domingo, julio 13, 2014

Cartas a nadie

De un tiempo a esta parte he empezado a escribir cartas para nadie en mi cabeza. Lo hago en la ducha, mientras espero que la luz cambie a verde, en el supermercado, mientras espero en línea en la farmacia, caminando desde el paradero a la casa, en la micro, en el colectivo, antes de dormir, mientras se carga la página, mientras se prende el celular, mientras se apaga la tablet, mientras se cierra el cielo, mientras se apaga mi mente; básicamente cuando sea que se libera un poco de memoria virtual y mojo creativo.

Mis cartas son de amor, de odio, de esperanza, de reclamo, de amistad, de aburrimiento, de guerra, de enamorados, de familiares, de tragedia, de historia, de conexión, de desconexión, de reencuentro, de fascinación, de obsesión, de obligación, de gusto, de placer, de comida, detallistas, generalistas, reglistas, inconexas, inapropiadas, incoherentes, consistentes, contradictorias, gustosas, disgustosas y deplorables. A veces incluso decadentes.

A veces mis cartas están en código de sonidos, otras en códigos visuales, otras son táctiles, otras tienen sabores. A veces se me confunden, se me mezclan, se suman entre ellas, se restan otro poco, se me caen cuando las voy a guardar en mi archivador mental, se caen debajo de mesas giratorias, quedan atrapadas en revistas antiguas, en las encimeras, atrapadas entre las tazas de café. Me gusta ocupar papel poroso y grueso, de ese que absorbe bien la tinta de mi imaginación, a veces le hago dibujos en los bordes, otras veces ya viene con algún motivo engravado o entintado, todo depende del tono que va a tomar la carta. Me gusta tocar las letras una vez que se ha secado la tinta, tiende a quedar en relieve cóncavo o convexo, dependiendo de la fuerza que haya aplicado, también me gusta sentir el hilado del papel en la mejilla o con la yema de los dedos, es casi como escribir la carta de nuevo.

Me gusta imaginar al lector de mi carta, me gusta imaginar las caras que pondría al leerla, al tratar de hacer sentido de mis palabras, de mis vueltas de frase, de mis incoherencias, de mis acusaciones. A veces veo a alguien en la calle o escucho al pasar una conversación ajena y me los imagino como protagonistas, como recipientes de mis palabras, como víctimas de mi pequeña travesura.

Estimado Lector:

Mi admiración. Encontrar esta carta y las palabras que en ésta se encuentran escritas ha de haber sido una verdadera aventura. Comprendería muy bien si es que en el futuro cercano decidieses quemarla, botarla o romperla en un ataque de frustración. Me imagino que el camino que te ha llevado a este atadijo, a este verdadero lío en ambos sentidos de la palabra, ha de haber sido difícil y tortuoso, mis sinceras disculpas por ponerte en la difícil posición de tener que elegir, que tomar decisiones, de tener que hacerte responsable de tu propia vida....

 
 Dear M,

My sincerest and utter love to you. I miss you. I've counted the days in my head, forwards and backwards, but times seems to loose its meaning when I think of how much longer I have to keep on living without you. I hurt. When I think of you, I hurt. When I dream of you, I hurt. When I look out the window and even the smallest whiff of wind caresses my cheek, I hurt of you. Of your lack of corporeality around me, of our lack of connection, of my lack of restraint. When will you be back again?




Señor
Lázaro Lucca
Presidente de la Corporación.
Presente

Junto con saludarle, me presento, mi nombre es Ursicino Escolástico Segundo Zambrano Ilabaca, Director de la Sección de la Corporación. Me dirijo a Ud. para exponer un problema que desde hace un tiempo viene afectando a nuestra humilde institución: tenemos ratas. Sí señor, tenemos ratas y de la peor calaña, no de aquellas que se van a ir o desaparecer o simplemente morir después de que el conserje, honorable Sr. Mateo Saldaño, haya hecho su trabajo de cuidador y restaurador del edificio, no después de que se pongan trampas y que se fumigue hasta el último rincón. No. Estas ratas tienen malas costumbres, estas ratas han formado malos hábitos, estas ratas son sucias y rastreras y, lo que es peor, responden por nombre y apellido. Me temo, mi estimado Presidente, que Ud. se ha estado codeando con ellas, que Ud. ha permitido que éstas ingresen al local por la puerta principal y luego las ha invitado a comer de su mesa. También me temo, señor Presidente, que si sigue alimentando a estos infieles servidores, Ud. será el próximo plato de fondo en la mesa y su puesto el aperitivo de la rata mayor.

Considérese advertido. Se despide atentamente, su humilde servidor,
Señor Ursicino E. S. Zambrano.




Y así, suma y sigue.







lunes, junio 09, 2014

El obsesivo que llevo dentro

El obsesivo que vive dentro de mí es un huevón de mierda que no me deja dormir de preocupación. El obsesivo que llevo dentro es odioso, molestoso, jode día y noche, aunque de noche sus molestias ganan momentum, suben de volumen, tienen más brío.

El obsesivo que llevo dentro de mí es nocivo para mi salud y lo sabe bien. Se sabe grande, se sabe poderoso. Saca pecho y camina con manito en solapa del vestón.

Tenemos los horarios cambiados; ahorra energía de día y se aparece fresco como lechuga de noche, aunque nunca duerme. Me susurra cosas al oído, desde dentro me tironea del pecho y cuando no estoy atenta le agrega peso a mis hombros. Tiene un sistema de cuerdas y poleas con las que se agarra de todos los músculos importantes de mi cuerpo y después hace un nudo gigante en el centro de mí, como a la altura del plexo solar, desde el que se balancea y canta sus baladas trágicas de desastre inminente.

Algunas noches me deja tranquila, pocas y jamás de manera predecible, porque saca sus patrones de conducta de los guiones de las películas de terror. Sabe perfectamente el efecto que tiene el silencio prolongado antes del grito, del desgarro, de la sorpresa infernal.

Es súper bueno para hablar, habla toda la noche, un monólogo constante y consistente, ocupa una lógica difícil de desarmar y elegante. A veces trae diapositivas, vídeos y/o audio. Es pedagógico e incansable en sus enseñanzas, en sus métodos, en sus discursitos de mierda. En sus pruebas de mierda. En sus quizzes sorpresa de mierda.

Yo detesto al obsesivo que llevo dentro.

Lo detesto porque es ruidoso y arrogante, porque cree que se las sabe todas, porque me oprime, porque me humilla, porque me obliga tomar acciones inútiles en sí mismas, innecesarias y debilitantes, me hace comentarios y preguntas estúpidas de las que no puedo escapar ("¿eran tres o eran cuatro? mejor contar otra vez", "no, no, mala idea, muy mala idea... anda, da un paso más, esto es un experimento en la porfía v/s estímulos desagradables, quiero ver qué pasa", "Gooooooooooooood moooooorning, Vietnam, today is a good day to die, so why don't we fucking die today!", "uff, no será muy endeble", " no será poco seguro", "no estarás arriesgando demasiado", "no será mucho esfuerzo sin la seguridad de un retorno", "inversión versus beneficio, pero ¿a beneficio de quién? ¿tuyo? ¡jamás!"), porque con él al lado no se puede vivir.


domingo, junio 01, 2014

Querido Diario #1

Querido Diario:

Hoy fui al supermercado, hacía frío y tal como sucede con otros apéndices externos del cuerpo cuando hace frío cuando se les golpea o sobreestimula, me dolía más que de costumbre escuchar sonidos, ni siquiera ruido, si no que sonidos hechos y derechos. Un niño gritaba en el último pasillo y se arrastraba por el piso con un juguete en la mano. Compré lo que tenía que comprar, lo llevé a la caja y al mismo tiempo que era mi turno para que me atendieran, el niño de los chillidos se puso a gritar detrás de mí, alcancé a escuchar a su padre que algo le decía sobre estar callado en espacios públicos, sin efecto alguno, por supuesto, cuando de pronto siento un empujón a la altura del codo y el chiquillo pasa por mi lado, todavía gritando. Le hice una zancadilla. Fue una buena zancadilla, fue sutil, cuidadosa y secreta. El chico alcanzó a dar otro paso, aunque con menos equilibrio, trastabilló y cayó estrepitosamente. No me arrepiento de nada. Ni siquiera me arrepentiré cuando me alcance el karma el día de mañana.

