miércoles, enero 16, 2008

Porridge

*Listening: Oscar Peterson - Hymn to Freedom*
*Mood: I believe I can fly*


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“¿Le echas miel y después qué?”

“¿Miel? ¿Por qué miel?”

“¡Qué no lleva miel te dicen! El porridge no lleva miel”

“¿Quién dice que no?”

Yo lo digo. Es mi sueño así que no lleva miel”

“¿Estás segura de que es un sueño?”

“Sí”

“¿Cómo lo sabes?”

“Es mi sueño, creo que lo sé, de la misma manera que sé que yo soy y no soy tú”

“OK, OK, pero ¿es un sueño-sueño, de esos en los que te duermes con la TV prendida mientras piensas en la cantidad de mondadientes que caben dentro de una ampolleta, o es el sueño-no-tan-sueño, de esos en los que en realidad estás en la semi-inconciencia despierta luego de tomarte una pastilla para el dolor de cabeza y en realidad estás imaginando que tienes una conversación interior, con quien quiera que esté dispuesto a seguirte el juego y llevarte la contraria, al tiempo que alguien del exterior te cuenta sus cuitas y pesares?”

“Emm, la verdad es que no lo sé, podría ser cualquiera de los dos, ¡es más, no sabía que había una diferencia!”

“Pues sí, hay una diferencia como en todas partes, como en todos lados, lo mismo que con el porridge,

“¿Ah?”

“Miel”

“¿Miel?”

“Sí, miel”

“¿Miel?”

“Miel”

“¿Miel-miel?”

“No, sólo un ‘miel’. ‘Miel’ a secas, una palabra tan imponente como los epítetos y apodos de los gángsteres de antaño, pues quién pudiese olvidar a Enrico ‘el ministro’ Dominicci o Joe ‘Sonrisa’ -que por cierto fue acusado de cómplice en el asesinato de ‘El ministro’.

Es sólo un ‘miel’, un ‘miel’ a secas.”

“Ajá, y ¿qué se supone tengo que entender con eso?, ¿ah?, ¿serías tan amable de explicar, de exponer, de elaborar?. ¿Serías tan amable de darle sustancia a tus palabras, de echarle levadura a tus significados, de agregarle sintaxis a tus oraciones y de poner los acentos, tildes y énfasis donde corresponde cada uno.

Miel, miel, ¡miel! dices como si fuera una palabra portadora de verdades y conocimientos tan antiguos que parecerían nuevos de ser revelados. Miel, miel, ¡miel! dices como si fuera la respuesta a todos mis miedos e interrogantes. Miel, miel, ¡miel! dices como si algo tuviesen que ver con gángsteres de antaño y homicidios de crónica roja ¡BAH!. Dime, ¿qué tiene que ver la miel con el deshielo, el calentamiento global o las tostadas siempre cayendo por el lado de la mantequilla?. Dime tú, gran conocedor de mitos, leyendas y verdades, ¿qué tiene que ver la fuerza de gravedad y la mala suerte con la miel?. Dime, por favor, dime; ilumíname con tu sabiduría y cognición, explícame cuál es la importancia, relevancia y/o notabilidad de la miel en nuestras vidas, además del botulismo y la intoxicación por polen de rododendro. Explícame ¡oh, elegido!, ungido de entre los seres superiores y divinos, explícame qué tiene que ver la miel con el porridge, cuando son dos sustancias que se mantienen tan heterogéneas como el agua y el aceite. No, nada tienen que ver la una con la otra, ¡oh elegido, ungido, iluminado y trastocado!, NADA, rien de rien, ¡nothing!. ¡MIEL MIS POLAINAS!”

“Me temo que lo que tu media contraparte quiere decir, mi estimada amante de las diatribas, es que en el Oriente Medio, el porridge, comúnmente, lo comen con miel.”

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