domingo, noviembre 07, 2004

ella y él

*Listening: Enigma - Indian Chanting *
*Mood: Tired =_= *


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Llegó a la casa después de una ajetreada tarde en donde vio muchas cosas y vivió muchos momentos, a sabiendas de que no las volvería ver, de que nunca las volvería a vivir, a medida que vivía atesoraba con ejemplar recelo cada segundo, se preocupaba de recordar como se sentía la tela en la yema de las dedos, cada detalle lo almacenaba cuidadosamente en su memoria. Pero el tiempo pasó. Estuvo un rato en la casa de una amiga con gente muy querida para ella y eso la hizo feliz, así que, también guardó la imagen; ésta quedaría inmortalizada para siempre en una constante sinapsis. Otra vez pasó el tiempo y llegó el momento de irse, sin embargo algo sucedió, la "pequeña" entre broma y en serio le pidió que se quedara, prácticamente rogó como una "bebé". Así que sin mucho pensarlo decidió quedarse, no se imaginó que aquella decisión tan trivial para ella, desencadenaría tales reaccione en él. No se necesita ser un experto observador, no se necesita saber de conducta humana, hay cosas que simplemente saltan a la vista. Entonces, pues entonces... él se sintió, desplazado tal vez, poco querido y cuantas cosas más. Casi vio como en cámara lenta la comisura de los labios perdía esa sonrisa que aparece en los momentos felices (no por eso "cúspide" ni eternamente recordables), el brillo de los ojos desapareció y un sentimiento de angustia se instaló en el pecho de él. Ella no comprendía el porqué, no comprendía bien sus sentimiento, sin embargo todos lo notaron, en una fracción de segundo el ambiente se tensó lo suficiente como para que la "pequeña" susurrara en el oído de ella: "Ándate no más". Pero ella no quiso, no se quería ir, quería estar allí con la pequeña y con el duende, le hubiera encantado que él y su hermano se quedaran, pero hay cosas que simplemente no se pueden hacer. Ella lo comprendió, pero él no. Se fue, él se fue dejando un sabor amargo detrás, y ese momento también lo guardó. La tarde siguió y llegó la noche, la noche siguió y antes de que avanzara mucho el duende y ella se retiraron, en el camino hablaron de muchas cosas y el duende le dijo a ella que él lo hacía sólo para llamar la atención, pero ella no le dio la razón, sabía que estas cosas van más alla. Pensó, pensó mucho, las neuronas hacían sinapsis como locas, sólo sabía una cosa, debía contactarse con él al llegar a casa. Suponía que al escuchar su voz podrían descansar tranquilos. En el camino ideó lo que diría, lo repasó varias veces, mas, ante él, las palabras se le olvidan. Le dijo que tenía carta. Ella se apresuró a romper el sello y leer la carta. Constaba de siete párrafos, pero sólo dos líneas llamaron profundamente su atención y comprendió una de las cosas que estaba haciendo mal. Al mismo tiempo también supo porque el alma de él estaba tan decaída... este momento también lo almacenó al tiempo que deseaba tener una magia lo suficientemente poderosa como para sanarlo a él. Son muchas las cicatrices escondidas, algunas se abren silenciosamente y comienzan a envenenarle los sueños a ambos, hacen su magia negra en la sombra del olvido. Es por eso que todos los días medita en presencia del altísimo para encontrar soluciones, para ser fuerte, medita para encontrar la paz suficiente para él y ella, ruega a los oráculos por él y se lo encarga a los ángeles del altísimo, ella medita por él.

Pero ella también tiene miedo, ella también sufre, ella muchas veces no ve ni comprende, ella también es débil y ella también tiene cicatrices de magia negra... Ella es tan humana como él.

Ella sólo quiere que él esté bien.

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