//Fin entrada ficticia de un diario muy real

jueves, mayo 22, 2014

Efecto látigo

Pero no el que corresponde a las cadenas de suministro. El otro, ese que sucede cuando tu cuello se hiper-extiende y quedas viendo estrellitas que danzan al rededor de tu cabeza.

Me ha pasado 2 veces en la vida, al menos que yo recuerde, uno cuando el Universo me masticó como chicle y me escupió por la tangente (con auto y todo) y el otro ahora, cuando el Félix, mi amado beagle de 5 años, me embistió en un juego amistoso de quién es más pesote e inadvertidamente ganó y se llevó el cinturón del campeonato. Estábamos en la cama grande, él en la cama y yo en el piso, porque esa es su arena y esta es la mía. Nos empujábamos afablemente (tal como indica el reglamento) y entre empujones, tironeábamos el colchón de una camita de perro, la suya, que ya le queda chica.

Entre empujones y gritos banshee de pseudo victoria, él tiró, yo solté, él saltó, yo me agaché y él me embistió, con camita y todo, en la nariz; un choque frontal de pasión por el juego. Me fui hacia atrás, agarrándome con suspiros mi nariz y él se fue hacia adelante, hasta el borde de su arena, campante, triunfador, hasta ufano. Me seguí yendo hacia atrás, pero frené todo mi cuerpo en seco justo antes de pegarle a la mesita del televisor y di dos pasos hacia mi derecha, en dirección de la puerta, agachada, todavía con las manos en la cara, mientras el dolor me envolvía y me recorría por dentro, como un zumo picante y ardiente que iba dejando todo desértico a su paso. Me mareé un poco, me tambaleé otro más y me fui a llorar mis penas a mi pieza, a lamer mis ansias de victoria en mi cama, mientras el Félix hacia un baile de la felicidad en la suya. Esto fue ayer, antes de almuerzo.

Ahora les cuento lo de hoy, también antes de almuerzo.

Como el dolor no pasaba, ni la sensación de tener una bombita de agua a punto de explotar por detrás de las estructuras de mi cara, tampoco, me fui, a peso lento y reposado, a una suerte de consultorio-slash-centro médico que tenemos en el sector y esperé los ochorrocientos minutos y segundos que les tomó atenderme, como hora y media en total. El doctor me vio, me tomó los signos, me tocó los huesos zigomáticos y yo grité de dolor, más hacia dentro que hacia afuera, pero el mensaje era obvio y ciertamente bien recibido. Una ronda de rayos-x después, estaba recibiendo una inyección de analgésicos y antiinflamatorios en esa parte donde la espalda pierde su noble nombre y tratando de no reír de la impresión (desde hace tiempo que tengo respuestas anómalas al dolor y la sensación de incomodidad, cosas de la life diversa).

Diagnóstico final, NO es una fractura. ¿Y qué más? SÍ es una contractura; en los músculos de los hombros y cuello, acompañado de una leve inflamación de la zona nasal y ocular, debido al impacto de un perrito en plena crisis vida, con al menos 14 kilitos de puro amor, en plena cara. Sin alevosía, gracias a la deidad que corresponda.

Y esta, estimados lectores, es la principal razón por la cuál usamos cinturón de seguridad, porque si un choque frontal con un perro de 14 kg me manda a reposo por 4 días, imagínese usted, lo que hace darle un beso apasionado a un manubrio, o un parabrisas, o un árbol, cuando usted va a más de 40km por hora.

Sólo imagine.

//FIN DE LA TRANSMISIÓN

miércoles, mayo 14, 2014

Desafío de los 15 - Día 2

Cuéntanos sobre algún personaje que haya perdido algo importante para él/ella.
Está llegando a los treinta, pero aún no piensa que eso sea posible, se ve menor, mucho menor, no por fuera, pero por dentro, por donde importa... o por lo menos por donde cree que importa. Tiene una peca en la nariz, la única. Y una sonrisa que te hace sentir como que la realidad destella a tu alrededor. Su pelo es oscuro, café, común.

