecer en el momento exacto que llegamos a la línea final. A mí me pasa que cuando leo me salgo de este mundo, me desconecto; comer, beber, abrigarse, ir al baño, moverse, estirar las piernas; todo eso me parece irrelevante cuando leo, puedo empezar un libro, leer, leer, leer, terminar el libro y recién levantar la cabeza para darme cuenta de que se me pasó la mañana, la tarde y gran parte de la noche, que el día ya está bien entrado en la madrugada y yo todavía sin salir de la cama. Es como mirar por la ventana ver que está de día, agacharse a recoger algo y volver a mirar para encontrarse con la desconcertante sorpresa de que ya es de noche. Cuando vuelvo a este mundo, después de que he pasado por el túnel, por el agujero de gusano en mi camino de vuelta, siempre, siempre, siempre, termino con una puntada de angustia, de melancolía, de tristeza, de duelo en el cuerpo y esa es la parte que me preocupa.

Recuerdo haber leído “La historia interminable” cuando estaba en cuarto básico, me demoré 12 días. ¡12 días!, me parece imposible demorarme hoy 12 días en eso, pero en fin, en ese tiempo mis sesiones de lectura estaban esparcidas en saludables porciones de 2 a 3 horas por día, para así evitar cansar tanto la vista y obligarme a hacer deporte y otras nimiedades; lo que de alguna manera, yo supuse, me prevenía de sumergirme tanto en el mundo del libro que a su vez haría de la separación una experiencia considerablemente menos dolorosa, sin embargo 12 días después, aún cuando la inmersión no fue completa ni tan absorbente como otras veces, recuerdo haber levantado la vista al terminar la última línea y haber pensado “no sé qué hacer con mi vida ahora”. Así nada más, sin adornos, sin quitar ni poner, no sabía qué hacer con mi vida, no sabía a dónde ir después de todo lo que había sucedido.

Recuerdo haber sentido cómo las fibras que me conectaban con Fantasía se iban cortando, se estiraban entre dos mundos que naturalmente no pertenecían –ni pertenecen- juntos y al final con un suave “ploq” la conexión dejaba de existir. En su momento me sentí como un color pálido y sin vida; el amarillo desvanecido que todas las constructoras prefieren a la hora de empapelar, un color sin importancia, que no requiere mayores compromisos, uno más del montón con el que combinan todos, un color con el que sin dudas nadie tendría mayores problemas, un buen color que complementara el escenario de fondo. Y mientras mis ojos reaprendían las curvas y los olores de este mundo, mientras se enfocaban en mis compañeros de curso persiguiéndose por el patio, comprendí que mi relación con la lectura iba a ser una dolorosa y enfermiza, porque no me podía mantener lejos de los libros, ni, cuando irremediablemente tuviese que dejarlos de vuelta en la repisa, la separación me iba a dejar de doler, pues desde la última línea en adelante, todos mis amigos iban a estar del otro lado, en otro mundo, en otra dimensión y eso era una idea que no podía soportar, una idea espeluznante y macabra, algo que me debía esforzar en remediar. Pero todos mis esfuerzos fueron en vano, leer, no leer, leer sólo un poco, leer mucho, olvidarse, recordar, distraerse y concentrarse, todo me parecía dar igual, porque al final, sin importar cuánto lo intentara, podía escuchar como todos los vínculos se iban debilitando hasta romperse con un suave “ploq” como último vestigio de su existencia.

Así que, después de un par de años, comprendí que iba a volver una y otra vez al único lugar dónde sabía que la iba a pasar muy bien, la lectura era… no, es mi droga, es la actividad que me transporta a un mundo en donde mis sentidos van a golpear el tope del éxtasis y atravesar hacia lo más alto sin mayores dificultades, un lugar de emociones intensas y de excesos, un sol que sólo sabe brillar y nunca da un paso atrás. Supe unos 47 libros después de mi pequeña epifanía con “La historia interminable” que no habría forma de escapar y, al mismo tiempo, supe que estaba bien con eso, que estaba de acuerdo, que aceptaba mi destino, aún cuando al terminar el viaje, al llegar a esa infame última línea, iba a haber una caída libre sin red de seguridad hasta aterrizar de vuelta en este mundo sin vida al que pertenecía. La experiencia en sí es como estar medio ciego, ver todo fuera de foco y alegrarse, porque, hasta dónde llega nuestro conocimiento, somos portadores de un par de ojos excelentes, somos los privilegiados de la manada, 20/20 y hasta los astronautas te tienen envidia, pero en cuanto ponemos un pie en el otro extremo del espectro, en cuanto nos despegamos de este mundo que creemos está lleno de vida y color nos damos cuenta de que en realidad vivíamos en un mundo gris y alicaído, y entonces vemos de verdad, recién entonces tenemos los ojos positivamente abiertos, en su plena capacidad de percibir la información de la que dispone, es como mirar a través de un prisma y notar por primera vez en la vida que existe un octavo color al final del arco iris y después, al final de esta apasionante aventura, tener que volver al otro mundo de golpe y porrazo, no importa cuanto nos concentremos aquí, los colores del otro mundo siempre van a ser más brillantes, y aún cuando podamos ver versiones un poco desteñidas del otro mundo, siempre habrá un color que aquí no existe en absoluto.

