domingo, marzo 04, 2007

(Des)evolución tecnológica

*Listening: Black box recorder - Child psychology *
*Mood: Tired + sleepy *


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A veces me da la impresión de que, como humanidad, éramos más sabios en el pasado, de que nuestras culturas sabían mucho más de lo nosotros sabemos ahora, es cierto, no tenían microchips, ni computadores, ni libros digitales, pero se conocían mejores a sí mismos y como funcionaba el cuerpo. Sin telescopios lograron, los Mayas por ejemplo, hacer calendarios y predecir eclipses, desarrollaron también, de manera independiente, el concepto del "cero" en el 36 AC (antes de Cristo). Nosotros, en cambio, tenemos guitarras eléctricas, trenes rápidos, dinamita y pantallas de LCD.

A veces, y cada vez más seguido, me asusta pensar en el espíritu del ser humano, pues me parece que la gran mayoría se va con los falsos profetas, me parece que desde hace mucho tiempo estamos decayendo y, como si fuera poco, nos estamos regocijando en nuestra (des)evolución tecnológica. Nos estamos dejando atrofiar.

No tengo nada en contra de la tecnología ni el uso de ella; es el abuso lo que me desconcierta, lo que a veces me enoja un poco. Es el hecho de que los jefes, compañeros, familiares y amigos, te puedan perseguir hasta el baño con el teléfono celular, que si entras a un local, la música está tan fuerte que para hablar hay que saber hacerlo con señas o leer los labios. Me da un poco de lata por los niños que no saben lo que es perderse en el cerro con lluvia, ir a recoger moras, hacer guerras de agua en la calle con todos los vecinos o irse en patota a andar en bicicleta, me da lata porque muchos de ellos se lo están perdiendo por estar en MSN, viendo TV o jugando "play". Estamos dejando que se atrofien. En aras de una cultura "fast", donde todo lo queremos ¡ahora, ya!, estamos dejando que nuestros cuerpos se atrofien y lo que es peor, creo yo, estamos dejando que nuestros espíritus se atrofien, estamos dejando que el estrés y la pastillita cada doce horas rijan nuestro modo de pensar y vivir, en eras de esta maldita cultura "fast", donde todo se hace rápido, nos estamos muriendo igual de rápido. En aras de una rapidez que se suponía nos iba dejar más tiempo para disfrutar de la vida, de nuestras familias, de nuestro ocio, nos estamos matando... ¡y pobre de aquel que no esté dispuesto a sacrificarse por el dinero y la rapidez!.

¿No es terrible acaso?

Y es que nos hemos enamorado de todas las cosas que destruyen a los hombres, nuestra simplicidad terminó hace mucho tiempo, cuando para conseguir la mejor nota copiamos, cuando humillamos al de al lado para sentirnos mejor con nosotros mismos, cuando pisoteamos al compañero para quedar bien con el jefe, cuando nuestras prioridades cambiaron tan drásticamente que el que pide en la calle es indudablemente un flojo y no se merece nuestra solidaridad.

En serio me asusta pensar hasta que punto somos capaces de influenciarnos por las lucecitas neón y los sonidos sintetizados, por los brillos multicolores y las melodías pegajosas. Hemos olvidado que había un tiempo en el que el hombre veneraba al sol y a las estrellas, un tiempo en que la sal era una moneda de cambio, en el que el tren a vapor era lo máximo, en el que las tardes de lluvia se pasaban haciendo sopaipillas o "calzones rotos", en el que con los amigos se iba a tirar piedras al estero y se jugaba a las escondidas, en el que la Coca-cola era sólo para cuando venían visitas y en el que las casas en los árboles no se veían sólo en las películas.

En Chocolatte, que acá tengo mal etiquetado como "tiéntate" (me acabo de dar cuenta), di con un artículo que habla del libro digital, no, no de ese que se baja de Internet en formato PDF si no de uno más cercano al de Penny, la sobrina del inspector Gadget, un libro con pantallas delgadas y flexibles que asimilan al papel satinado. Esto me hizo recordar un cuento que leí en cuarto básico, un cuento que aparecía pobremente ilustrado en mi libro de Castellano, antes de que le cambiaran el nombre y apellido por "Lenguaje y comunicación", un cuento que hablaba del futuro, un cuento que hablaba de tele-maestros y tele-libros, de escuelas y cursos por TV, ¿les suena?.

Después de una exhaustiva búsqueda supe que ese cuento es de Isaac Asimov y se llama "The fun they had".

Margie incluso escribió sobre eso en su diario aquella noche. En la página encabezada "17 de Mayo de 2157", ella escribió, "Hoy, ¡Tommy encontró un libro de verdad!"

Era un libro realmente viejo. El abuelo de Margie había dicho una vez, que cuando él era pequño, su abuelo le contó que había un tiempo en el que todas las historias estaban escritas en papel.


No se asusten si la traducción no es igual a alguna otra que ustedes hayan leído, todavía no encuentro el cuento completo en español así que lo traduje yo misma.

Este cuento fue escrito en 1951 para una página sindicada del diario. Más adelante fue publicada en la revista "Fantasy and Science Fiction". Pero es en el contenido del cuento en lo que me quiero concentrar, no el genio de Asimov. Hoy en día estamos viviendo situaciones muy similares, en el que si a un nene de 6 años le dices que antes la TV no existía y, que cuando apareció, eran tan escasas, que los programas se iban a ver con el vecino porque él tenía la única TV en toda la cuadra, pues bien, un niño de 6 años cree que le estás mintiendo o bien se queda lelo ante de la idea de crecer sin Pokémon a las 4 de la tarde de Lunes a Viernes. Conozco niños obesos de 12 años que se cansan de caminar un par de cuadras, que la bicicleta no saben cómo se ocupa y que para ellos la "honda" es una marca de auto, no un objeto con elásticos que tira piedras.

Entonces, ¿evolución o des-evolución?

EDIT
Encontré el link del cuento. Cuanto nos divertíamos por Isaac Asimov

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