Usa un morral que se cae a pedazos, que ha sido cosido y remendado tantas veces que dudo algo de éste sea parte del original. A veces tartamudea cuando habla, cuando le entran los nervios. Tiene manerismos varios, desagradables, la mayoría, otros no tanto. La mala costumbre de fumar, a pesar de que ya pasó de moda, la gente de su edad ya no fuma, pertenece a la última generación en la que era cool hacerse añicos los pulmones; más si tienes la voz ronca y gastada para demostrarlo.

No tuvo excelentes notas, pero sí excepcional obediencia, al menos en la superficie. Obediencia al sistema, a los que están en mando, a los que te moldean. Esta predisposición consciente a la maleabilidad fue su muestra más clara de la rígida disciplina que aplicó a su vida. Le dio estabilidad, credibilidad, una red de apoyo sobre la cual sostenerse.

Últimamente no le interesa la subordinación dócil, le interesa más las posibilidades que pueda llegar a tener su vida. Le interesan los caminos no seguidos, las alternativas, los que-serán, los que-hubieran-sido.

miércoles, mayo 07, 2014

Diatriba time

Desde que google descubrió que soy mujer, en youtube me aparacen puros comerciales de shampoo y cada uno es más imbécil y ofensivo que el anterior. Hay que tener talento para grabar y transmitir tanta mugre anestesiante, sexista e infuriante. Para los chiquillos y chiquillas de marketing, las mujeres somos un manojo de estúpidas, obcecadas con el estado brillante y sedoso del pelo, con la necesidad de ser madres para sentirse realizadas en la vida y que lo único que nos interesa son las ofertas y los likes de facebook.

¡Hue-ón!

*ok, me desahogué*

lunes, mayo 05, 2014

Desafío de los 15 - Día 1

Elige un libro al azar dentro de la habitación en la que te encuentras leyendo esto, copia la última oración que aparezca al final del escrito y utilízala como la primera oración de una nueva historia escrita por ti. 

The Authoritative Calvin and Hobbes, by Bill Watterson: 
"And take off that silly hood before you smother in your sleep", que se traduce más o menos a "y quítate esa capucha ridícula antes de que te asfixies mientras duermes".

"Y quítate esa capucha ridícula antes de que te asfixies mientras duermes", le gritó su madre antes de cerrar la puerta. Por qué, por qué, por qué, nadie puede celebrar mi deseo de ser un superhéroe.

No es como que tengamos sobre abundancia de superhéroes, si es que hay algo que sobra son villanos, eso sí que sí. Cuál es el problema de querer soñar un poquito, de querer mejorar el mundo, ¿ah?, ninguno, no que yo pueda ver, no, no hay problema con esto y si no hay problemas con querer un mundo mejor, entonces no hay problema con que duerma con mi capucha, aunque me asfixie, porque yo necesito más superhéroes en mi mundo.

domingo, abril 20, 2014

Un desfío de 15 días

Me entró la locura del que no hace nada, o en realidad del que no hace mucho durante el día, así que me propuse un desafío escritor. Anduve vitrineando por la red, buscando alguno que ya estuviese definido, probado, testeado, que haya arrojado irrisorios resultados... pero ninguno me convenció, así que voy a compilar una lista día a día de 15 retos de escritura que voy a ir cumpliendo, cuando pueda, cuando me acuerde, así que olvídese de que van a ser 15 días consecutivos, pero quédese con la idea de que serán 2 semanas y un día, como una sentencia penitenciaria bien corta, que sólo cubre el papeleo.

