jueves, diciembre 06, 2007

LLanto enfermo

*Listening: Beethoven - Piano Sonata N°21 Op.53 "Waldstein"*
*Mood: Bored to death*


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Con rabia observo como los ojos se me llenan de lágrimas. No quiero llorar. ¡No quiero llorar!. Porque, ¿de qué me sirve llorar?: de nada; ya no hay castigo, perdón, alivio ni consuelo que pueda nacer del llanto. Si lloras, todos te preguntan que pasa y las cuitas se hacen más grandes, pesadas y tangibles. Las lágrimas lo vuelven real. Las prefiero; mis cuitas, pesares y molestias; cuando son invisibles, cuando se manifiestan casi poéticamente en el atardecer de fuego del verano o en el verde pálido de las ociosas tardes de suspiros; es una poesía trágica, es un dios griego condenado a soportar el peso del mundo, es un campeón condenado a pagar por su heroísmo desmedido, es un dolor que hiere y sana al mismo tiempo, es como un verso perfecto en el centro milimétrico del sin sentido.

No quiero llorar. Me rehúso terminantemente a hacerlo, me rehúso a manifestar físicamente mi descontento, decepción y/o desesperanza. Prefiero que, como una estrella que se está muriendo, se colapse sobre sí mismo todo esto que estoy padeciendo, toda esta amalgama de extrañas experiencias que con dolorosa calma me va recorriendo.

No quiero llorar, me digo por enésima vez; y no lo hago. Me niego a llorar porque me aburrí de las lágrimas y de su salado destino; así que me detengo, freno todos los mecanismos y me prometo que de ahora en adelante mis lágrimas serán privadas y prohibidas, me prometo que las lágrimas serán, en el futuro próximo, sólo un mal recuerdo. Me permito soñar que hay algo más grande que esto y, por último, me prometo que las nuevas lágrimas serán expiadas con la pluma y el delirio.


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