jueves, diciembre 07, 2006

Dejémoslo así

*Listening: Pulp - Common People *
*Mood: Fucking sad *


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Me acuerdo que cuando recién empecé a escribir esta cosa llamada blog, lo hacía con un cierto grado de sinceridad que me asombraba a mi misma (a nadie más, sólo a mi) y conforme los meses (y los años) fueron pasando, empecé a autocensurarme, empecé a pensar en quien me estaba leyendo, en qué podrían estar pensando... y la escritura transparente se fue a buena parte. Lo cual es algo muy hipócrita de mi parte, pues quienes se hayan sentado alguna vez conmigo a hablar sobre el arte de escribir, recordarán que siempre digo lo mismo "escribe para ti mismo, que no te importen los demás", al mismo tiempo, quienes me conocen saben que yo tengo palabras de aliento y sabiduría barata para todos, que mi poder de persuasión y convencimiento a veces parece que no tiene límites, excepto para mi misma y es que rara vez, si es que no nunca, me creo lo que digo.

Traté de buscar soluciones para este desahogo a medias y creé otro blog, pero en inglés, limitando considerablemente la audiencia, que tampoco me resulta mucho; esto de tener identidades separadas no va conmigo, nunca podría ser un espía y mucho menos una doble espía, que al mismo tiempo es bueno porque probablemente nunca moriré envenenada como le pasó al ruso Aleksandr Litvinenko. Básicamente lo que hice fue dejar de escribir acá sobre lo mal y podrida que me sentía, sobre el bodrio de mundo en el que vivimos y la bazofia de vida que tengo, en cambio me creé una linda cuentita en otro servidio gratuito y lo escupí allá, dentro de todo no fue un mal cambio; los improperios me salen mucho más naturales en inglés que en castellano, pero no es suficiente, en realidad, pareciera como si nunca fuese suficiente. Tal vez sea porque esta es mi primera casa, no está mal así; este es mi hogar y las otras páginas son como cabañas a las que se va de vacaciones. Estiras las camas, te bañas en la piscina, pasas dos semanas fantásticas de diversión y pocas responsabilidades, pero luego de un tiempo echas de menos tu hogar, aunque tenga una ventana rota y el grifo de agua que siempre gotea, es más, echas de menos estas imperfecciones, echas de menos la baldosa rota del baño y las revistas tiradas en el suelo de tu habitación, extrañas con toda tu alma el caos constante que es tu casa y el polvo debajo de la alfombra, porque insisto, no es sólo una casa, es tu hogar y como seres humanos que somos, siempre envueltos en una vorágine de sentimientos y emociones, nos gusta ancalarnos a la seguridad de regresar a un lugar conocido que tantas noches de llanto y misera nos ha albergado.

Y por eso vuelvo a postear algunas de mis penurias por acá. Porque nada puede ser tan desmoralizante como ver alejarse a ese auto hasta volverse un punto en el horizonte y después nada, porque no hay peor dolor que no sentir nada; te estás muriendo por dentro y sientes nada; ya lo podrán adivinar, no es el auto lo que te quita las ganas de vivir, es lo que representa el auto, porque eternamente eres, porque eternamente *soy* un punto tangencial de alguien más. Brevemente nuestros caminos se cruzan y parece que el sol logra pasar entre las hojas de esa tupida copa de árboles, pero es sólo un instante en una recta infinita. Por un micro segundo hay algo más que un punto atrás y otro adelante y por ese micro segundo que logras divisar tierra firme en los puntos elegantemente curvados del círculo amigo, dices: "creo que puedo, sí, puedo, todo es posible". Pero cuando ves que el punto de encuentro se aleja y todo vuelve a la tediosa normalidad, queda nada, entonces te preguntas "¿Por qué no me puedo curvar, que estoy haciendo mal? Si el círculo es mi felicidad, ¿cómo llego a él?" e intuyes que probablemente nunca serás un círculo, te resistes, pataleas un rato, rompes cosas, te enojas con el mundo, buscas ayuda, te mueves, luchas contra la corriente; sin embargo, después de muchos encuentros tangenciales y una que otra recta que te hizo un pase perpendicular, lo sabes a ciencia cierta, soy una recta y nunca dejaré de serlo. Ya ni siquiera te preguntas qué está mal contigo, lo sabes, estás en pleno conocimiento de tus falencias y hasta puedes hacer una lista de ellas como quien hace una lista para el supermercado, por un tiempo te vuelves tan insensible a las realidades cercanas y de tus amigos que afrontas sin asco la sangre, las náuseas y los desencantos.

Lo peor es que en la realidad lógica y objetiva, ninguno de los hechos que me han marcado pueden ser considerados como terribles, es decir, no son comparativamente terribles; no he estado en guerras, no he pasado semanas escondiéndome en una zanja para así salvar mi vida, no tengo que salir a arar campos de sol a sol ni recoger algodón hasta que me sangren las manos... y, aún así, cada día que pasa sigo fantaseando con un final rápido y no muy violento, algo que ya ni siquiera considero cobardía. Es un malestar tan intenso, es una angustia tan profunda.

Es un estado tan injusto. No para mi, cuando se es yo, "yo" es en lo menos que se piensa. Es injusto para el resto, porque la necesidad de cariño y paciencia es tan grande que no puede esperar que alguien te la de, no puedes pedirla... y, si alguien te la ofrece, puedes aceptarla con la seguridad de que tus necesidades pronto aburrirán al corazón bondadoso que el gran arquitecto puso en tu camino. Después de un tiempo ya ni siquiera te esfuerzas, si necesitas algo lo tomas te corresponda o no. No se extrañen de que algunos de nosotros nos pongamos egoístas y egocéntricos, es otra técnica de sobrevivencia. Ya cerca del final, cuano no nos quedan energías para seguir pataleando, nos calmamos, nos recluímos en nuestras habitaciones mentales y evitamos a toda costa molestar. Muchas personas siguen dispuestas a perder clases por ti, están dispuestos a tomar riesgos por ti, a "jugársela", pero que importa, honestamente, qué importa; dentro de nosotros sabemos, con certeza, que hagan lo que hagan nunca será suficiente y que al final del día somos más una decepción que una alegría, hasta eventualmente convertirnos en un dolor de cabeza y algo que se "debe" soportar. No, no queremos que nuestros seres queridos tengan que probar ni una décima parte de lo que nosotros sentimos a diario, no queremos arrastralos a nuestros torbellinos caóticos, aun cuando el hecho de apartarlos constantemente signifique un cierto grado de dolor, esa fracción de sufrimiento no se compara con el todo el daño que podemos impartir con nuestro descontento e incapacidades. Y otras veces simplemente no los queremos aburrir porque significan demasiado para nosotros, ya hemos perdido a mucha gente importante.

Es agradable sentirse querido, dejémoslo así.

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