Les dejo los 5 primeros retos que rescaté de otros retos por la web:
  1. Elige un libro al azar dentro de la habitación en la que te encuentras leyendo esto, copia la última oración que aparezca al final del escrito y utilízala como la primera oración de una nueva historia escrita por ti. 
  2. Cuéntanos sobre algún personaje que haya perdido algo importante para él/ella. 
  3. Escribe sobre un sueño o pesadilla que hayas tenido en un cuento corto.
  4. Escribe una historia o un pequeño fragmento que incluya la siguiente línea: "Lo sentimos, pero no l@ podemos asegurar para un viaje de este tipo". 
  5. Tema: Agua (Escribe lo que sea que te venga a la mente que involucre agua).
Y con esto, nos vemos mañana con el primer desafío. 

lunes, marzo 24, 2014

Crecer en la Internet es ... complicado

Últimamente he estado pensando en qué va a ser de mi blog cuando empiece a trabajar. He escuchado suficientes historias de terror sobre el acoso virtual de potenciales empleadores a empleados en potencia antes de siquiera considerar la posibilidad de contratarlos. A algunos los echan una vez contratados por escritos, tweets, fotografías que colgaron en algún momento de sus vidas en Internet. No quiero que eso me pase a mí.

Cuando empecé este blog siempre lo pensé como una mezcla entre el espacio público, donde podía compartir algunas cosas privadas que consideré publicables. Y para mí, el público siempre fue más o menos escaso y de bajo perfil. Jamás consideré que esto podría ser un problema para mi futuro. Ahora miro hacia atrás y sin siquiera tener que leer lo que he escrito, creo que un puñado de posts podrían llegar a ser problemáticos, desagradables y de mal gusto para mi potencial empleador. Pero ¿debería cerrar el blog? No, ¿cierto?, no me parece. ¿Editar algunas entradas? ¿Sacar referencias que permitiesen esclarecer que se trata de mi persona? Lo veo difícil, después de todo estamos hablando de cerca de 500 entradas, más de 300.000 palabras y todas probablemente identificables mediante algún numerito extraño que indica la IP desde donde se posteó el escrito, la hora y el color de zapatos que tenía puesto en su momento... y es que una vez que entra al Internet, no hay forma de borrarlo, no en serio, no completamente. Entonces, me devuelvo a la pregunta original, ¿debería hacerlo?.

De buenas a primeras mis instintos me dicen que no, que no debería, que es una cuestión de principios; he documentado de la mejor manera posible gran parte de mi adolescencia, parte de mis estudios universitarios, ahora mismo mis dudas laborales y algún día, una que otra de mi angustias de adulto-adulto, adulto-mayor y ya derechamente, de viejita enclenque.

Es más, ahora que ya llevo un buen tiempo en casa, sin mayores ni grandes responsabilidades, me entran las ganas de escribir, me entran las ganas de empezar a "documentar el paso del tiempo" nuevamente y menos ganas me dan de separarme de esta identidad virtual que llevo a cuestas hace más de 10 años.

Una difícil respuesta para una complicada pregunta, hasta nuevos eventos, supongo que seguiré escribiendo, como de costumbre.

lunes, diciembre 02, 2013

Anoche soñé que...


Anoche soñé que una compañera de Universidad me contaba que en su casa estaba la escoba, que se escuchaban cosas, que era lugar de aparecidos, que apenas se podía dormir. A mí no me hacía mella, a mí de hecho no me importaba, era tanto el desinterés, que un par de días después, me encontraba viajando a su casa en tren, por parajes lúgubres y mustios, con vacas flacas de ceño fruncido en angustia como diciendo "no, ¿qué haces aquí?, vete, vete, antes de que termines como nosotras" y mientras miraba estos parajes opacos por la ventana, me acordaba de lo que me había contado la Feña: "en mi casa penan" y recién entonces me entraba el interés, la preocupación, las ganas de quedarme poquito en su casa, de ni siquiera tener que entrar.

El viaje era largo y fome, casi en línea recta, directo al corazón campestre de mis sueños.

Cuando llegaba no recuerdo haberme bajado del tren, ni haber pasado por la estación, o siquiera haberme subido a un colectivo o un taxi para llegar a la casa de mi compañera, sólo aparecí frente a su puerta y a los pocos segundos, quién yo presumo era su madre, me abrió la puerta. Todos fueron muy amables, me ofrecieron galletas y té, me hicieron tomar asiento y luego muy suavemente, me explicaron que me iba a tener que quedar a dormir, porque el último tren ya había partido, que era muy tarde, que cómo no me habían dicho.

