domingo, septiembre 26, 2004

Never Knows Best

*Listening: X Japan - Forever Love *
*Mood: Sleepy Headache *


------------


Aprendí una cosa muy valiosa sobre la vida: No importa cuanto desees mirar el mundo con aquellos ojos limpios de antaño, de la infancia; con esos ojos blancos de inocencia, no importa cuanto desees probar esa mirada una vez más, la solución NO ES echarse jugo de limón en los ojos.

Para que les digo como dolió. Primero me eché en el ojo izquierdo y después de todo lo que pataleé y aleteé me tuve que echar en el ojo derecho para que quedaran parejos y no se pusiera celoso. Cosas alocadas de la alocada adolescencia... lo que me lleva a una duda. Los adolescentes nos llamamos así porque ¿adolecemos? . De ser así, significaría que nuestra adolescencia es sufrir de algo ¿no? Bueno, en lo personal creo que si sufrimos de algo. Sufrimos de la bajeza de la adultez, de las decepciones de la niñez, de no pertenecer a algo concreto. Sufrimos de extraños cambios, depresiones –más hormonales que otra cosa, aunque no siempre- alegrías efímeras, más decepciones. En un corto período de tiempo nos subimos a este carrusel en donde las caras se distorsionan hasta llegar a la “adultez” ¿Maduramos alguna vez? ¿Es necesario tanto dolor?, algunas curvas son más pronunciadas que otras, es un carrusel de dimensiones desconocidas, la física no lo puede explicar, yo tampoco. Al poco tiempo se comprende o se te mete a la fuerza lo siguiente: Hacerse fuerte no es una opción, es una necesidad. Pero la pregunta de fondo es ¿Maduramos? Una vez que se nos acaban las fichas para seguir dando vueltas en el carrusel, una vez que se dan por terminadas las “sobredosis” de emociones, ¿Maduramos? Me van a decir que por fin estamos listos para enfrentar la vida con responsabilidad y respeto, hacia uno mismo y por los demás (?!?!?!). Pregunto, no está de más explicar, porque por lo que he visto al bajarse del carrusel todo es distinto, se bajan más confundidos que otra cosa, los estómagos revueltos, hay algunos que incluso vomitan su ira y su dolor en los rincones oscuros, otros salen como si nada, como si ese “viaje” hubiese sido de lo más normal, no están mareados, no se sienten enfermos y yo, yo estoy aquí, aún sobre el carrusel y sudando dolor.

Entonces... pues entonces ¡¡Claro que adolecemos!! Desayunamos angustia, almorzamos tristeza y cenamos frustración. Al menos eso demuestra mi experiencia. Siempre he escuchado decir que la adolescencia deja marcas profundas, cicatrices –literalmente hablando en algunos casos-. Simplemente guiándome por círculo de amigos tengo que acordar con lo último. En la gran mayoría de “ellos” y por qué no, yo también me incluyo, las cicatrices son tan notorias que las tenemos en la piel, hay veces en que me la impresión de que éstas se han abierto y no pararan nunca de llorar ese líquido vital. A mi círculo amistoso se les conoce de muchas maneras: “Freaks, depresivos, suicidas.... y un graaaaaaaaaaaaaaan etcétera”, pero no me va ni me viene, los quiero igual. Con ellos he ido al infierno, he sufrido las penas del infierno y nos arrastramos de vuelta; hemos tocado el cielo, hemos disfrutado la euforia de las alegrías para caer sin paracaídas en el pavimento de –la mal llamada- realidad. Nos hemos deleitado con el éxtasis del sufrimiento, del dolor. Hay tantas cosas que recordar, de todos, de los que se han quedado, de los que han partido, de los que me he alejado. Algunas de esas cosas desearía nunca haberlas vivido, pero están. Y hay otras que si no las recordara todos los días no sería capaz de levantarme por las mañanas. El “carrusel” nos ha lanzado en distintas direcciones, a unos les ha ido mejor que a otros, era de suponerse, la vida es así ¿no?. Hemos adolecido de adolescencia. Y ahora me iré a adolescer a otro lado.

PD: Adoro a esta chica xDD

Avril Lavigne

------------

No hay comentarios.: