martes, noviembre 29, 2005

De gatas trepadoras y peripecias varias.

*Listening: Incubus - Drive *
*Mood: Tense, tired. *


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¡¡Antes que todo, feliz viaje Chibi, mucha suerte y diversión en Mendoza!! OK, ahora puedo proceder con el contenido del post que se ajusta al título.

Desaparición inexplicable.

Ayer, mi querida gatita Yuki no encontró nada más entretenido que treparse a un árbol del colegio de en frente. La verdad es que la aventura/drama en sí comenzó mucho antes, yo diría (y mi madre concuerda con ello) que la noche del Domingo fue el punto de partida, la Yuki no llegó en toda la noche, probablemente ya estaba trepada en el árbol. El Lunes por la mañana se escucharon los maullidos desesperados por todo el vecindario así que Mamá y Alwin pasaron por el colegio a hablar con el cuidador a ver si es que nuestra "gatita" estaba allí. ¡Jo! Sorpresa, no hay cuidador. Ni modo, ya aparecería. Cerca del mediodía me llama mi mamá para saber de la Yuki; "¿la Yuki? No, no la he visto, no ha venido ¿por qué?" y me explica la situación, me dediqué a mirar por la ventana al menos 1 hora y no logré verla en la copa de árbol alguno.

La llamada de auxilio.

A las 17:00 hrs voy saliendo y cierro la reja de golpe y allí está el maullido de auxilio, un SOS chillón y quejumbroso, como el llanto de un niño a la hora de las vacunas. El portón del colegio estaba abierto así que me dejo entrar mientras la Yuki sigue llorando desde algún árbol cercano. Un chico me pregunta qué quiero y me lleva con el profesor encargado, momentos después estamos cuatro personas mirando hacia la punta de un frondoso árbol, y allá, arriba, bien arriba, una bola de pelos blancos y grises nos devuelve la mirada. Por ahí cerca hay una escalera y el profe se apura en traerla, tiene dos escalones rotos, pero no queda más remedio, me quité el bolso y me puse mi polerón, subir un árbol por lo general conlleva rasguños y moretones varios, de los moretones no me podía escapar, pero sí de los arañazos; la seguridad va primero.

Operación "Up to the Sky".

Y subí, me salté los dos escalones rotos con agilidad y porqué no decirlo, miedo; y subí. Las ramas eran delgadas y suaves, por ende debía tomarlas de la base o se quebrarían, unos de los ganchos se partió debajo de mi pie y otros tantos los arranqué para despejar un poco la vista, seguí subiendo, las ramas me pasaban por los lados y amenazaban con enredarse entre mis ropas, el árbol se mecía con la suave brisa y aún no llegaba ni a la mitad del camino, la sensación de naúsea y vértigo al borde, como buscando el peor momento para dejarse caer con furia y a mi hacerme caer en el proceso. Tuve que subir lo suficiente como para dejar a la Yuki a la altura de mis codos, allí, con una mano, la tomé y la subí a mi hombro, costó montones con todo lo que se aferraba a las ramas, si yo tenía miedo, ella estaba aterrorizada. Traté de bajar con ella en el hombro, pero no hubo caso, así que tuve que optar por irla dejando en distintas ramas, bajar un poco, volver a tomarla y volver a dejarla en otra rama. Todo un lío, pero funcionó, y eso es lo que importa.

En la operación de salvataje me pasé a llevar las rodillas, los codos y las rodillas una vez más, por si acaso no me las había golpeado lo suficiente. A los pantalones les corrí varios puntos y las zapatillas quedaron más que sucias, para colmo eran los pantalones nuevos y se mancharon con sangre, aunque poca, sangre al fin y al cabo. Los costos de la operación fueron altos, teniendo en cuenta lo que adoro esos pantalones y esas zapatillas.

La recompensa.

En el momento no hubo ni siquiera un "miau" de gracias, la mantuve en brazos asumiendo que estaría asustada por toda la experiencia, pero ella, rápidamente, se deshizo de mi abrazo (supuestamente) acogedor y corrió a mil por hora hacia la casa, allí quedé yo, agradeciendo con una enorme sonrisa la amabilidad de los otros involucrados y me fui, llena de pelos de gato, con las rodillas tiritonas y las manos adoloridas, me fui a tomar el colectivo que me llevaría al centro de Quilpué y de allí a Villa Alemana para poder despedirme de mi Chibi que hoy se fue a Mendoza.

No fue hasta la noche, a la hora de hacer "tuto", que recibí el ronroneó de la gratitud, la Yuki se fue a acostar a mi cama y buscó mis brazos y me ronroneó y me besó y se pasó entre mis piernas y dejó que la acariciara. Toda una ternura ella.

A los 20 minutos la fui a dejar a la pieza de mi mamá, no soporto a los gatos.

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Para aquellos que se lo estaban preguntando, la foto salió de aquí
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