La Feña, mi compañera, me prestaba ropa para dormir y su mamá, tan amorosa ella y diligente, se iba a otro cuarto a buscar un colchón de espuma, sábanas limpias y un cubrecama, porque "en la noche hace un frío... te cala los huesos" y luego se sobó los antebrazos, como para demostrar lo cierto de su afirmación.

Yo me iba a la pieza de la Feña a cambiarme de ropa y me llevaba un susto enorme al darme cuenta de que era casi igual que mi pieza, la real, la de ahora, la que no veo en mis delirios oníricos. Era un poco más grande, con cortinas blancas, o crema, en vez de mis azules de siempre. Había un escritorio, distinto, pero parecido a la vez. Y debajo de todo ese mar de colores opacos y deslustrados, un ruido, apenas perceptible, un chispazo, un click-click que me crispaba los nervios. No alcancé a cambiarme de ropa antes de que empezara el incendio. Era un incendio controlable. Pequeño. Inodoro. Acrílico y medio catacléptico. Se propagó por los visillos y rápidamente empezó a consumir las cortinas. Como yo ya conocía este cuarto, sabía que las barras de las cortinas no estaban atorinilladas, entonces de un sólo movimiento saqué las cortinas y las tiré por la ventana. Luego me asomé a ver como ardían en el patio trasero de la casa, creando un suave halo de iluminación a su al rededor. Una luz de la calle parpadeó (y la realidad también).

Cuando iba saliendo de la habitación, me encuentro de sopetón con mi compañera y le digo que la cortina se incendió, que hubo un cortocircuito, que algo anda mal, que vayan a cortar el automático. Ella me pone la mano en el hombro y con la misma cara de angustia que me recibió su ciudad me dice que no, que no me preocupe, que es normal, que esas cosas pasan aquí y siempre muy gentil, me da vuelta para que vea las cortinas, inmaculadas, levemente hinchadas por la brisa de la tarde, en su lugar, sin rastros del fuego.


Nos vamos al primer piso, a tomar once, a ver como el sol inexorablemente baja y baja y con ello, mis esperanzas de salir viva de esta casa también se van apagando. Las tablas suenan, la mesa tiembla, las paredes se estrechan. En el segundo piso alguien prende una radio, no, una vitrola y se pone a bailar, tiene pies ligeros, como los de un niño. Suaves. Apenas hacen contacto con la alfombra, como si flotara. En la mesa nos miramos de reojo y seguimos comiendo, como si nada. El sol ya se ha puesto y un suave brillo artificial llena la escena. Me despierto.

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En la mayoría de las ocasiones soñar con colores vivos es un buen augurio y trae a nuestra vida cosas positivas, al igual que soñar con colores brillantes, que indica que posees una vitalidad muy alta, sin embargo, soñar con colores oscuros, puede indicar que estás atravesando un momento delicado en tu vida: http://www.tusignificadodelossuenos.com/que-significa-sonar-con-colores/

Si sueña que logra apagar un incendio, quiere decir que superará los obstáculos en su vida a través de mucho esfuerzo y trabajo. Soñar con un incendio provocado, significa que la rabia puede ser potencialmente destructiva. Le indica, que tiene rabia por algo y está retenida en su subconsciente. Es malo sentirse así, si siente rabia, es mejor que la saque de algún modo a que se la quede dentro. Soñar que intenta apagar un incendio sin quemarse, significa que se preocupará innecesariamente por el buen rendimiento de sus negocios: http://www.euroresidentes.com/suenos/diccionario_significado_de/i/sonar-con-incendio.htm

Soñarse manejando fuego sin quemarse anuncia éxitos importantes. Para una persona ligada al medio intelectual indica honores y éxitos futuros. Si se ve el sueño sin quemarse, es un buen símbolo, pues indica éxito en la vida, pero si se quema es aviso de fracasos y problemas: http://www.misabueso.com/esoterica/suenos/suenos_fuego.html