miércoles, junio 21, 2006

Spanging

*Listening: Les Choristes OST *
*Mood: Too much of not enough *


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Aceptésmolo, cuando llevas más de lo civilmente aceptado, sumido en la misma mierda de la depresión, con todos sus altos y bajos, llega un momento en el que estar deprimido no es sociablemente aceptable y rápidamente te conviertes en la paria de las fiestas, congregaciones y agrupaciones varias. No es que me haya convertido en eso recientemente ni de golpe, pero es algo que me vino a la mente.

Todo parte por las invitaciones que dejan de llegar, luego, los grupitos con los que siempre te juntaste, se disuelven "mágicamente" cuando tú llegas y, al final, la gente te lo dice a la cara, fuerte y claro, porque con la depresión, al parecer, también llega la sordera. Es un grito más bien frío y desesperado: "Nunca he visto a un animal tenerse lástima, pero tú, me enferma que te autocompadezcas, levanta la cara y haz lo que tienes qué hacer ¿Por qué eres así?" Y esa, mes chéries, es la manera delicada de ponerlo, pues, creánme, he recibido peores.

Existe una creencia muy arraigada en la sociedad con la que diaramente convivo; mientras más gritos, retos y humillaciones tengamos que pasar, mejores personas seremos en el futuro. Aunque francamente no sé como esto se pueda aplicar a la verdadera existencia. Por ejemplo, pregúntante, con la mano en el corazón, si te conviertes en mejor persona cuando tu jefe llega furibundo a tu estación de trabajo y te grita por unos papeles que no llegaron a tiempo y te trata de un "estúpido, imbécil, huevón, irresponsable de mierda" y todas sus otras variantes. Te apuesto a que la próxima vez vas a poner especial cuidado en la fecha de entrega de esos papeles y cada vez que los tengas que entregar vas a entrecerrar los ojos y pensar "si no hubiera sido por mi jefecito querido, nunca hubiera mejorado".

Existen varias cosas de este mundo que nunca voy a terminar de comprender, pero lejos lo que más me cuesta es esto de "la letra con sangre entra", pérdoneme señor maestro principal, a quien se le ocurrió una manera tan humana de enseñar, pero yo no entiendo con golpes, yo entiendo con palabras, gracias. Y si últimamente ni las palabras surten efecto, es porque tampoco entiendo a base de golpes verbales.

Hermanos, reflexionemos dinámicamente. Que levante la mano a quien le gustaba que le pegaran un par de coscorrones cuando no sabía la lección, que levante la mano quien crea que esos coscorrones hicieron algo más por ustedes que matarles neuronas, muy bien, y por último, que levante la mano quien crea que hubiera aprendido mejor sin cosocorrones si es que del principio le hubieran enseñado esto de que "a buen entendedor pocas palabras".

Algo que sí he aprendido de toda esta experiencia depresiva y demotivante es que, los que estamos deprimidos y desmotivados, no estamos así por gusto, estamos así por que no sabemos estar de otra manera, porque llevamos tanto tiempo así que "estar bien" asusta, porque siempre cabe la posibilidad de estar peor, por ende estar estático es más seguro, porque de pequeños crecimos al rededor de tantas contradcciones, que no supimos sobrepasar, que la vida misma se ha convertido en un yugo insoportable sobre nuestros hombros, significa que por mucho que queramos estar bien, si no nos enseñan no hay nada que podamos hacer, porque, como he repetido hasta el cansancio, no somos tan estúpidos como para querer sentir aversión a la vida, al movimiento, a la alegría, el amor y todos esos sentimientos que suponen han de aferrarte a la vida y darte un cierto bienestar.

Y aquí intersectan las dos ideas con las que he estado jugando en los párrafos anteriores, sí, quiero estar bien, no, no voy a aprender a estar bien a base de golpes e insultos. Creo que la experiencia de no encontrarle brillo al diario vivir es lo suficientemente desmotivadora y desmoralizante como para que tus palabrotas de "apoyo" logren sacar el tigre luchador en mi que quiere resurgir sólo para probarte que estabas equivocado, por ende cada vez que me digas: "me enferma que te autocompadezcas", no voy a ver en estas palabras más de lo que has dicho; te enfermo, te enferma mi manera de ser, te enferma que sea una de las pocas personas que siente compasión por mi. Y es que no hay que ser un genio para llegar a estas conclusiones, basta con no ser capaz de ver más allá, no porque no se quiera, si no más bien porque el estadio de depresión y letargo es más fuerte y profundo que tus palabras de "ánimo".

Existen, lamentablemente, casos en los que los golpes verbales y físicos han sido tan fuertes desde un principio, que cuando verdaderamente se necesita hacer una intervención, lo único que logrará despabilar a esta persona, es un golpe verbal o físico doblemente mayor que el anterior.

No creo que debería ser tan complicado apelar a la compasión de las personas, muchas veces siento como si estuviera pidiendo dinero en la esquina del supermercado; de las 50 personas que pasan y te ven pidiendo, sólo 10 se detienen a ver que quieres y unas 5 o 6 te darán algo que se asemeja a lo que pides.

PD: Spanging es la unión de dos palabras inglesas, spare & changing, es un modismo del sur de EEUU que se refiere a pedir dinero en la calle, valga decir "machetear".

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