Había tomado mi decisión y me había resignado a vivir con las consecuencias, y de eso no me arrepiento, no me arrepiento de acompañar a Papelucho en sus aventuras ni de haberme reído en el funeral de Tom Sawyer que al final terminó siendo falso, no me arrepiento de los osos polares adictos al Champagne del Diario Íntimo del Correcaminos, ni de los detalles que bordeaban en lo morboso de las novelas de Val McDermid, Wodehouse se convirtió en un ejemplo a seguir a la hora de buscar risas y Hugh Laurie me sorprendió con su primera y única novela sobre un traficante de armas. No me puedo arrepentir de haber leído lo que he leído, de lo bueno, de lo malo y todo lo que está entre medio, pero sí necesito saber si a alguien más le pasa, si alguien más siente los efectos de la abstinencia, la necesidad física y mental de estar acurrucado en algún lugar con un libro entre los dedos, la familiaridad con la que tratamos a los personajes, las segundas y terceras voces preguntando “¿en qué estaba pensando el autor cuando escribió esto? ¿o es realmente al autor a quién debo culpar? ¿esto es sobre el autor o sobre el personaje?”, y es que, ¿han intentado hacerse las mismas preguntas en una conversación real, cara a cara con el jefe o el profesor de turno o el director de la escuela?.

¿Me entienden? ¿Comprenden lo que quiero decir? ¿Alguna vez se han sentido así? ¿Alguna vez han sentido esas punzadas de angustia o de melancolía o de algo después de terminar un libro? ¿Echan de menos las aventuras, los amigos, los caminos, el sonido de las vestimentas cuando se rozan al caminar por la plaza atestada de personas, todas congregadas para ver el paso de los gitanos y sus inventos?
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3 comentarios:

victor dijo...

una chica joven, con montones de preguntas sobre ella misma, respuestas para las cuales no encuentra. Eso ocurre a todo el mundo. Pero aqui pareciera mas una evasion de la realidad? No se,pero es un tanto desconcertante aferrarse a vivir mundos pintados por otros a traves de libros. No tengo el know-how, ni soy profesional de nada de modo que no puedo opinar,sino considerar y a lo mejor solidarizar y desear que la miña que se hace preguntas honestas se decida a vivir la realidad alrededor de ella, la realidad de las gentes que la rodean, que la quieren o que no la quieren. Cada uno conoce su historia a su manera, por lo menos sabe quien es, quienes son sus padres, sus amigos, amigas. Basta todo eso? Es decir, hay creacion, motivacion, deseos, inspiracion, curiosidad en su vida creada o formando parte de su entorno..o pr el contrario hay lagunas, desidia,
desinteres? La mujer hace al hombre y este a la mujer, es lo que creo firmemente. Tambien en que los padres hacen a los hijos,
no hablo de concepcion biologica...
Material hay sin duda, existen asaltos reales al problema, a tratar de encontrar la respuesta, o sea, la inquietud funciona y eso esimportante. Talvez olvidarse un poco de uno mismo, pero no para abandonarse sino para descansar de uno mismo, sin esperar nada, mente en blanco y si esta no puede estar en blanco contar ovejas por tiempo cada vez mas largo...a ver cuanto dura, y que pasa al final de la cuenta. Ojala pudieramos encontrar la o las respuestas. Buena suerte...

Rain Raven dijo...

Hola, me reencontré con tu blog al inscribirme en los feeds de blogger. Y vaya, me ha encantado lo que escribiste (casi siempre me pasa).

Quiero tratar de poner mi granito de arena y... responder de forma positiva tu pregunta, creo que es maravilloso lo que te pasa, doloroso, pero único y delicioso. Recuerdo -vaya coincidencia- que con La historia Interminable, sentí un frío especial luego de terminarlo; una soledad o un vacío, creo que no era algo realmente doloroso, pero sí mi vida quedaba en un evidente y desconcertante vacío por unos minutos. No puedo recordar otros casos, sí me recuerdo llorando justo antes de terminar un libro sobrecojida por la mescla de la emoción del climax y la sensación de termino (creo que eso me pasó con Cien años de soledad) "¿y ya no hay más?" me preguntaba muchas veces.

Pero, no obstante, creo que la intensidad de la conección con el otro mundo que llamas tú, se desdibuja cada vez más para mí, pero sí a los libros les sigo agarrando una suerte de cariño maternal, es como si las palabras cobraran con mi devoradora vista y al cerrar la tapa, ese mundo renacido volviera a extinguirse.

Carito, no sé sí lo que me pasa a tí y a mí será similar, supongo que en este aspecto yo presento una gana de emociones muy diferente y menos intensa, pero creo que sí hay gente que le pasa eso, gente de verdad enamorada de las letras y de la capacidad de estas para transportarte y elevarte a mundo antes insospechados.

Ya, me fuí demasiado en la profunda quizás. Sólo quería aportar. Ahora con más livianidad quiero decirte que te quiero mucho y espero -de verdad, verdad, verdad- lo mejor para tí este año y los siguientes. Cuidate y espero saber más de tí proximamente!

XOXO!

Minerva McGonagall dijo...

SWEETIEEEE first of all HAPPY BIRTHDAAAAAY!!! (I'm the woman from the future you know) I LOVE YOU BUNCHES AND MORE BUNCHES AND WHEN YOU THINK I FINISHED I LOVE YOU MORE.

I want to read the whole thing but i am about to go to classes but i'll do it later tonight cause, I HAVE THE SAME FEELING WHEN I FINISH A BOOK :'( I even try to slow down on purpose because i know when i finish the book i;m reading everything will be over. I's to depressing!!!! :'(

Ok i have to head to classes now.
MUUUUUAAAAAAAAAAAAAAH
I LOVE YOU