martes, diciembre 20, 2005

Accumulated sadness

*Listening: Coldplay - Spies *
*Mood: Isn't obvious? *


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Hace tres días que la Marion se fue a Santiasco -¿por qué todos se van allá?- y la echo bastante de menos. Hoy recibí noticias de ella através de su padre. No eran buenas nuevas, más bien, tristes nuevas. La entiendo, yo también estaría así, creo que mi grado de tristeza será muy superior cuando nosotros nos cambiemos de casa, y eso que nosotros sólo nos cambiaremos de ciudad, no de región.

Hoy no fue un mal día, pero tampoco fue bueno, me siento mal, en realidad, me siento pésimo, me siento perdida en el limbo, no sé donde es arriba ni abajo, es un constante mareo, lo bueno es que pude dormir un poco. Quedé inconsciente por unos 40 mins. en el sillón de Manu, mientras él y su madre se quebraban el lomo haciendo galletas de navidad, quedaron buenas, bien buenas, especialmente las de jengibre, es más, comí tanta azúcar hoy que bien podría ser diabética -os juro que es verdad, entre el glacé y esa galleta rota que NO podemos desperdiciar, más los adornitos que están arruinados, pero aún saben bien; comí suficiente glucosa para toda una semana-. Pero aún así, el día no puede ser calificado de bueno.

Últimamente he estado leyendo "Prozac Nation", no es el mejor libro que he leído en mi vida, pero sirve para darse cuenta de muchos detallitos que vos jurabas que estaban bien, pero no. Aunque aún así sigo prefiriendo "Girl,Interrupted". Tiene un no-sé-qué que me llena más, o al menos no me deja con la sensación de que parte de mi estabilidad mental se quedó en el libro y no podré recuperarla a no ser que le haga un exorcismo al objeto en cuestión.

Falta poco para Navidad, pero no quiero que llegue, ni tampoco quiero que llegue año nuevo, me siento como Papelucho dejado a la vida en el fundo de tía Rosarito o al menos me siento como siempre creí que Papelucho se sentiría.

Hoy por fin ordené mi pieza, ahora luce menos deprimente. Saqué una Everest, a escala, de tierra y polvo. Millones de pelusas endemoniadas que se me enredaban en los cordones y otra ruma de papeles con cierta similitud al K-7.

Me pregunto si alguna vez vendrá algún señor simpático y de bigotes a regalarme un cuaderno forrado en cuero de jabalí, también me pregunto si me ofrecería 10 lucas para que escriba mi blog y así convertirlo en libro. Papelucho era rechévere a su edad. Yo no era tan chévere, era extraña, era preguntona, era curiosa, pero no tan chévere y mucho menos con tanta conciencia social. Papelucho es mi ídolo; al menos el de hoy.

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