jueves, diciembre 30, 2004

Hay veces que...

*Listening: Oasis *
*Mood: -_- *


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Hay veces, como hoy, en que nada me apetece, no quiero seguir leyendo, no quiero ver televisión, no quiero conversar con mis amigos y si lo hago, sólo quiero que ellos hablen, no siento la necesidad y mucho menos el placer de participar activamente de una conversación; preferiría, simplemente, quedarme quieta, acurrucada sobre mi cama, con o sin calcetines, con pijama o con ropa cómoda, esperando a que se me tape la nariz y a que la luz comience a escasear, quedarme allí a sentir el sutil paso del tiempo. Hay veces, como ésta, en que preferiría quedarme ingrávida a la espera de otros sonidos y otras caras que no sean las de siempre, preferiría estar a años luz del lugar en donde me encuentro, pero no en un intento de escape, sino, más bien, en una tentativa de observar desde afuera sin tener que involucrarme, quisiera poder hundirme en mis sentidos hasta acallarlos y dejar que otros nuevos afloren. Hay días en que desearía encerrarme en mi habitación hasta que los fantasmas sean mis fieles aliados y dejar de lado cualquier otra cosa, no tener que preocuparme por alguien más, sencillamente echarme a un lado de la carretera a esperar.

Entonces, cuando creo que lo voy a lograr, suena el teléfono, mi MSN se larga a gritar y mi cabeza no da más. Pesadamente me van llenando las ansias de practicar un deporte arcaico y poco provechoso, lentamente me dan ganas de discutir con todos y por todo. Hablo por teléfono con la esperanza de animarme un poco, pero no suerte efecto alguno, en tal caso, me quedo pensando y rumiando cada frase, cada aliento expirado por mi contraparte, me quedo al acecho de algún dejo de antipatía en las palabras de mi interlocutor y cuando lo encuentro me sitúo en docenas de nuevos escenarios en donde esa mínima inflexión de hostilidad da pie a las más descabelladas y estratosféricas discusiones, silenciosamente repaso una, dos y hasta tres veces mis planes de insurrección y en eso me quedo hasta que el desgano puede más, la vista se me nubla de hadas y por todos lados surgen unos maravillosos seres a quienes aborrezco, entro y salgo del baño, la cocina, mi pieza y la del computador, lo repito hasta que se vuelve rutina y entonces, me calmo, pero la sedición sigue evidente dentro de mi.

Hay veces, como en este preciso momento, en que las letras se me confunden, y así también las palabras y los sueños, hay veces en que las cuerdas vocales no me reconocen como su líder y todo responde a una naturaleza dual; estoy bien, pero mal; alegre, pero triste; dormida, pero despierta; tal vez demasiado despierta. Son ocasiones en las que nada me contenta, nada me satisface y nadie me entiende. Me muerdo las uñas en busca de respuestas a sabiendas de que no las encontraré así, sin embargo más me empeño en seguir royendo mis dedos. Trato con evidente desesperación de aferrarme a un recuerdo, a algún olor que me permita salir de este laberinto de sensaciones, pero mientras más lo intento más lejos estoy de alcanzarlo. Cuando por fin me doy por vencida y nada de lo que diga o haga parece ser útil para cosa alguna es que recuerdo mi premisa, es que vuelvo a los orígenes, el círculo se cierra y parto de nuevo, una vez más ya nada me apetece....


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