martes, octubre 28, 2003

An Average Day... [Parte I]

Me levanto como zombie. Dopada hasta las orejas con flunarizina, a casi nadie le da sueño esta medicina, pero a mi me tiene semiinconsciente la mayor parte del día, malditas porquerías para el dolor de cabeza, entonces, como iba diciendo me levanto, talvez tome desayuno, talvez lleve los zapatos bien puestos, tal vez me haya puesto bien la ropa o simplemente tal vez no, eso no lo averiguo como hasta las 10 AM que es cuando las hadas se alejan lentamente de mi cabeza y la usual nebulosa que llevo de corona se disipa sin mayor remedio dejando una sensación bastante irreal en mi. Como si te sacudieran de un lado a otra, una especie de columpio interior, pero en realidad sigues allí, quieta, sin mover un músculo, batallas ganadas, guerras perdidas. Quietud, silencio, columpio interior, hadas, todo se mezcla con las clases de historia los martes y los jueves. Monarquía absoluta, poder judicial, Descartes, Hobbes, Locke ¿Quién sigue? ¿Trix el conejo de los cereales?

Mientras intento estar atenta a la clase recuerdo mi último partido de basketball, fue hace tanto, ya se me olvidó hasta como botear y de todos modos lo hacía mal, así es que no hay mucha diferencia. Extraño el “chas” de la malla cuando entra el balón en una bandeja inmaculada. Recuerdo mi primer triple, me empecé a poner azul antes de recordar como se respiraba, quería congelar el momento y llevarlo a casa, ni quería ni pestañar. Entró perfecto, sin necesidad de tablero, ni siquiera tocó los bordes, sólo entró, como si ese fuera el único propósito en la vida. Lástima. Nadie me vio.

“(..)El estado de naturaleza del hombre (...)” ¿Ah? ¿Qué? ¿Cuándo avanzó tanto la hora? Que alguien atrase el reloj, me perdí... no entiendo!!

/(...)And I saw my reflection in a snow covered hill / Y vi mi reflejo en una colina cubierta de nieve /‘til a landslide brought it down(…)/ Hasta que una avalancha la derrumbó.

Las hadas me raptan una vez más y me llevan lejos del salón de clases, a un mundo mágico y misterioso, tipo “Sueño de una noche de verano”. Me pierdo entre los jardines. Un olor a jazmín me perfora el cerebro y me elevo hacia el sol hasta que el brillo me hace llorar, un pájaro me pasa por el lado, zumbando, aleteando a mil por hora, otro y otro, la bandada completa. Allá abajo se ve una casita de madera muy peculiar, apenas se distingue de otro árbol común y corriente. Me aventuro a bajar y antes de posarme en el techo de la casa cuya chimenea me tiene como poto en el agua (anonadada); un timbrazo marcando el término de la hora me devuelve con pesar a la triste realidad, a mi triste realidad. Una sala llena de gente, pero tan vacía y gélida como la Antártica misma. Hay 20°C a la sombra y yo me estoy muriendo de frío.


Oh, mirror in the sky, what is love?
Can the child within my heart rise above?
Can I sail through the changing ocean tides?
Can I handle the seasons of my life?


Oh, espejo en el cielo, que es el amor?
Puede el niño dentro de mi corazón elevarse?
Puedo navegar a través de los cambiantes océanos?
Puedo manejar las estaciones de mi vida?
Smashing Pumpkins, Landslide

Ya más despierta me incorporo en el asiento y compruebo la hora, 9:45, quince minutos más de tortura por 20 de libertad, me pregunto como por millonésima vez si sería libertad si no hubiese una tortura antes... Extraños pensamientos me cruzan en todas direcciones, mi mano derecha se mueve por inercia dibujando a un niño de delicadas proporciones en la mesa, estoy cambiando el fondo de pantalla, le imprimo mi tristeza y me arranco el lápiz de la mano media agarrotada. ¿Por qué será que los mejores dibujos me salen cuando no me doy cuenta? ¿Será que mis esfuerzos son inversamente proporcionales al resultado? Tantas preguntas, ninguna respuesta. El pitazo final. Recreo. El bullicio crece conforme la gente va saliendo de las salas ¿Qué acaso no pueden sentir el frío? Espero a que todos salgan de la sala antes de moverme, tengo miedo, de que, no importa, el miedo está ahí de todas maneras, siempre presente, latente, acechando, buscando la oportunidad. Con tranquilidad saco la plata de la mochila y me paso 20 minutos discutiendo con Gonzalo, mi mejor amigo, tonteras de anime y casos archi-requete-rebuscados de lo que sea, no importa realmente, la gracia es llevarle la contraria a Gonshalito y el también conmigo... Pitazo de nuevo, nos estamos jugando los descuentos, hay dos minutos antes de un segundo timbre que es cuando suena el otro timbre, estoy en la sala de 4 medio A y tengo que llegar a la mía en 3 medio A, un piso más arriba, no importa, estar con mis amigos es más importante que en ir a divagar en la antártica. 10... 9... 8... 7.... 6... 5...4... ¡¡No, esperen!! ¡¡ NO CIERREN!! No me atraso, nunca llego atrasado, cierro la puerta tras de mi cuidadosamente y el segundo timbre corona mi entrada triunfal, una vez más...

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