lunes, agosto 23, 2004

De arrebatos y atrasos..

*Listening: Fallen - Sarah McLachlan *
*Mood: =_= Tired... *


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La trsiteza es el sentimiento que más claro se ve en el rostro de una persona.

No trates de disimular lo que resalta a primera vista. El domingo me fui a la casa de Manu, llegué a eso de las 18:45 app.. me dijo que llegara a las 19:00 así que me quedé un rato afuera haciendo tiempo y me decidí a tocar el timbre, me abrió el papá y me preguntó si Manu venía conmigo. Oro.. @_@!! Me quedé esperando en el living, frente a un TV "on". Cada cierto tiempo llamaba a Manu, para saber de él. En resumidas cuentas llegó como a las 20:15 hrs. Honestamente no me enojé. Me disgusté un poco por su atraso, pero condecorosamente me lo tragué hasta que me diera las correspondientes explicaciones. Las explicaciones valían. Nada más que hacer. Venía muerto, Jose también. Se sentaron un rato en el sillón en el cual, minutos antes, había terminado de estudiar historia. A los diez o quince minutos, pasando por encima de todos los protocolos habidos y por haber agarré a Manuel de la mano y me lo llevé al segundo piso, necesitaba hablar con él, pero ese no era el momento indicado, lo llevé al baño, le lavé la cara y las manos, acto seguido,ÉL se lavó la cara y las manos y me llevo a buscar una toalla, le sequé las manos y la cara. Reclamó bastante y de puro picota, cuando iba bajando las escaleras lo empujé. Creo que se molestó un poco. De eso no estoy segura. Luego, la madre nos llamó a tomar "once", yo no tenía hambre, en realidad ya me tenía que ir, pero para no molestar me quedé. Los chicos tomaron once y en algún punto de la "velada" mi niño se empezó a bajonear. Sé que algo hice que se puso de pie bruscamente, se fue a la cocina y luego se sentó sólo a ver tele, mientras, Jose y yo conversábamos y él me preguntaba lo más disimuladamente posible "¿Qué onda?". Yo no sabía que "onda", por mucho que le he pedido a Papá Nöel ser adivina, no me lo concede. Al poco rato llegó la hora desesperada por irnos, Manu nos acompañó hasta la esquina, a menos de media cuadra del paradero, iba con cara triste y me seguí diciendo que estaba bien, que nada tenía, que nada pasaba. Me carga que me mientan descaradamente, con eso sí me enojé.

En la puerta de salida del condominio lo tomé del chaleco y le pregunté que qué pasaba. Nada. Un poco más allá le pregunté lo mismo. Nada. Lo peor de todo es que me evitaba. En esos momento me entraron unas ganas de llorar impresionantes, pero me las guardé, y por último, me dieron ganas de golpearlo, también me aguanté. Ya habría tiempo de conversar.

Lo bueno es que ahora ya hablamos, un poco. No sé que sucederá más adelante, arrebatos de ese estilo siempre van a haber, de mi parte y de su parte. Simplemente quería puntualizar el hecho de que no importa cuanto finjas, se nota.

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