domingo, junio 24, 2007

Desastres Express

*Listening: All across the world - Silverchair*
*Mood: Sick as hell *


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Hace días que vengo esperando un terremoto. Es extraño esperar algo así, quiero decir que sé que no es lo más común y corriente, aún cuando sé, o al menos intuyo, que puede ser normal esperar que algo así ocurra. En cualquier caso, llevo mucho tiempo esperando alguna catástrofe, algún aluvión, la caída de un avión en el patio de la casa (por cierto mi casa está directamente debajo de una ruta de aviación, así que es posible, improbable, pero posible). No estoy segura del porqué, en serio, no sé porque querría que algo así sucediese; se me ocurre que necesito algo trágicamente espontáneo y mortífero para darle sentido a este año, pero dudo que esa sea razón suficiente para matar a una porción substancial de gente, sería matarla casi por capricho. Si me dan a elegir, quiero un remezón grado 10, que las casas que están colgadas de los cerros de Valparaíso se vengan abajo y que la tierra se abra y nos trague a todos, que se trague como mínimo al 1% de la población y que luego, con un tiritón aún peor que el primero, quiero que la tierra se cierre sobre las horrorizadas expresiones de las pronto-a-ser víctimas fatales y los convierta en estadísticas mortales del movimiento telúrico más siniestro que ha azotado la región desde 1985. Eso sí, para ser justos, quiero que sepan que no me importaría ser una de las tantas víctimas fatales, lo explicito para que después no digan que les deseo la muerte a todos, menos a mi. Mis fantasías no son tan egoístas después de todo.

Sí, mi mente también me asusta a veces, pero así soy y así también me quieren… creo, espero, se supone… así dicen.

Hoy estaba bajando el capítulo 15 de House, Half Wit y se me vino la idea a la cabeza, vi como la pantalla se remecía ante este poder más grande que todos nosotros juntos, caía polvo del techo y las arañas corrían asustadas a esconderse entre los rincones y las grietas de la casa. Sublime, la escena completa fue simplemente sublime. Hasta la canción de fondo era perfecta -al menos para mí-; “I don’t like Mondays” de “The boomtown rats”, lo único que faltaba es que efectivamente fuese ¡Lunes!, ya veremos mañana si Dios decide cumplirme el deseo. En todo caso, si está muy ocupado matando gente en el Congo y ahogando niñitos en alguna playa paradisíaca, también puede enviarnos un tornado, aunque eso lo veo más difícil, ya que el último (y creo que único) tornado que ha habido en Chile fue bien lejos de donde resido actualmente y sé que sería mucho pedir que el tornado viajara desde el Estrecho de Magallanes hasta acá sólo para cumplir mi capricho… profecía, idea salvaje, como quiera que se llame lo que estoy pensando. Si pidiera algo así en serio, lo más probable es que mi petición se mostrara como “spam” en el mega computador celestial de nuestro señor Dios y que el tatita Dios ni siquiera se dignaría a leer mi súplica, bueno, profundizando un poco más el asunto, no creo que Dios mismo revise su propio mail, probablemente tiene a alguien que lo haga por él, algún subalterno, hijo de arcángel importante, de un “manda-más”, que necesitaba hacer una práctica y el papá le consiguió el puesto de “asistente de Dios”, eso sí que se tiene que ver bien en tu currículo, no hay quien pueda contra una carta de recomendación del Dios mismo, sin que importe mucho de que dios sea. Ya me imagino llegando a una empresa, esperando para la entrevista, dejando el currículo y luego esperando la cara de sorpresa del empleador.

“Dice acá que Dios cree que usted es un excelente trabajador”

“Sí, hice una pasantía para Él entre el 2004 y el 2005, es un buen ente divino, un poco olvidadizo eso sí, pero para eso estaba yo, para asegurarme de que nada saliera mal, es increíble como le subió la carga de trabajo después de las torres gemelas en EEUU”

“Ah… ¿me disculpa un momento? Tengo que hacer una llamada… ¿Seguridad? Tengo a un escapado del manicomio aquí…”


Ok, tal vez no sea tan buena idea tener una carta de recomendación de Dios, vivimos en tiempos terriblemente incrédulos y faltos de fe como para pretender que esto puede llegar a resultar. Ya es malo hablar con Dios, peor que te responda, pero ¿de ahí a haber trabajado para él y tener cartas de recomendación? No, ese salto es demasiado grande y yo ya estoy en el lado sano del río como para aventurarme de nuevo. No me queda otra, supongo que mi petición de “Desastres Express” tendrá que esperar.

En todo caso, le voy a preguntar a algún experto en la materia, de las razones por las cuales fantaseo con la destrucción masiva, lo más probable es que me catalogue de misántropo, pero creo que eso ya todos lo sabíamos ¿no? Ya veremos qué pasa.

Au revoir.

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